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Federman García, el colmenero cundinamarqués que lucha para que la miel de abeja (la real) no desaparezca

El apicultor atiende, vende y educa con sus productos que circulan en un mercado local de Silvania bajo la marca El Enjambre.

Imagine a un hombre curtido por 40 años de picaduras y néctar, hablando desde las colinas de Silvania, Cundinamarca, mientras aquí en Bogotá nos ahogamos en trancones y cemento.

Federman García, el alma de El Enjambre, suelta la verdad cruda: la miel pura en Colombia está en las últimas, aplastada por lluvias traicioneras, talas salvajes y veneno químico que mata abejas como si fueran moscas. “Hace 50 años, un apiario cargaba 40 colmenas; hoy, 15 o 20 si se tiene suerte”, dice con voz que raspa como corteza de cafetal seco. El enero, ese verano bendito que abría flores de café para polinizadoras incansables, ahora se ahoga en diluvios que tumban todo antes de la cosecha.​

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Don Federmán dice que si alguien quiere comer la verdadera miel, debería hacerlo en forma de cristal.

Don Federmán no se anda con cuentos: la producción cayó de 33 kilos por colmena a 5, y 2026 pinta peor con esos veranitos falsos que hemos tenido, más los inviernos que no dan tregua. Peor aún, supermercados y “tiendas naturistas” rebosan de jarabes de laboratorio (azúcares con esencia y químicos anticristalizantes) con precios entre los 10 mil y 15 mil pesos por frasco, mientras la miel de verdad oscila entre 30 y 40 mil pesos.

“Ellos (los compradores mayoristas) compran a 700 el kilo; nosotros, la vendemos a 7 mil ¿Quién compite contra eso?”, remata, recordando cómo cadenas le cerraron la puerta hace 38 años. Y aquí está el golpe bajo: deforestación y “matamalezas” que aniquilaron 8 de sus colmenas el año pasado, dejando caminos sin saltamontes ni polinizadores. “Quítenlos del mercado, usen mieles naturales”, clama a los gobiernos que miran para otro lado mientras cuencas se limpian hasta el borde.​

¿Cómo reconocer una miel de verdad?

¿Quiere usted una miel de abeja real, y no una de tubo de ensayo? García nos el truco callejero: ponga una cucharada en la boca, caliente la miel en ella, así despiertará las papilas y dejará un ardor en la garganta que ningún dulce falso imita (gracias a sus 19 aminoácidos que la hacen eterna, como la canela). En agua, se hunde recta, sin abanico disolvente; visualmente, cristaliza por pureza, no por defecto. “La miel es la segunda más dulce de la naturaleza, tras los dátiles; hace 8.000 años, cuevas en Valencia, España, lo pintaban: un loco metiendo la mano en el enjambre”.​

Embriones, picaduras y cecretos contra el cáncer

Aquí viene lo heavy: embriones de abeja (larvas reales), fórmula quimbayina de hace 38 años, que García vio obrar milagros, él es el creador de una receta que no revela a nadie, pero con la que advierte que hace “milagros”. Según don Federmán, una mujer infértil concibió tras un año; 4 o 5 personas con cáncer inicial hoy viven gracias a defensas reconstruidas; su mamá venció el asma con propóleo. Niños que la toman crecen listos; la anemia se evapora. Y el veneno: apiterapia que su hija domina gracias a sus estudios en México, curando artritis, artrosis y nieblas mentales. “Levanta células, no promete eternidad, pero jala cuando importa”.

| El dibujo muestra a un humano colgado de unas lianas metiendo la mano en un panal para recolectar miel de abejas silvestres.

Don Federman atiende, vende, educa con sus productos que circulan en un mercado local de Silvania bajo la marca El Enjambre y usted lo puede contactar al 312 523 5232 o conocer más de sus productos en el siguiente link: https://ecotilling-s-a-s.webnode.com.co.

Federman no es héroe de película; es el último bastión de un enjambre agonizante en un país que fumiga su futuro. ¿Escuchará el zumbido antes de que calle? Escuche la entrevista a continuación.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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