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Sin descendencia: la normalización de la autonomía anticonceptiva

Hoy en día, son más las mujeres que toman la decisión de no tener hijos. Esto se debe, ante todo, al cambio de pensamiento y prioridades que con el paso de las décadas se acrecientan en la sociedad.

Por: Daniela Amaya, Angie Rozo y Alejandra Sánchez

Era común, en generaciones pasadas, la idea de que la esencia de una mujer era cuando se convertía en madre y esposa. Al llegar a la edad adulta, 18 años o incluso antes, debía casarse y comenzar a “formar una familia”. Era frecuente en años pasados encontrar familias numerosas; tanto, que las parejas tenían un número superior de hijos.

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Las mujeres ahora tienen más influencia a nivel educativo, político, religioso y social, y una idea más amplia y libre del mundo que las rodea. Prefieren realizar sus estudios universitarios, viajar, trabajar y vivir diversas experiencias antes de tener hijos. Incluso hay quienes deciden casarse sin su presencia. A pesar de que tienen más autonomía sexual, las opiniones sobre sus decisiones reproductivas siguen siendo de censura y rechazo. 

Entrañables estigmas sociales

Leidy Garcés, a sus 18 años tomó la decisión de no ser madre, y a los 23 se practicó una ligadura de trompas. Asegura que, tras el procedimiento, recibió comentarios por parte de conocidos, amigos y familiares del tipo: “es que estás muy joven”, “te vas a arrepentir”, o “te vas a enamorar de un hombre que va a querer tener hijos y te va a dejar”.

Leidy, segura de su decisión, como muchas mujeres que autónomamente eligen no ser madres, afirma que un hijo no es un incentivo para tener metas, propósitos, cumplir su proyecto de vida o incluso tener pareja. Enfatiza que esta es una decisión personal que se debe respetar. La elección debe incidir en la propia vida y no en las opiniones que familiares, amigos, conocidos o una posible pareja puedan tener ahora o después. 

Los estigmas sociales se deben a las enraizadas tradiciones que cobijan nuestra sociedad, hasta el punto de imponer viejos estereotipos. Esto demerita la certidumbre del que con determinación decide no procrear y no pertenecer a esa presunta cumbre de realización personal que se ha establecido frente al hecho de ser madre o padre. “Siento que hay mucho estigma respecto a ese tema, más que todo acá en Colombia, un país que, a pesar de todo, sigue siendo muy conservador”, expresa Leidy.

Liliana Guarín, que tomó la decisión de no ser madre a sus 20 años, dice: “experimenté cierto rechazo por amigos y compañeros de trabajo, porque consideraban que era antinatural, al parecer porque la razón de ser mujer y la realización de uno es tener hijos”. Ella, con 20 años de matrimonio con su esposo, afirma que no se arrepiente de su elección; incluso, enfatiza en el hecho de que fue lo mejor que pudieron hacer, dadas las circunstancias actuales del mundo.

Daihana Gómez, de 19 años, asegura: “no me veo como madre, tener un hijo no lo veo como un logro, ni una necesidad”.

Las NoMos, el fin de los tiempos

En poco tiempo, se ha vuelto popular la expresión acuñada por la escritora y psicoterapeuta británica, Jody Day, de “mujeres NoMo”. Es un término del anglicismo No Mother, utilizado porque Jody quería un nombre que no incluyera la palabra ‘niño’ o ‘menos’ – en referencia al término en inglés childless, que en español significa “sin hijos”- y que pudiera aplicarse a cualquier mujer sin descendencia. 

Según investigación de la Universidad de la Sabana de Bogotá, hay tres causas básicas que responden al incremento de las NoMos en Colombia: educación, trabajo y religión.

Se dice que, cuanto más acceso a la educación superior, posgrados y maestrías tiene la mujer, es posible que reduzca la posibilidad de querer procrear. 

Según la investigación, si bien las ofertas laborales no son las ideales en la mayoría de los casos, ha habido un aumento porcentual en comparación con la década de los 80. De hecho, se ha considerado la posibilidad, por la economista Cecilia López, que el trabajo o quehaceres del hogar sean remunerados, porque para la mujer moderna es un doble trabajo no remunerado.

Muchas de las decisiones reproductivas tienen grandes influencias machistas provenientes de la política, y el aspecto más relevante a nivel social es sin duda la religión. “Creo que decidir no tener hijos no es muy aceptado, debido en gran parte a las creencias religiosas y a las tradiciones que las acompañan“, expresa Liliana Guarín.

