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Parque El Redentor: Un proceso difícil de redimir

A comienzos de 2016, los habitantes del barrio Villa Ximena veían con buenos ojos el anuncio de construcción de un parque en el sector, que estaría a disposición de las necesidades de la comunidad y que prometía más de lo que se podría imaginar. Sin embargo, por más de cinco años, poco a poco, el entusiasmo se disiparía en este barrio de la localidad de Tunjuelito, en Bogotá.

Por: Andrea Daniela Amaya

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Parece ser que en la llamada “nueva contratación social y ambiental de Bogotá para el siglo XXI”, promovida por el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), no se evidencian tales avances en la capital. A comienzos de 2016, los habitantes del barrio Villa Ximena veían con buenos ojos el anuncio de construcción de un parque en el sector, que estaría a disposición de las necesidades de la comunidad y que prometía más de lo que se podría imaginar. Sin embargo, por más de cinco años, poco a poco, el entusiasmo se disiparía en este barrio de la localidad de Tunjuelito, en Bogotá.

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El proyecto para la construcción del Parque Zonal El Redentor inició con la contratación del Consorcio Obras Loptra, y de la Interventoría Sociedad Técnica Sota Ltda., en el marco de un convenio con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) a través de FINDETER. Los miembros de la Junta de Acción Comunal (JAC), desde el comienzo se mostraron participativos y atentos frente al proceso. Conocieron personalmente a los encargados, intercambiaron números y presentaron a la comunidad la información concerniente al proyecto.

Sin embargo, para 2018, la realidad era otra: las grandes maquinarias de construcción dejaron de visitar el sector, la obra se encontraba en sus últimas fases, pero los contratistas e ingenieros dejaron de intervenir, ya no se hacían reuniones con la comunidad para presentar los avances de la obra, ni los ciudadanos recibían explicaciones. De repente todo estaba estancado y las pocas respuestas, en su mayoría, vacilaban, excusaban o no daban cuenta acerca de los 11,842 metros cuadrados de zona de cesión prometida.

Las dudas van en creces y las certezas desaparecen

Con el pasar de los años, la construcción del parque culminó, los miembros de la JAC continuaron insistiendo para que se formalizara su entrega prevista para enero de 2019, que cada cierto tiempo se veía truncada por diversas circunstancias.

Los miembros de la JAC afirman que, cada vez que se solucionaba un impedimento, aparecía otro, y cada que daban respuesta a algún obstáculo, se presentaba uno más, en un interminable bucle de dificultades e incertidumbres. Agregan que, de vez en cuando, funcionarios de la Alcaldía, del IDRD o de la constructora visitaban el sector, asegurando la pronta inauguración del parque en menos de una semana, promesas incumplidas que el viento se llevó hace mucho.

Tras exhaustivos trámites legales y administrativos, más de cinco derechos de petición en los últimos tres años por parte de la JAC del barrio, y del abrumador e interminable pila de papeleo e información poco precisa, la mirada hacia la esperada apertura se torna desesperanzadora.

Habitantes del sector afirman con enfático disgusto su descontento, mientras que otros, se muestran indiferentes ante la situación. Beatriz Bustos, miembro de la JAC, asegura que se ha hecho un extenuante trabajo para que los involucrados en la construcción de la obra den solución, pero insiste en que es un trabajo que no pueden adelantar unos pocos: “muchas veces ni la misma comunidad se interesa por participar en lo que es de ellos”, señala Bustos.

¿Qué más podría esperarse frente a un parque que lleva más de un año en fase final, pero que jamás ha sido visto o pisado por algún habitante del sector?

En medio del sinfín de cifras y de términos ostentosos y confusos, prevalece la ardua lucha por hacer valer “el mejoramiento urbanístico barrial y los factores que inciden en el mejoramiento de la calidad de vida y el espacio público”, como indica literalmente la Ficha de Estadística Básica de Inversión Distrital EBI-D de 2019, realizado por la Alcaldía de Bogotá.

“Por eso es que existen tantos derechos de petición y tanto esfuerzo perdido, porque a la gente le incumplen“, asevera con evidente descontento Manuel Salamanca, miembro de la JAC.

Una perspectiva mediáticamente distorsionada

Al contrario de los reclamos por parte de los habitantes del sector, el pasado 11 de junio de 2020 se publicó en la página de Facebook de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP), un vídeo que expone los grandes beneficios que éste parque le ofrece a la comunidad, parque que jamás ha sido utilizado por ningún habitante del sector y que, actualmente, sin siquiera haber sido inaugurado, está en un estado de deterioro evidente. Este video insinúa que las personas están viendo una realidad diferente, justo del otro lado de la pantalla, como si la gran malla verde que cubre el perímetro del parque no fuera suficiente prueba del abandono de un proyecto prometido desde hace tiempo.

parque El Redentor
Imágenes actuales del parque El Redentor

Desinformación bien infundada

Tras una sencilla búsqueda en la Web acerca del parque El Redentor, se evidencia la falta de información precisa sobre su actual proceso. En el Sistema de Información Distrital de Parques, está el registro del parque El Redentor, que tiene información incompleta, y que, para colmo, carece de documentos que sustenten el desarrollo de la obra, a diferencia de otros parques, que cuentan con toda esta información.

