Por: Juan Felipe Buitrago Rodríguez
“En algunos momentos siento que Instagram me conoce mejor que yo”, afirma Diego Garzón, joven de 25 años y profesional en marketing digital. Aunque la frase parece exagerada, refleja una percepción cada vez más común entre los jóvenes.
Los algoritmos no solo interpretan gustos. También priorizan contenidos y moldean decisiones de manera indirecta. Su poder radica en sugerir qué consumir, qué mirar y qué pensar.
En Colombia, la magnitud del fenómeno aparece en cifras del DANE. En 2023, el 94,9 por ciento de las personas mayores de cinco años usó internet. Las redes sociales estuvieron entre las actividades más frecuentes. Aunque el informe no separa con exactitud a los jóvenes entre 18 y 25 años, sí muestra una conectividad casi total entre esta población.
Identidad digital y decisiones desde las redes
UNICEF en 2024 reveló que el 60 por ciento de los jóvenes entre 15 y 24 años cambió alguna decisión personal o de consumo después de ver contenido en redes sociales.
Lo que comenzó como entretenimiento ahora influye en hábitos, deseos y percepciones. La repetición de contenidos y la personalización refuerzan ese efecto todos los días.
Diego Garzón conoce esa dinámica como usuario y profesional. “Cada like y cada segundo en un video alimenta un sistema que aprende de ti. Mientras más aprende, más difícil resulta escapar de su influencia”, explica.
Desde su experiencia laboral, asegura que gran parte de su trabajo consiste en crear contenido atractivo para audiencias jóvenes. “No solo analizo datos. También analizo emociones. El algoritmo no obliga, pero seduce. Muestra lo que necesitas para decidir sin pensar”, afirma.
En Colombia, un estudio de la Fundación CIVIX y la Corporación Universitaria Minuto de Dios, publicado en 2024, mostró que jóvenes de la generación Z pasan entre seis y diez horas diarias conectados.
Muchos relacionan parte de su identidad con la presencia digital. Los likes, las vistas y los comentarios funcionan como formas de validación emocional. Esa dinámica influye en cómo se perciben y cómo quieren mostrarse ante los demás.
Hiperconexión, emoción y presión social
La hiperconectividad también produce efectos emocionales. La psicóloga María José Sánchez asegura que las redes sociales cambiaron la manera en que muchos jóvenes toman decisiones.
“Hoy muchos jóvenes buscan validación social antes de decidir qué comprar o cómo actuar”, explica. Según Sánchez, los algoritmos potencian tendencias y muestran de forma constante aquello que otros aprueban o consumen.
Para la especialista, esa dinámica crea una ilusión de libertad. “Las redes no dicen directamente qué pensar, pero sí muestran qué ver. Eso cambia muchas percepciones”, afirma.
La psicóloga también advierte que el fenómeno afecta opiniones políticas, hábitos de salud y relaciones personales. La repetición constante de ciertos contenidos moldea percepciones sin que muchos usuarios lo noten.
En 2024, el Pew Research Center encontró que el 72 por ciento de los jóvenes estadounidenses siente que los algoritmos los entienden bien. Esa sensación genera comodidad, pero también vulnerabilidad. Las plataformas suelen reforzar creencias, emociones y patrones de comportamiento. Como resultado, muchos usuarios terminan dentro de burbujas de contenido con poca diversidad informativa.
Conciencia algorítmica y saturación digital
Un estudio publicado por la Harvard Kennedy School en 2025 analizó la llamada “conciencia algorítmica”. El concepto describe a los usuarios que entienden cómo funcionan los sistemas que organizan el contenido en redes sociales.
El estudio encontró que esos jóvenes reconocen con más facilidad la personalización de las plataformas. Sin embargo, también sienten mayor desconfianza y saturación informativa. Algunos incluso se desconectan temporalmente por exceso de estímulos o por sensación de manipulación.
Aun así, para muchos jóvenes desconectarse no resulta sencillo. “Las redes hacen parte del trabajo, las relaciones y hasta de la autoestima”, explica Diego Garzón.
La vida social y profesional ahora depende, en parte, de las plataformas digitales. Para algunos jóvenes, alejarse de las redes significa perder oportunidades laborales, vínculos o visibilidad.
Garzón insiste en que la solución no consiste en abandonar la tecnología. “Como mercadólogo sé que los datos son poder. Pero como usuario creo que necesitamos recuperar el control”, afirma.
Educación digital y reconstrucción de la autonomía
Para la psicóloga Sánchez, una posible solución consiste en fortalecer la educación digital emocional. La especialista considera que no basta con enseñar herramientas tecnológicas. También hace falta explicar cómo las redes afectan la autoestima y la autonomía.
“La educación debe incluir pensamiento crítico sobre tecnología. Solo así los jóvenes podrán tomar decisiones propias en un entorno diseñado para influir en ellos”, señala.
Esa idea coincide con recomendaciones internacionales sobre alfabetización digital y manejo emocional en entornos virtuales. El objetivo no consiste en demonizar la tecnología, sino en aprender a usarla con mayor conciencia.
Hoy los algoritmos no solo recomiendan música o productos. También influyen en la manera en que muchas personas entienden el mundo. Por eso, comprender cómo funcionan se convierte en una herramienta clave para recuperar autonomía en la vida digital.
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