Por: Juan Nicolás Gonzáles
En el marco de la Feria del Libro 2026, se llevó a cabo el conversatorio de transformaciones territoriales a través del café como un símbolo de cultura en el país. Fue un encuentro articulado con la Unidad académica que propició reflexiones sobre identidad, comunicación y prácticas culturales desde una mirada participativa.
Tomamos café, Pero ¿Realmente conocemos el café como identidad cultural?
Entre el aroma del café y las ideas compartidas, un espacio de diálogo logró reunir voces diversas en tono a la cultura, comunicación y la apropiación del territorio. Este evento reunió a estudiantes, docentes e invitados voluntarios en un espacio que buscó ir más allá de una charla normal y común, pues su objetivo principal era apostarle a una construcción colectiva del conocimiento.
Para profundizar un poco, hay que adentrarnos en uno de los puntos centrales del evento: El papel del café como elemento simbólico y cultural, pero no trataba literalmente del café, lo llamativo del evento es como conectaron un símbolo patriótico para anexarlo a las transformaciones sociales en el mundo del campesinado. El reconocimiento del café como elemento simbólico sirvió como una metáfora de intercambio entre saberes y experiencias diversas a partir de la relación entre panelistas y asistentes.
Esta charla estuvo liderada por: Gloria Cuartas Montoya (Activista y trabajadora social), Jennifer Vargas (Docente Universitaria) y Hugo García (Trabajador Social). Durante la jornada, los panelistas destacaron y permitieron intervenciones que cuestionaron los modelos tradicionales de comunicación, resaltando la importancia de las voces locales y la necesidad de generar espacios más inclusivos y horizontales. La participación del público fue clave, pues permitió enriquecer el debate con perspectivas propias.

Asimismo, el evento logró evidenciar el interés de la academia (autora del evento) por vincularse con escenarios culturales como la FILBO, consolidando estrategias de aprendizaje que trascienden el aula y se conectan con dinámicas sociales reales. Otro de los aspectos abordados fue la participación ciudadana en estos procesos.
Los panelistas señalaron la importancia de reconocer las voces del campesinado y de generar espacios donde puedan incidir en las decisiones que afecten sus formas de vida, especialmente en un contexto de cambios económicos y sociales. Por ello se hablaba, en un principio, de la relación entre el café como símbolo y las transformaciones sociales que abordan las situaciones diversas en el país.

Se logró destacar que el café funciona como un puente entre territorios, permitiendo conectar lo rural con lo urbano y lo cotidiano. Más allá de una circulación del producto, en este proceso también se movilizaron saberes, prácticas culturales y experiencias que reflejan naturalmente la fauna de nuestro país y, por reiteración, la necesidad de reconocer la comunidad que hace posible la resignificación y validez del producto colombiano más exportado en el mundo.
Uno de los ejes centrales de la conversación, y de lo que se está exponiendo, es la relación entre el campesinado (protagonistas) y las ciudades exportadoras (receptoras). Pues en este sentido, se expusieron cifras, se discutieron las transformaciones sociales que han surgido a partir de estad dinámicas, evidenciando tanto oportunidades como tensiones en la forma en que se produce, distribuye y consume el café.

Foto del momento donde se discutía la participación ciudadana y el cómo los espectadores eran protagonistas en el público. – Foto: Juan Nicolás Gonzáles
El evento concluyó con una reflexión sobre la necesidad de mostrar el significado del café como símbolo de la identidad cultural de Colombia, entendiendo que en él convergen no solo dinámicas productivas, sino también relaciones sociales que permiten pensar el país desde una perspectiva más inclusiva y participativa.
Dejan en evidencia y resaltan de manera aireada la importancia de reconocer el trabajo de los campesinos como protagonistas de esa historia cultural. Abrió la puerta a la importancia de seguir construyendo espacios donde la palabra circule libremente, promoviendo el pensamiento crítico y el reconocimiento de una diversidad cultural por medio de las transformaciones territoriales que cambiaron, cambiarán y seguirán cambiando de generación en generación.