Por otro lado, en el Balance de retos y logros de la ciudad, emitido por la Veeduría Distrital se establece que: “entre 2016 y 2018 se han entregado 11 parques de gran escala y 224 parques vecinales, para un total de 235 parques construidos o mejorados, con una inversión de $374.970 millones”.

El mismo documento muestra que la Administración Distrital estableció “una meta acumulada de 416 parques a 2019, lo que supone el reto de construir 181 en esta vigencia”, finalmente se expone que para marzo de 2019 -fecha de realización del informe-, “el avance porcentual acumulado frente a la meta de 416 parques es del 56,5%”.

Si bien es cierto que estas cifras dan cuenta del balance en cuanto a construcción y mejoramiento de parques se refiere, no representa a cabalidad los procesos específicos que cada uno de ellos atraviesa, convirtiéndolos en simples cifras que sirven como relleno de un extenso documento. Cabe recalcar que, a la fecha, no hay registro exacto del progreso de dicha meta, ni del proceso detallado del parque El Redentor.

Adicionalmente, el Consorcio Obras Loptra, no presenta información precisa en cuanto a las verdaderas razones de la tardanza en las obras y la tantas veces pospuesta apertura de la entrega del parque. Esta situación dificulta inmensamente las veedurías ciudadanas para cualquier intento por encontrar soluciones. En la mayoría de los derechos de petición -dirigidos a la alcaldía de Tunjuelito y al IDRD-, las respuestas -en su mayoría-, dicen que el desarrollo del parque El Redentor corre principalmente por cuenta de la constructora, dejando a la comunidad en incertidumbre, debido a la deficiente información de contacto que esta a su vez ofrece. Sin mayores registros, sin mayor solución, sin información precisa, así avanza este caso.

Imagen extraída de la página de Facebook de la UAESP
Imagen extraída de la página de Facebook de la UAESP
Imagen extraída de la página de Facebook de la UAESP

¿Una impotente espera?

En la respuesta al último derecho de petición presentado el pasado 11 de marzo, el IDRD asegura que: “se tiene que el instrumento otorga un término de vigencia de 24 meses a partir del 12 de noviembre de 2019, con un vencimiento inicialmente previsto para el 12 de noviembre de 2021”, y adicionalmente:  “la licencia de urbanismo fue objeto de una prórroga automática por un término de nueve (9) meses adicionales, es decir; solo serán exigibles las obligaciones urbanísticas a partir del 22 de agosto de 2022”.

Este anuncio de prórroga además de dejar de brazos cruzados a la comunidad supone la posible repetición de situaciones que ya se han visto en el pasado. En febrero de 2020, después del derribamiento de los muros que cubrían el perímetro del parque, hubo saqueo de artefactos eléctricos, de alumbrado público y de otros objetos, situación que dejó a la población una vista de lo que se presenta cuando un entorno “tan bonito y bien hecho, según se ve en las fotos”, como asegura una residente del sector, es abandonado a su suerte; además, de generar un entorno propicio para la delincuencia, la inseguridad y el expendio de drogas. Desde ese momento y por presión de los miembros de la JAC, la constructora contrató vigilancia privada en el parque, pero su apertura siguió posponiéndose por inconvenientes poco especificados.

El actual guarda de seguridad del parque, señala que, últimamente diversos entes administrativos han visitado la zona y que siempre enfatizan en la ya trillada y poco creíble afirmación de: “en estos días se inaugura el parque”.

Con respecto a su apertura, Manuel Salamanca, añade: “unos dicen que qué felicidad, otros dicen que se volverá un atracadero y otros que es una labor que le corresponde a la comunidad, uno ya ni sabe qué pensar”.

En respuesta al derecho de petición, el IDRD señala que se está adelantando el “trámite de recepción, incorporación y titulación de bienes destinados al uso público en actuaciones urbanísticas a favor del Distrito Capital”, el cual, como lo exponen, está a cargo del urbanizador, que en este caso es Consorcio Obras Loptra, la constructora que poco contacto y rendición de cuentas establece con la comunidad.

Tal parece que el IDRD no juega un papel principal en los procesos que adelanta la constructora: “al tratarse de obligaciones urbanísticas, no existe una relación contractual entre esta Entidad y el urbanizador responsable”, aseguran.

Ante estos hechos quedan más dudas, incertidumbres e inconformidad entre los habitantes del barrio Villa Ximena, que en su mayoría se atreven a especular sobre la prolongada demora, pero sin plena certeza de sus suposiciones. Un miembro de la JAC declara: “en todo lado hay negocio, eso es de esperarse y eso no se refleja al momento, se ve tiempo después, como nos está pasando ahora”.

Hay visiones divididas, pero un mismo sentimiento de duda y pertenencia por el parque El Redentor. Sin embargo, este es uno de los muchos casos que se presentan en la capital colombiana, de esos casos que parecen quedar omitidos, enterrados en los muchos papeleos y protocolos administrativos.

El verdadero contrato social y ambiental que necesita Bogotá para el siglo XXI es el cumplimiento de aquellas promesas de avance territorial, recreativo y deportivo que, si bien se reflejan en los incontables textos de proyectos y obras realizados por las diversas entidades responsables, en algunos casos, no tienen semejanza alguna con las evidentes realidades.

Por ahora, se espera que se adelanten acciones concretas por parte de la constructora para que la inauguración del parque El Redentor, sea un hecho.

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