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“Mi vida es muy mala, no tengo a nadie que me cuide”, dice Julia de 95 años de vida

La Ley 1850 de 2017, establece una pena de 4 a 8 años y/o una multa de 1 y 5 SMLMV a quienes sean familiares del adulto mayor y lo sometan a estado de abandono afectando sus necesidades de higiene, vestuario, alimentación y salud.

Por: Varely Ojeda, Gabriela Torres y Carolina Gil.

En Colombia, según los datos ofrecidos por el Ministerio de Salud y Protección Social, de los 49,8 millones de habitantes en el país, el 11% tiene más de 59 años, de los cuales 753,857 personas son mayores de 80 años. De acuerdo con la revista Semana, más de 400 ancianos son abandonados al año. La Ley 1850 de 2017, establece una pena de 4 a 8 años y/o una multa de 1 y 5 SMLMV a quienes sean familiares del adulto mayor y lo sometan a estado de abandono afectando sus necesidades de higiene, vestuario, alimentación y salud.

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En la vereda Neval y Cruces ubicada a 15 minutos del perímetro urbano de Moniquirá-Boyacá, se encuentra Julia, una abuela de 95 años viviendo en estado de abandono. En la tarde lluviosa del jueves 25 de febrero, a eso de las 3:30 pm, me acerqué a conocer en persona su situación. En el momento en el que entré a su casa me invadió un sentimiento de tristeza, era un lugar oscuro, frío y descuidado. A mano derecha observé, en medio de la penumbra, una cantidad de trastes sucios a los que rondaban las moscas por encima y algo de mercado en mal estado. A mano izquierda había dos habitaciones, en una de ellas eran visibles dos camas aparentemente vacías mientras que en la otra, una silla de ruedas llena de telarañas, una cama y objetos en cantidad que no pude distinguir. Como no encontraba a doña Julia grité su nombre y en la distancia escuché su respuesta. Sin embargo, seguía sin saber dónde estaba. Por un momento estuve observando con especial atención una de las camas de modo que logré percibir la figura de una pequeña persona. Allí estaba ella, postrada en la cama, envuelta en cobijas, y con una pequeña toalla cubriendo la mitad de su rostro.

Jacinta Hurtado – misionera de la Basílica Nuestra Señora del Rosario, quien desde el 2010 se ha dedicado cuidar de esta persona- me comentó días antes las terribles condiciones en que la conoció. “La casa sólo era la habitación, el baño y la cocina, aunque de cocina no tenía nada, ella cocinaba debajo de unas latas, además no tenía servicio de agua potable, ni siquiera el agua de la vereda porque en esa época no había, sin mencionar que el piso era en tierra. La verdad me dio pesar ver la situación en la que se encontraba por lo que le pedí ayuda a unas amistades y logramos arreglar la casa a como es hoy en día. En aquel entonces yo iba para lavarle la cara porque se le había hecho un encono lo que desencadenó en un cáncer, pese a que unas compañeras la llevaron a cancerología en Bogotá ya no había nada que hacer debido a la avanzada edad que tenía. Con el pasar de los años los achaques de la vejez la dejaron en cama por lo que ya no puede valerse por sí misma”

Julia Cabrejo nació en Puente Nacional- Santander el 25 de julio de 1926, pero al poco tiempo sus padres la llevarían a Peña Blanca- Santander para luego radicarse en Moniquirá. En sus relatos describe la dura infancia por la que pasó, una infancia llena siempre de labores que hacer y pocos momentos de diversión, también recuerda los golpes que recibía por parte de su padre cuando la encontraba estudiando para aprender a leer, a sus dos medios hermanos, Santos – quien falleció a temprana edad y Euricel. Entre sus momentos más tristes está la muerte de sus padres, en especial la de su padre que murió tres días después de que ella viajara a Bogotá y no pudo darle el último adiós.

“Mi vida es muy mala, no tengo a nadie que me cuide, tengo un sobrino, pero él escasamente me hace de comer, y me deja sola todo el día. En las pocas ocasiones en las que me cuida me trata como una basura, me arrastra para llevarme al baño y me grita. Yo le he rogado para que contrate una señora que me cuide, que esté todo el día conmigo y me lleve al baño, me dé de comer, de beber o al menos para que me haga compañía. Hay días en los que sólo como una vez al día y no por falta de mercado, gracias a Dios la gente se apiada de mí, pero Clemente deja perder la comida”. En medio de sollozos me contó Julia su condición. Mientras ella me hablaba pude apreciar su débil cuerpo, sus huesos eran más que visibles, su piel morena, reseca llena de arrugas y manchas, su achilado cabello corto de color cenizo. Su cuello enflaquecido, la mitad visible de su rostro demacrado y unas cuantas llagas que le cubría la toalla de color blanco.

Después de ese momento, contó cómo su esposo murió de un infarto, recalcando el dolor que le causa evocar ese fatídico día por lo buena persona que él fue con ella. “Clicedio salió de bañarse y estaba haciendo frío, por lo que le llevé un tinto para que se calentara. Él, sentado en la cama, recibió el tinto y me dijo –yo me voy con este tinto, yo me voy. Se tomó su tinto, me regresó el pocillo, yo se lo recibí y me fui a la cocina a traerle otro poco, cuando llegué al cuarto se había acostado en la cama, yo lo llamé varias veces para que tomara más tinto, pero él ya no me respondió.” Entre llantos, Julia dijo: estaré totalmente feliz de morir y poder estar a su lado, porque así nos tendremos el uno al otro nuevamente. Continuando con nuestra conversación, le pregunté ¿cómo se enteró que tenía cáncer? Hace tres años, indicó: El doctor Picacho me vio y me explicó la enfermedad que padecía. La culpa de lo que yo tengo es por un hombre que me agredió fuertemente cuando le hice un pequeño reclamo acerca del robo de unas gallinas. 

En las últimas palabras que utilizó para contarme su estilo de vida sentí un toque de preocupación, ella piensa en el hombre que le ayuda, “el indio”, como lo llama, es quien le hace uno que otro mandado, reclama el dinero del subsidio que le da el Estado y le compra sus cosas personales como el cepillo de dientes y el café.

De esta manera, se crea un silencio y se corta la conversación…

De acuerdo con la ley 1850, cree usted ¿se está cumpliendo con lo establecido en dicho mandato? si usted fuera cercano a este caso ¿qué acciones tomaría? Como el caso anterior existen muchos otros ¿se está garantizando la protección efectiva del adulto mayor en Colombia? 

Si usted tiene algo qué decir o agregar a este artículo, escriba un correo electrónico a: radio@uniminuto.edu

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