Una decisión para toda la vida

Existen diversas razones por las que se elige no ser madre o padre, desde sentires y pensamientos personales, hasta aspectos sociales, ambientales y económicos. Daihana Gómez, de 19 años, asegura: “no me veo como madre, tener un hijo no lo veo como un logro, ni una necesidad”. Dice que su decisión de hacerse la ligadura de trompas se basó en factores que nuestra realidad establece. Desde la inseguridad que la sociedad impone, hasta el impacto ambiental, la incidencia económica e incluso factores personales de salud mental en cuanto a un posible embarazo no deseado. “No quiero traer un hijo al mundo que viva esas cosas”, dice con firmeza.

Leidy Garcés, a sus 18 años tomó la decisión de no ser madre, y a los 23 se practicó una ligadura de trompas.

El proceso que atravesó Daihana para acceder a la ligadura de trompas fue eficiente, a pesar de ciertos comentarios prejuiciosos de parte de algunos funcionarios de su entidad promotora de salud. Pudo realizar el proceso de manera satisfactoria, en parte, gracias al convenio que su EPS tiene con Profamilia.

No todas las mujeres que deciden practicarse esta operación de anticoncepción definitiva corren con la misma suerte. Liz Martínez, que desde los 18 buscó por más de 5 años que le realizaran el procedimiento, afirma que la primera vez que fue a solicitarlo en su EPS (Nueva EPS), la doctora que la atendió le dijo a modo de burla que la única manera posible para realizarle la ligadura de trompas era si tenía 36 años o 3 hijos. 

Por esta situación también pasó Leidy Garcés, a quien se le dijo que, por su juventud, no era posible hacerle esta operación, menos si no tenía hijos. 

A Liz, que tenía una hija de apenas 3 meses en aquel entonces, también le fue negada. Le ordenaron el uso de un método anticonceptivo no permanente, y Liz comenzó un proceso legal: “puse una tutela porque se me había negado el derecho a elegir sobre mi maternidad y el servicio”, expresa. 

Justo para diciembre del año pasado logró que, por fin, el procedimiento fuera una realidad. Sin embargo, el resultado no fue el esperado: “me realizaron un procedimiento diferente al que yo solicité: me hicieron prácticamente una cesárea”, a pesar de que en el proceso previo a la operación le habían garantizado que le realizarían la ligadura de trompas por laparoscopia, lo que ocurrió con ella y con todas las mujeres que también habían solicitado este servicio en ese entonces. “Me dijeron que había sido mi error por no haber pedido operación de tercer nivel”, asegura Liz indignada.

Casos como el de Leidy, Daihana y Liz ocurren a diario en Colombia, donde el derecho a la elección libre y autónoma frente a una decisión reproductiva definitiva es vulnerado, obstaculizado o enredado en miles de engorrosos procesos legales y administrativos, sumado a comentarios impositivos por parte del personal médico.

Muchos de los impedimentos también se basan en prejuicios sociales, incluso desde ámbitos académicos y familiares: “cuando mencioné que no quería tener hijos, en la universidad me enviaron al psicólogo porque consideraban que no tenía ‘instinto maternal’, y en mi casa me insistieron para que tuviera hijos”, afirma Liliana Guarín.

Son más que evidentes los diversos aspectos de desaprobación, cuestionamiento y negación en cuanto a una decisión propia e individual. 

¿Una cuestión de género?

Según cifras de Profamilia, por cada 9 ligaduras de trompas se realiza una vasectomía en el país. Esto pone en perspectiva el peso de la decisión que prevalece en las mujeres. 

Bryan Quimbayo, que desde sus 17 años y hasta sus actuales 21, sostiene su decisión en cuanto a la realización de la vasectomía, señala que, muchas veces los hombres no toman responsabilidad de su fertilidad. Por lo tanto, perjudican a las mujeres: “no logran comprender que es esto mismo lo que rechazamos voluntariamente los que nos sometimos a la vasectomía”, expresa Bryan.

En Colombia, no se les puede negar a las mujeres el derecho que demandan para la realización de este procedimiento, y debe respetarse que se incentiven los métodos anticonceptivos en -hombres, pues no tener hijos no es cuestión de género. 

La percepción social en cuanto a mujeres y hombres que deciden realizar estos procedimientos es evidente; existe un papel distinto asignado a cada género, e incluso tener hijos es visto como algo que debe hacer parte de la vida de una mujer, cuando no es así”, insiste Daihana Gómez.

Como lo concibe Bryan, en un futuro será posible considerar el tema de la adopción como una opción viable; aspecto en el que, igualmente coincide Daihana.

También, es un acto de amor propio elegir libre y autónomamente sobre la vida reproductiva, la maternidad y la paternidad. Hay quienes desean tener hijos y ser madres o padres, y quienes no desean serlo; sea cual sea la elección, es una decisión personal, y debe verse con nuevos ojos.

Cifras de ligadura de trompas en Colombia. Autor Angie Rozo

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