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Alexandra Vivas, una vida sobre ruedas

Por: Valeria Noguera Cano – Ana María Tapias Alarcón

Alexandra Vivas es una mujer cartagenera, quien no cambiaría nada de lo que ha vivido a lo largo de sus 36 años de vida, en especial lo referente con el deporte que ha practicado desde los 9 años de edad, el patinaje de carreras. Ahora, ella vive en la ciudad de Bogotá junto a su esposo Jhon William Torres y su hija de 7 años Samantha.

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     Esta reconocida deportista, tranquila a primera vista y lo cual corroboran sus compañeros de trabajo, comenzó su historia en el mundo del deporte en su ciudad natal con el apoyo fundamental de su padre, quien siempre incentivó a sus hijos a participar en actividades extracurriculares, en especial las que estuviesen arraigadas a la práctica de algún deporte, ella recalca que su padre nunca esperó que fuera campeona, solo buscaba que formara hábitos sanos que estuvieran fuera de los compromisos estudiantiles; Alexandra menciona en cada oportunidad, que se siente afortunada del padre que tuvo quien le enseñó a realizar sus actividades por pasión, y no por esperar un triunfo como se ve cotidianamente entre los actuales deportistas.

     Mientras camina a lo largo del Parque San Andrés al noroccidente de la ciudad de Bogotá, Alexandra cuenta como ha sido su trayectoria y como fue descubriendo paso a paso su pasión por el patinaje; su amor por este deporte, nació no tanto de las victorias sino de las derrotas que la motivaban a ser cada vez mejor, aunque manifiesta que tardó alrededor de nueve años en darse cuenta que se quería dedicar por completo a este deporte. Este descubrimiento sucedió gracias a una de las experiencias que denomina como inolvidables, ella estuvo a punto de clasificar a la Selección Colombia de patinaje, sin embargo, este cupo lo obtuvo una joven de Antioquia que estaba apoyada por “la rosca” como ella lo decidió denominar y allí su pasión por este deporte se hizo más fuerte.

     Sus primeros pasos en este deporte, los realizó en Cartagena guiada por uno de los mejores entrenadores en su momento, llamado Alfredo Ricardo, a quien recuerda con gran aprecio y admiración ya que ella reconoce que fue de la mano de él que aprendió a patinar y a – encontrar como el disfrute en medio del sufrimiento en el deporte-. En su misma Cartagena, ingresó a una escuela-club en donde fue creciendo cada día más como persona y como deportista hasta que llegó a Bogotá, la ciudad capital del país y decidió radicarse allí.

     Alexandra tuvo la oportunidad de competir en diversos mundiales, entre los cuales uno de los más inolvidables fue el de Cali 2007, puesto que fue el único en el que sus padres pudieron estar presentes  y tuvieron la oportunidad de verla competir; Alexandra narra con orgullo el proceso y los momentos que ha tenido que vivir para hoy ser reconocida como una muy buena patinadora, y de su voz siempre está presente el agradecimiento a Dios, puesto que dice que él le brindó un cuerpo bendecido en el cual nunca ha sufrido lesiones.

     De igual manera, con mucha nostalgia, pero al mismo tiempo alegría, recuerda el mundial de Corea que se realizó en el año 2005 y recalca que en esa época aunque no tuvo una lesión si tenía una molestia muscular que le hacía pensar y sentir que no estaba dando todo de sí misma, y en la semana que estuvo allá cada una de las noches lloró por el temor de no poder llegar a casa sin cumplir su meta, sin embargo, al abrir la ventana de su hotel observaba una cruz en la montaña que divisaba frente a su hospedaje y le pedía a Dios fortaleza, oraciones que según ella fueron escuchadas, pues en el último día de competencias logró la tan anhelada medalla de oro.

     Sin embargo, detrás de estas duras competencias siempre hay un poco de sufrimiento en la preparación, Alexandra afirmaba que se montaba bicicleta todos los días, se hacían pesas día de por medio y se patinaba todos los días a veces dos o tres jornada en un mismo día, y lo único que se podía hacer era dormir y comer bien, no obstante, estas jornadas extenuantes eran amenas por el compañerismo que se vivía, no como la envidia que según la patinadora, se vive ahora, -definitivamente nací en la mejor época para poder gozar y tener buenas anécdotas-.

