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Violencia intrafamiliar: un enemigo sin tregua

Entrevista de una mujer que fue víctima del maltrato y la violencia de un sistema patriarcal y machista.

Por: Maximiliano Castaño Rojas

Las vivencias de una víctima

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Marilina Urrego hoy es un ejemplo de superación de la violencia intrafamiliar en Colombia. A sus más de 60 años recuerda entre risas lo que ayer fue su tormento. Es una mujer de origen campesino, se crió en un  ambiente rural de tranquilidad donde todo parecía suficiente para su imaginación; al ir creciendo debía ceñirse a la exigencia que requería  la labor del campo, para las mujeres, era usual recibir una cátedra estricta sobre las labores hogareñas, esto permitía darles la oportunidad de familiarizarse con lo que en aquella época se concebía como la “oportunidad de salir adelante”  para las jovencitas.  Marilina siempre tuvo el “salir adelante” en su mente, aprendió todo sobre las tediosas labores del hogar y el campo  para luego sumergirse en la aventura de hacer de su vida lo que siempre soñó  de una manera ingenua; su cuento de hadas en un hogar perfecto se convirtió en su peor pesadilla.

Maximiliano Castaño (MC) ¿Cómo recuerda el panorama de violencia contra  las mujeres en el hogar hace 35 o 40 años?

Marilina Urrego (MU). Hoy en día ya tenemos mucha autoridad, ya tenemos Bienestar Familiar, tenemos autoridad que defienda la mujer, hay un derecho de la mujer, hay liberación… hay muchas cosas que puede hacer ya la mujer. Antiguamente la mujer era humillada sólo al esposo y ¡quédese en la casa haciendo el oficio como esclava! las antigüedades (sic) no podían trabajar, no podían estudiar, viendo que hoy en día hay mucha liberación para la mujer. En conclusión en ese tiempo éramos muy maltratadas y nuestros hijos también, pero antiguamente no había autoridad, la autoridad era el marido y no había nadie que lo cambiara.

MC. ¿Cómo logra despojarse de ese machismo que estaba consumiendo no sólo su vida, sino también la de sus hijos?

MU. La verdad yo estaba decidida, yo dije: “a perder o a ganar” y la opción fue separarme de él, salir con mis hijos y coger otra nueva vida, más dura, pero ya sin maltrato, trabajando, pero sin maltrato y surgiendo para sobrevivir. Dice el dicho: “ya uno vivió lo que debió haber vivido”, entonces no tenía que volver atrás sino seguir adelante pa ver si podía uno surgir, y yo surgí gracias a Dios; fue difícil pero me sobrepuse de todo lo que viví y saqué mis hijos adelante. Después de tantos golpes yo no sentía ni miedo y me decidí, porque ya había intentado demandarlo pero en el pueblo me dijeron que mejor ni lo hiciera porque él era muy respetado y no había autoridad, entonces la solución fue dejarlo y salir a Bogotá.

MC. ¿cómo logra establecerse en Bogotá con sus hijos, llenarse de valentía y renunciar a ese maltrato?

MU. Al principio fue duro porque uno sin saber a dónde va llegar y sin un apoyo económico, pero llegué a Bogotá a un trabajo en una floristería donde tenía comida para mis hijos y comida para mí; logré poner a estudiar a los niños pero fue muy difícil cuando me accidenté, casi pierdo un ojo por unas ramas de rosas. De ahí logramos sobrevivir un tiempo,  pero me fui de la floristería después de recuperarme y llegué a una empresa de cocinas integrales donde duré ocho años, por ese tiempo conocí a mi actual marido, allá tuve mucha ayuda de mis jefes, ellos me ayudaron a conseguir un crédito y con la ayuda de Mario, mi actual esposo, conseguimos la plata para hacernos a un lote y construir la casa poco a poco, no fue fácil porque nos tocó armarla por pedazos. Cuando logramos tener la casa pude capacitarme para ser madre comunitaria y puse un jardín en la casa por varios años, y así seguimos surgiendo y ahorrando para lograr lo que tenemos hoy.

MC. Han pasado muchos años ¿cómo finalizó esa relación al tener hijos de por medio?

MU. Él falleció hace más de 10 años, se murió de cáncer en la garganta y al final de sus días no tenía quien le ayudara en el sufrimiento por la enfermedad. Mis hijos fueron los que se hicieron cargo de su cuidado a pesar de todo lo que sufrimos a su lado; después de tanto tiempo lo mejor fue perdonar y le pido a Dios que lo perdone, aunque nuca se borran de mí esos malos tratos.

MC. En las últimas semanas por el confinamiento se ha disparado la violencia contra las mujeres en los hogares ¿qué les diría usted a esas personas que hoy son víctimas?

MU. Desde mi experiencia les diría que, si es un maltrato físico intrafamiliar con padres e hijos la solución mía, y si es agresividad, debe ser la separación. Yo diría la separación porque a uno de pronto esa persona violenta le dice: “sí voy a cambiar”, pero es mentira y vuelve uno pone una mejilla y le dan en la otra, y la persona se va a volver masoquista, entonces ahí la única opción es la separación, porque es mejor la tranquilidad, no vivir con miedo, con desesperación, y que el día de mañana esa persona tome más agresividad y pase todo a cosas mayores. Si hay maltrato físico busque de una la separación, es la única solución.   

Marilina no fue la única víctima, sus hijos también lo fueron, aguantaron abusos de carácter físico y moral tan desbordados que es irrelevante describirlo. Sus palabras son claras ante un enemigo que no da tregua. Urrego es enfática en rechazar la violencia intrafamiliar, especialmente contra las mujeres, su caso es sólo uno entre miles y miles.

Actualmente Marilina Urrego es ama de casa, se esforzó y logró ahorrar lo suficiente para generar ingresos desde su casa y tener una economía independiente y sólida que le permite una vida más libre junto a un esposo que la respeta. Hoy ella es un ejemplo de superación de la violencia para sus allegados y conocidos.

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