Por: Kevin Castellanos*
Las encuestas le asignan a Abelardo de la Espriella cerca del 23% de intención de voto presidencial. Sin embargo, en la más reciente elección, sus listas al Congreso apenas superaron los 700.000 votos. Miguel Polo Polo, uno de sus candidatos más visibles, obtuvo poco más de 40.000 votos bajo la marca “Firmes por la Patria”, quedando lejos de obtener la curul por la circunscripción afro.
El contraste con Paloma Valencia es demoledor. La candidata del Centro Democrático obtuvo más de 3,3 millones de votos en la consulta interpartidista, mientras su partido alcanzó los 3 millones de votos y 17 curules al Senado, frente a las 3 curules del bloque del Tigre. Esta diferencia no es solo numérica: implica estructura territorial, cuadros políticos, financiación y redes de movilización en todo el país. Además, su candidatura está siendo respaldada por una gran coalición, partidos tradicionales y sectores de centro. Pero las encuestas no la ubican con más del 20% de intención de voto.
De la Espriella ha construido una figura de outsider con notable habilidad mediática. Tomó elementos exitosos en otros países y los adaptó al contexto colombiano. El apodo “El Tigre” remite directamente a la construcción simbólica de Javier Milei, un outsider que se presentó como una fuerza disruptiva. El discurso de mano dura, las cárceles, el orden y la seguridad son páginas calcadas del manual de Nayib Bukele. El lema de “Defensores de la Patria”, con su carga nacionalista y retórica de país en peligro, suena inevitablemente a un “Make Colombia Great Again” criollo. Sin embargo, a diferencia de sus referentes, su programa de gobierno luce escaso. Ante preguntas concretas sobre economía, política exterior o funcionamiento del Estado, suele responder como litigante: con argumentos jurídicos, confrontación o evasivas.
“Aquí caben todos, menos Gustavo Petro y sus cómplices”: Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial sobre alianzas con otros aspirantes
Su resistencia a participar en debates, más que una estrategia, es una confesión. Los debates no son solo confrontación, sino un espacio donde un candidato debe demostrar que sabe de qué habla. Evitarlos protege su imagen, pero también revela sus límites. De la Espriella funciona mejor en un clip de 40 segundos que en una hora de discusión profunda.
En Colombia, el termómetro para medir la capacidad electoral de un candidato presidencial no siempre son las encuestas. Las elecciones legislativas anteceden a las presidenciales y permiten ver, con nombres y números, qué tan sólida es la maquinaria territorial de cada fuerza política. Las listas del Tigre, inscritas bajo el aval del Partido Salvación Nacional, obtuvieron poco más de 700.000 votos al Senado, con únicamente tres curules. Esos son sus votos propios, duros y verificables.
Aunque niega recibir apoyos de la “vieja política”, es posible rastrear un mapa de alianzas que rodean su candidatura. El primer bloque son las redes religiosas evangélicas y cristianas ligadas al movimiento G12, que explican gran parte de los votos de Salvación Nacional.
El segundo bloque son las estructuras políticas del Caribe colombiano, particularmente el sector del clan Char. Sin embargo, este apoyo llega en un momento de debilitamiento. El peso del clan Char se redujo sensiblemente, ya que en las legislativas se impusieron de manera notable nuevos clanes y estructuras políticas. Este sector podría aportar a De la Espriella cerca de 500.000 votos, con la salvedad de que su capacidad de movilización electoral está muy reducida en comparación con la de hace 4 años.
A eso se suman respaldos de sectores disidentes del uribismo, ligados a figuras como María Fernanda Cabal y José Félix Lafaurie, con base en el voto ganadero, conservador y provida. También se suman los restos de candidaturas y sectores derrotados: el clan Name, Lina María Garrido y César Lorduy, entre otros tantos que no solo perdieron estas elecciones, sino también su influencia territorial; algunos, incluso, renunciaron a su aspiración al Senado.
Lo que salta a la vista al revisar este entramado es que la mayoría de apoyos que rodean a De la Espriella provienen de estructuras en retroceso y liderazgos derrotados. Sumando apoyos, el piso electoral rastreable del “Tigre” ronda los 2 millones de votos, mientras que las encuestas le asignan entre 4 y 5 millones. ¿De dónde salen los otros 2 o 3 millones de votantes?
El problema radica en que las encuestas no predicen elecciones; capturan la opinión en un momento determinado y no todas lo hacen igual. El dato que la propia campaña de De la Espriella suele citar como referencia es AtlasIntel, que trabaja con metodologías digitales de segmentación de usuarios en plataformas online. Esta encuesta le asigna hasta el 29,4% de intención de voto. Encuestas presenciales, como Invamer y el Centro Nacional de Consultoría, lo ubican más cerca del 20-21%. Las figuras altamente mediáticas suelen mostrar una intención de voto inflada en mediciones digitales, pero esa visibilidad no siempre se traduce en sufragios reales.
Tanto Paloma como Abelardo compiten por el mismo electorado: el votante que quiere seguridad, mano dura y oposición al gobierno Petro. En esta disputa, Valencia llega con una estructura consolidada, con partido, maquinarias, con trayectoria legislativa y con más de 3 millones de votos que la respaldan. De la Espriella llega con visibilidad, polarización y con un voto de opinión rastreable que no supera los 2 millones. La discusión está en si De la Espriella es un fenómeno que tiene los votos que sugieren las encuestas, o si estamos ante una figura que sobresale en las mediciones digitales, pero que el 31 de mayo chocará con la política dura: la de las maquinarias, el clientelismo, el transporte a las urnas y la compra de votos, entre otros.
Los datos legislativos, el mapa de alianzas y la comparación con las estructuras consolidadas de la derecha sugieren que De la Espriella está más cerca de sacar 2 millones de votos que 5 millones. Entre las encuestas y las urnas hay una distancia que no se cierra con likes ni con clips virales. En Colombia, los votos hay que tenerlos antes del día de las elecciones, no solo en las encuestas.
*Estudiante de Ciencias Políticas