     Tiempo después, esta reconocida deportista, se retiró del patinaje ya que sintió que su ciclo en la pista había llegado a su fin, pues duró 10 años en alto rendimiento con la Selección Colombia; su último mundial fue en el 2010, allí ya llevaba casada cinco años, tiempo atrás ya tenía planeado que quería ser mamá a los 30 años, y en el año siguiente quedó embarazada, sin embargo, cuando nació su hija Samantha volvió a entrenar y compitió en el año 2013 lo que no fue tan duro para su esposo pues obtuvo el apoyo de su familia en los días que Alexandra se ausentaba por los viajes; después de un corto tiempo, ella se dio cuenta que había dedicado mucho tiempo al deporte y que su familia y su club también la necesitaban.

     Tener una hija para Alexandra fue bastante fuerte, pues es una actividad que según ella absorbe un 200%, sin embargo, su esposo y ella tienen a personas a su alrededor y a sus familias quienes los apoyan; según la pareja, como en un logro deportivo hay muchas personas detrás de una medalla y no es el deportista solamente el que gana, es lo mismo que para ellos es ser padres, pues el apoyo de otras personas es fundamental, de igual manera, Alexandra es muy feliz pues al final termina enseñando a su hija, lo que es su pasión -me gusta mucho lo que vivo, me encanta mi vida-.

     Entre risas, Jhon William su esposo, afirma que el carácter de Alexandra es fuerte y no es fácil llegar a acuerdos con ella, en reiteradas ocasiones llegan a discutir en temas referentes a su hija Samantha pues ella practica gimnasia y los horarios de ellos se hacen complicados para llevarla a sus entrenamientos, sin embargo, Jhon resalta las virtudes que Alexandra posee, expresa que como deportista es una persona muy entregada, y ahora como entrenadora igualmente, como esposa y como madre es ejemplar y la creencia que tienen en Dios es una base muy fuerte lo que hace que ella sea muy espiritual.

      La escuela y el club A Vivas se inicia en el  año 2007, Alexandra todavía no se había retirado del patinaje y sentía en su mejor momento, se acababan de casar con Jhon William y nació la idea de crear dicha escuela por la necesidad que había; Alexandra fue invitada a dar clases a un grupo de niños en unas vacaciones por primera vez, y ahí se dio cuenta que le gustaba transmitir lo que había vivido y desde ese momento, comenzaron junto con su esposo a organizar legalmente esta escuela, y la idea de ponerle el nombre de “A Vivas” fue de Jhon.

     Compartir una vida amorosa y un proyecto de vida, ha sido complejo para ambos, una de esas razones es porque hay momentos en familia, cuando están compartiendo juntos espacios diferentes y siempre llegan al mismo tema de trabajo y según ellos eso lo hace un poco complicado, sin embargo, han encontrado la fortaleza en Dios, quien les ha permitido mantener el equilibrio familiar, laboral y deportivo, opinan que si no estuvieran apegados a Dios las cosas serían muy difíciles.

   En cada área de su vida, Alexandra posee un sueño específico, en la parte deportiva por ejemplo involucra llegar a Selección Colombia con un número importante de deportistas de A. Vivas, para eso trabaja con sus compañeros de trabajo Carlos y Claudia y con su esposo Jhon, y todos están ahí pendientes al proceso que conlleva esto y a nivel personal es hacer que los demás vivan su sueño, eso la llena de mucha alegría.

     Esto lo corrobora su amigo y compañero de trabajo Carlos Ruiz quien menciona que la característica principal de Alexandra es su gran carisma y su don de ser humano, su paciencia y dedicación con las personas que conforman su entorno, menciona también, que Alexandra más que una entrenadora se esfuerza por ser muy cercana a sus aprendices y busca ser su “mejor amiga” enseñando a que piensen y reflexionen siempre antes de hablar o de actuar, a ser conscientes de lo que desatan sus acciones y resalta que siempre ha visto en ella el propósito de ver crecer a sus estudiantes y en que cada uno logre sus sueños, -esa es la alegría más grande para ella-.

     Por último, Alexandra siempre recalca su amor y fe hacia Dios, -es lo único que necesito mencionar porque de todo lo que he contado, vivido y visto, de todo lo bueno Dios ha estado presente, y de todo lo malo que he visto la razón es que dejamos fuera a Dios en muchas cosas entonces creo que es eso, Dios es todo, para mí es todo-.

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