MIPYMES: el motor silencioso de la paz territorial en Colombia

En medio de los debates académicos y culturales que marcan la Feria Internacional del Libro de Bogotá, una obra llamó la atención por su enfoque práctico y transformador: “Construcción de paz territorial desde la responsabilidad social empresarial: Estrategia para las MIPYMES en Colombia”.

El libro, resultado de dos años de investigación colaborativa entre instituciones como Corporación Universitaria Minuto de Dios, la Universidad Autónoma de Occidente y el Instituto Tecnológico Metropolitano, propone una lectura distinta del posconflicto: una en la que el empresariado, especialmente el de menor escala, se convierte en protagonista de la reconciliación nacional.

Lejos de los discursos centrados exclusivamente en el Estado o en grandes corporaciones, la publicación pone en el centro a las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES), reconociéndolas como actores clave en la reconstrucción del tejido social en territorios históricamente afectados por la violencia.

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La fuerza de lo pequeño: economía con impacto social

Las cifras que sustentan esta apuesta son contundentes. En Colombia, las MIPYMES representan cerca del 96% del tejido empresarial, generan alrededor del 81% del empleo formal y aportan aproximadamente el 40% del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, más allá de los indicadores económicos, su verdadero valor radica en su capacidad de arraigo territorial.

A diferencia de las grandes empresas, estas unidades productivas tienen presencia en municipios intermedios y zonas rurales, donde el Estado y la inversión privada suelen ser limitados. En estos contextos, las MIPYMES no solo generan ingresos, sino que también construyen comunidad, fortalecen identidades locales y abren oportunidades para poblaciones vulnerables.

Territorios que hablan: Antioquia, Casanare y La Guajira

Uno de los principales aportes del libro es su enfoque territorial. La investigación se desarrolló en tres regiones estratégicas: Antioquia, Casanare y La Guajira, evidenciando que la relación entre empresa y paz no es homogénea, sino profundamente contextual.

En Antioquia, una región marcada por el conflicto armado y la presencia del paramilitarismo, se identificó un potencial significativo en subregiones como el Oriente y el Suroeste. Allí, el desafío no es solo económico, sino simbólico: recuperar la memoria y reconstruir la identidad territorial a través de la actividad productiva.

En Casanare, particularmente en el municipio de Aguazul, el estudio reveló una paradoja. Aunque existe disposición empresarial, la dependencia histórica de la industria petrolera ha debilitado los vínculos comunitarios. En este contexto, la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) aún es percibida por muchos como un gasto, y no como una inversión estratégica.

Por su parte, en La Guajira, específicamente en San Juan del César, emergen señales alentadoras: cerca del 80% de los microempresarios manifestó su disposición a contratar víctimas del conflicto e incluso excombatientes. No obstante, persisten barreras técnicas, normativas y temores relacionados con la seguridad jurídica y física.

De la teoría a la acción: la ISO 26000 como guía

El libro no se limita al diagnóstico. Propone una hoja de ruta concreta basada en la norma ISO 26000, adaptada a la realidad de las MIPYMES colombianas. Esta perspectiva redefine la Responsabilidad Social Empresarial, alejándola de la filantropía ocasional y situándola en el núcleo de la gestión empresarial.

Entre los ejes estratégicos se destacan:

  • Derechos humanos: Promover entornos inclusivos que faciliten la reconciliación y eviten cualquier forma de discriminación.
  • Prácticas laborales: Impulsar empleo digno y formal, especialmente para comunidades étnicas, campesinas y sobrevivientes del conflicto.
  • Medio ambiente: Reconocer el vínculo entre conflicto y recursos naturales, promoviendo prácticas sostenibles.
  • Prácticas justas de operación: Fomentar la transparencia y la ética empresarial para combatir la corrupción en las cadenas productivas.

Este enfoque convierte a la empresa en un actor activo de paz, capaz de incidir tanto en lo económico como en lo social.

Brechas y oportunidades: el rol del Estado

Uno de los hallazgos más críticos de la investigación es la desconexión entre las políticas públicas y el sector empresarial. Muchos emprendedores desconocen herramientas diseñadas precisamente para impulsar el desarrollo en zonas afectadas por el conflicto.

Programas como los PDET (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial) y las zonas SOMAC (Zonas Más Afectadas por el Conflicto Armado) ofrecen incentivos tributarios y oportunidades de inversión, pero su impacto se ve limitado por la falta de divulgación y articulación institucional.

Los investigadores advierten que la construcción de una paz “positiva” —entendida como estable y duradera— requiere algo más que el silenciamiento de las armas. Implica garantizar infraestructura, seguridad jurídica y, sobre todo, construir confianza entre el Estado, la academia, las empresas y las comunidades.

La empresa como agente de reconciliación

El profesor e investigador Obed Fragoso, uno de los impulsores del proyecto, enfatizó durante el lanzamiento que este libro debe entenderse como una herramienta práctica para el empresariado colombiano. En sus palabras, no se trata de un documento académico más, sino de una guía para transformar realidades desde lo local.

En este sentido, las MIPYMES emergen como actores estratégicos de la paz territorial. Su cercanía con las comunidades, su capacidad de adaptación y su impacto directo en el empleo las convierten en un puente entre la economía y la reconciliación.

Una paz que se construye desde lo cotidiano

La principal conclusión de la obra es clara: la paz en Colombia no se decreta, se construye día a día en los territorios. Y en ese proceso, las pequeñas y medianas empresas tienen un papel fundamental.

Más allá de los grandes acuerdos y las políticas nacionales, es en los talleres, las tiendas, las fincas y los emprendimientos locales donde se tejen las relaciones que sostienen una sociedad en paz. Allí, donde la economía se encuentra con la vida cotidiana, las MIPYMES actúan como un motor silencioso pero decisivo.

Así, la responsabilidad social empresarial deja de ser un complemento y se convierte en una estrategia central para sanar las heridas del país y proyectar un futuro más equitativo, sostenible y reconciliado.

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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