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Por: Daniel Rojas Chia

Se celebró la edición 92 de la entrega de los premios Oscar, en el Dolby Theatre en la ciudad de los Ángeles. La ceremonia Estuvo precedida por rituales clásicos de pasadas ceremonias con el ánimo de recuperar el glamour de otras épocas con la imponencia de una sala repleta de estrellas de la gran pantalla, factor que hizo que esta gala haya sido de las más llamativas de los últimos años.



Los productores de la ceremonia se basaron en una premisa para la ceremonia: Inclusión.

Al inicio de la ceremonia la despampanante Janelle Manae abrió los premios con un gran espectáculo, anunciando la intención de la inclusión, ya que en las nominaciones no se encontraba ninguna persona afrodescendiente, a excepción del ganador del mejor cortometraje de animación Matthew A. Cherry por “Hair love” que muestra cómo un hombre tiene que ayudar por primera vez a su hija a peinarse, una tarea que será más difícil de lo que parece a simple vista. Como dato, este corto nació de una campaña publicitaria.

Mientras avanzaba la ceremonia eran evidentes los diferentes aspectos de nuestra sociedad crítica, crueles en la mayoría de sus esferas, y los premios parecía que lucharan en contra de esos estereotipos. Además de toda la comunidad afro, estaban aquellas que rompieron el estereotipo representando a mujeres de talla grande, así como cantantes en sillas de ruedas; pero uno de los momentos más comentados de la noche fue cuando subió al escenario Zack Gottsagen, actor con síndrome de Down, acompañado del también actor Shia Labeouf que materializaron lo que parecía una de las entregas más incluyentes en la historia de los premios.

En cuanto a la forma en que la academia pretende abrir las fronteras, uno de los episodios en este sentido tuvo lugar, cuando la banda sonora de la súper taquillera Frozen 2, que ya recaudó más de 1500 millones de dólares desde su estreno, llevó a escena sus personajes de Elsa: junto a ellas estuvieron Idina Menzel -la actriz que le pone voz en inglés al personaje y la cantante Aurora, responsable de la banda sonora original.

La sobrevalorada 1917 inició ganando premios técnicos, avisando que Sam Mendes sin duda tenía una de las mejores películas del año, pero el guion de Tarantino parecía tener una noche asegurada, a no ser por la sorprendente Jojo Rabbit de Taika Waititi, que se llevó muchos aplausos de parte del público, y el premio de mejor guion original para el director neoselandés

Por otro lado, la guerra fría con Netflix dejó a sus producciones con el reconocimiento de su calidad cinematográfica y de sus grandes actuaciones, aunque con las manos casi vacías, puesto que era el estudio con más nominaciones, con un total de 24, compitiendo por los premios de mejor película y de mejor director.

La popular plataforma de streaming solo recibió dos galardones:  a mejor documental por American Factory y a mejor actriz de reparto por el trabajo de Laura Dern con Marriage Story de Noab Baumbach.

Uno de los aspectos que marcó dramáticamente el fracaso de Netflix en la entrega de los premios fue The irishman que tenía 10 nominaciones, casi la mitad del botín que buscaba el gigante del streaming  ¿Castigo por parte de la academia? Juzguen ustedes.

La mayor sorpresa fue el premio a la mejor película del año y mejor director adjudicado a la gran y multifacética Parasitos, rompiendo paradigmas con realizadores de otros continentes. Bong Joon-ho es un director de cine y guionista surcoreano que se convirtió en el gran ganador de la noche, cuyo reconocimiento deja un mensaje de parte de la academia.

Vale la pena señalar que la edición 92 de la entrega de premios es la menos vista en toda la historia. Según Variety, un importante portal de noticias dedicado a la industria audiovisual, 23,6 millones de televidentes sintonizaron el domingo por la noche la premiación.

Esto hace que la medición comparada con la del año pasado, haya descendido un 20% en territorio estadounidense, aunque en materia de percepción global su impacto fue más duradero. 

A mi juicio los premios lograron diversificar su alcance, y gracias al gran trabajo del director coreano, justificaron con creces un gran premio entregado a una película en habla no inglesa, fenómeno que permite suponer que la academia y sus premios Oscar, lograrán en algún momento convertirse en los más prestigiosos del cine, reconocidos no solo por su alcance comercial sino por su calidad, como una marca de credibilidad hacia el arte para el fomento de las técnicas cinematográficas y visuales.  

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