Por: Nataly Dayana Galeano Leon
La relación entre el exceso de peso, la diabetes tipo 2 y las complicaciones hepáticas ha sido abordada tradicionalmente desde una perspectiva restrictiva, centrada casi exclusivamente en la reducción de peso.
Sin embargo, tal como lo señalan la nutrióloga Catalina Fullerton y la endocrinóloga Laura Olate, desde su práctica clínica, la investigación médica contemporánea demuestra que estamos ante una condición compleja, sistémica y profundamente conectada con la biología celular.
Una perspectiva clínica centrada en la ciencia y el organismo
El panorama epidemiológico expone una problemática de gran magnitud; de acuerdo con estimaciones clínicas y registros epidemiológicos en salud pública, se calcula que entre 7 y 10 millones de adultos en Colombia padecen hígado graso asociado a disfunción metabólica, lo que representa entre el 20 % y el 30 % de la población adulta del país.
Las doctoras enfatizan que padecimientos como la resistencia a la insulina y las alteraciones metabólicas no se resuelven únicamente mediante restricciones severas o bajo la premisa de la fuerza de voluntad.
Según un estudio reciente liderado por investigadores del Centro Alemán de Diabetes, encabezados por Maximilian Huttasch, la pérdida de peso no es el único camino para tratar el hígado graso metabólico.

Al tratarse de una enfermedad silenciosa, que no presenta síntomas en sus fases iniciales y suele descubrirse de manera incidental en exámenes de rutina, requiere una visión clínica mucho más profunda.
Más allá del hígado; una alteración cardio reno metabólica
La evidencia compartida por las especialistas destaca que el hígado graso no debe entenderse de forma aislada. Hoy en día se le comprende como una alteración cardio-reno-metabólica que incrementa de manera drástica el riesgo cardiovascular desde fases tempranas.
Demuestran que quienes padecen esta condición son casi 8 veces más propensos a desarrollar hipertensión y unas 4 veces más propensos a presentar dislipidemia que es la alteración en la concentración normal de las grasas lípidos en la sangre.
Asimismo, esta patología no está ligada al consumo de alcohol; sus principales motores son el sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina.
Debido a esto, en 2023 la Asociación Latinoamericana de Investigación Hepática (ALEH) actualizó su nomenclatura a enfermedad de hígado esteatósico asociada a disfunción metabólica (MASLD), reflejando con mayor precisión su origen sistémico y celular.
Hacia un manejo terapéutico integral
Frente a este escenario, el abordaje clínico defendido por la Dra. Catalina Fullerton y la Dra. Laura Olate exige superar los estigmas asociados al peso y cambiar hacia una medicina integrativa. La pérdida de peso estructurada demuestra ser altamente efectiva, recomendando una reducción de al menos el 5 % del peso en personas con obesidad e hígado graso, y de entre el 10 % y el 40 % cuando ya existe inflamación hepática o esteatohepatitis.
Sin embargo, esto se debe complementar con 150 minutos de ejercicio moderado a la semana. Las expertas reiteran que el éxito terapéutico radica en combinar el acompañamiento médico continuo, la comprensión del metabolismo celular y el uso de alternativas farmacológicas avaladas por la ciencia. Solo así es posible proteger de forma real y sostenible el bienestar integral de cada paciente con hígado graso.
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