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Panamá vio con indiferencia secuestro de carguero

En Panamá se habló del reciente secuestro pirata de un carguero con bandera istmeña en el Golfo de Guinea, pese al espectacular rescate de su tripulación a cargo de la Armada rusa.

El portacontenedores Lucia, propiedad de la MSC Mediterranean Shipping Company, fue atacado por delincuentes armados, pero un helicóptero Ka-27PS del Cuerpo de Marines de Rusia acudió al llamado de auxilio, ahuyentó a los atacantes y escoltó al buque en su trayecto a Camerún.

Apenas un par de diarios panameños le dedicaron una pequeña reseña al incidente, sin mucho lujo de detalles, y la vida continuó en esta nación, quizás porque su pabellón ondea en demasiados barcos como para preocuparse por este.

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El escaso interés mediático que generó en Panamá podría achacarse a que, después de todo, no hubo nada nuevo bajo el sol.

Fuentes de la Autoridad Marítima de Panamá explicaron a la Agencia Sputnik que tales ataques son frecuentes en zonas de riesgo como el Golfo de Guinea, que desplazó a las aguas de Omán y de Somalia como las más infectadas por los piratas del siglo XXI.

En agosto, el tanquero MV Asphalt Princess, también de bandera panameña, fue secuestrado por hombres armados en el Golfo de Omán. Justo en esas aguas había sido atacado dos años atrás el petrolero Kokuka Courageous, también con bandera de Panamá, pero propiedad de Singapur.

Pero no solo los piratas han sido un incordio para este tipo de navíos. En enero de 1990, el buque Hermann, arrendado por la naviera cubana Caribe, fue hostigado, perseguido y ametrallado por un guardacostas estadounidense, que pretendía inspeccionarlo en aguas internacionales.

Los oficiales del Hermann rechazaron el abordaje y mantuvieron su rumbo a México, bajo las balas, y para la historia quedó lo que le mandó a decir el entonces presidente Fidel Castro a la tripulación: “La bandera es panameña, pero los cojones son cubanos”.

UNA PRÁCTICA PROPICIA

La realidad es que, actualmente, la mayoría de los barcos mercantes portan bandera panameña, aunque sean de otras naciones. Es más, es común que las navieras registren sus buques en países diferentes al suyo, los cuales son conocidos como “Estado bandera”.

Se calcula que unos 8.600 barcos navegan con bandera panameña: si se suman las flotas de China y Estados Unidos, todavía serían menos que los buques registrados en Panamá, donde las regulaciones son menos estrictas.

Por ejemplo, Panamá ofrece incentivos para el registro de los buques, que puede hacerse online, propicia la contratación de mano de obra extranjera más barata y exime a los propietarios extranjeros de pagar impuestos sobre la renta.

Este sistema es conocido como “registro abierto”, y ha sido criticado por cuestiones fiscales. Por ejemplo, Grecia es el mayor fabricante de barcos del mundo, pero la mayoría de sus naves no tienen bandera helena, para ahorrarse los elevados impuestos.

Las también llamadas “banderas de conveniencia” son cuestionadas además porque posibilitan una regulación más laxa y el supuesto incumplimiento de normas marítimas internacionales, aunque a los Estado bandera les deja una cuantiosa derrama.

Al respecto, la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte alerta que el registro de un barco bajo bandera extranjera dificulta responsabilizar a los dueños por disputas salariales o condiciones laborales.

En teoría, las leyes de cada país se aplican a los barcos que navegan bajo sus banderas, y ese Estado es responsable de que dichos buques cumplan las normativas internacionales de construcción, diseño, equipamiento y dotación.

Sin embargo, es poco realista que un Estado bandera proporcione seguridad a todos los buques bajo su registro,

¿PROBLEMA CONTROLADO?

El más reciente informe trimestral del Buró Marítimo Internacional (IMB, siglas en inglés) mostró que los incidentes de piratería y robo a mano armada contra barcos disminuyeron a sus cifras más bajas en décadas.

Pero si hace unos años el golfo de Adén era la temible antesala al Canal de Suez y coto predilecto de filibusteros somalíes, ahora las aguas de Guinea son escenario de numerosos atracos e intentos de asalto y secuestro de embarcaciones.

IBM registró 195 asaltos en 2020, 164 de ellos exitosos y más de 80 en el Golfo de Guinea, lo cual convierte al océano Atlántico en un sitio peligroso para la navegación, peor que el Índico o la costa este del continente africano.

El principal objetivo de los piratas -armados con fusiles de asalto, lanzagranadas y machetes- son los barcos petroleros y de carga, aunque últimamente prefieren secuestrar a las tripulaciones, llevarlas a tierra firme y pedir rescate por ellas.

Si usted tiene algo qué decir o agregar a este artículo, escriba un correo electrónico a: radio@uniminuto.edu

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