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Argentina ve cuesta arriba su recuperación post pandemia

Más de seis años tardará Argentina en conseguir que su economía se recupere. El Producto Interior Bruto (PIB) per capita del país sudamericano no alcanzará, hasta el segundo trimestre de 2026, los niveles que existían antes de que el covid-19 viniera a trastocar las finanzas de todo el planeta.

Eso proyecta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su informe semestral de Perspectivas Económicas Mundiales. Entre los países del G20, Argentina será el último en recuperar los niveles de actividad que tenía antes de la pandemia.

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En el otro extremo del gráfico aparecen China y después Turquía, que son las naciones cuya economía alcanzó, antes de que terminase 2020, el nivel económico previo que tenían antes de la emergencia sanitaria.

Por delante de Argentina también se sitúan Chile, Brasil, Colombia y México.

La nación sudamericana deberá esperar 6,75 años, según la OCDE, para recomponer el nivel de PIB per capita que ostentaba antes de la pandemia. Ese “antes” está despojado de gloria en un país que vive en recesión desde mediados de 2017.

“El PIB per capita va a tardar en recuperarse bastantes años, pues ya venía mal y con la pandemia empeoró”, coincide durante una entrevista con Sputnik el economista Orlando Ferreres, fundador y presidente de una de las consultoras más reconocidas del país, Orlando Ferreres & Asociados.

La OCDE estima que el PIB per capita de Argentina crecerá este año 6,1 por ciento, y en 2022 lo hará 1,8 por ciento. La consultora cree, en sintonía, que la economía despegará 5,8 por ciento a lo largo de este 2021, mientras que al año que viene mejorará apenas dos por ciento.

Tampoco viene a discutir las proyecciones de la OCDE la economista y diputada nacional Fernanda Vallejos. “Pensamos que el crecimiento este año puede parecerse al que señala el organismo”, admite a esta agencia la presidenta de la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados. “Argentina tiene como desventaja en relación a otros países el haber llegado a la pandemia en una situación de emergencia preexistente”.

El Congreso sancionó en diciembre de 2019, apenas había asumido el Gobierno de Alberto Fernández, una ley que declaró la emergencia pública en nueve áreas: social, económica, fiscal, sanitaria, financiera, administrativa, tarifaria, previsional y energética.

Vallejos alude a esta normativa para subrayar que el desempleo, la pobreza y la desigualdad “están en doloroso ascenso desde 2016, con la carga, además, de una deuda externa insostenible contraída por el Gobierno de Mauricio Macri” (2015-2019).

DESEQUILIBRIOS ESTRUCTURALES

Sumado a la pandemia, Argentina sufrió en 2020 una contracción de su actividad económica del 9,9 por ciento. “Este año recupera la mitad o un poquito más, pero le va a costar varios años rehacer todo el nivel de PIB per capita que tenía antes de la pandemia”, sintetiza Ferreres.

Los desequilibrios macroeconómicos de Argentina lastran su desarrollo presente y futuro, esgrimió la OCDE en su trabajo. Por este término “se refieren a precios relativos, al tipo de cambio real, a la inflación, y son todos los que causan temor a la inversión, y hace que disminuya”, aclara el economista.

La diputada oficialista interviene para advertir que los mayores desequilibrios “tienen que ver con la insuficiencia de ingresos, con salarios registrados que eran de casi 1.800 dólares en 2015 y que Macri los recortó hasta los 1.000, y que ahora empeoraron con la pandemia”.

Esto implica “que los estímulos para la expansión de la demanda y, por ende, de la actividad y el empleo, requieren de mayor robustez”, admite.

Otro escollo es la inflación, del 46,3 por ciento en el último año, y la escasez de dólares ante las restricciones externas, “un problema recurrente de la economía, agravada por el endeudamiento, que fue de la mano de la mayor fuga de capitales de nuestra historia que se dio durante el Ejecutivo anterior”, insiste Vallejos.

La diputada oficialista observa, al respecto, “un punto de inflexión, en sentido positivo, por la mejora de los términos de intercambio, siendo necesario para disponer de las divisas suficientes y sustentar todo proceso de crecimiento”.

Falta de inversiones

El análisis de Ferreres incorpora la clave de ese crecimiento tan limitado en los próximos años: la falta de inversiones nuevas.

Argentina llegó al 18 por ciento de inversión bruta interna fija corriente -es decir, en precios del momento en que se efectúa- “y eso bajó hasta ocho por ciento en abril de 2020”, revela Ferreres.

El consultor indica que desde entonces la inversión aumentó bastante, “pero todavía es del 15,8 por ciento del PIB”, una mejora limitada “porque hay mucha financiación de maquinaria agrícola y construcción, pero en el resto de la economía no se nota”, apostilla.

“Ese punto es lo que impide un crecimiento más adecuado y también que se reduzca la pobreza”, asegura el economista.

La pobreza alcanzó al 42 por ciento de la población al término de 2020, un aumento del 6,5 por ciento respecto a 2019. 

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