Colombia es el país de la megadiversidad que aún no convierte su riqueza natural en desarrollo

Expertos reunidos en FIMA 2026 coincidieron en que la bioeconomía debe convertirse en un eje transversal del próximo Plan Nacional de Desarrollo para impulsar la reindustrialización, la descarbonización de la economía y el desarrollo sostenible de los territorios.

Colombia posee cerca del 10 % de la biodiversidad del planeta y es reconocida como el segundo país más megadiverso del mundo. Sin embargo, esa riqueza natural continúa siendo, más que una realidad económica, una promesa pendiente para miles de comunidades que habitan los territorios donde se concentra este patrimonio biológico.

Con ese panorama como punto de partida, la Feria Internacional del Medio Ambiente (FIMA) 2026 reunió a representantes del Gobierno Nacional, la academia, el sector empresarial y organizaciones ambientales para debatir una pregunta que comienza a ocupar un lugar estratégico en la agenda pública del país: ¿cuáles son las prioridades de la bioeconomía en Colombia para el nuevo Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030?

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El panel partió de una premisa compartida por todos sus participantes: la bioeconomía dejó de ser únicamente una alternativa para la conservación ambiental y debe convertirse en un eje transversal para la reindustrialización del país, la descarbonización de la economía, la innovación tecnológica, la generación de empleo y el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad.

La conversación fue moderada por Mabel Torres, exministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, y contó con la participación de Natalia Ramírez, directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible; Andrea Angarita, directora de Proyectos de FUNDASES; Mario Murcia, consultor en Soluciones Basadas en la Naturaleza y Bioeconomía del Centro Nacional del Agua y la Biodiversidad de la ANDI; Clara Solano, directora ejecutiva de Fundación Natura; y Carlos Ospina, coordinador del proyecto Frutos del Bosque de Swisscontact.

Participantes del panel ¿Cuáles son las prioridades de la bioeconomía en Colombia para un nuevo plan de desarrollo? en FIMA 2026 – Foto: UNIMINUTO Radio

Los expertos coincidieron en que Colombia ya cuenta con el conocimiento científico, la biodiversidad, las capacidades empresariales y las experiencias territoriales necesarias para consolidar una verdadera economía basada en el uso sostenible de los recursos biológicos. No obstante, advirtieron que persisten barreras estructurales relacionadas con la financiación, la articulación institucional, la regulación y la continuidad de las políticas públicas.

La bioeconomía debe convertirse en una política de Estado

Uno de los principales consensos del panel fue que Colombia ha construido múltiples estrategias relacionadas con la bioeconomía, pero aún no logra consolidarla como una política pública permanente.

Los participantes insistieron en que este modelo de desarrollo no puede seguir siendo entendido únicamente como una responsabilidad del sector ambiental, sino como una estrategia que involucre a los ministerios de Ambiente, Agricultura, Comercio, Ciencia, Hacienda y Planeación Nacional.

Como se señaló durante el panel:

“La bioeconomía nunca ha sido una política de Estado. Muchas veces se ha pensado que solamente le corresponde al sector ambiente, cuando involucra ciencia, agricultura, comercio y desarrollo económico.”

Los panelistas coincidieron en que el próximo Plan Nacional de Desarrollo debe reconocer la bioeconomía como un eje transversal de la política económica nacional y garantizar la continuidad de los avances alcanzados durante los últimos años.

Construir sobre lo construido

Uno de los mensajes que más se repitió durante el encuentro fue la necesidad de evitar que cada cambio de gobierno implique comenzar nuevamente desde cero.

“Construyamos sobre lo construido. En cuatro años no cambiamos un país.”

Los expertos recordaron que Colombia ya cuenta con estrategias nacionales de bioeconomía, instrumentos de crecimiento verde, mecanismos de gobernanza, cadenas productivas emergentes e importantes avances científicos.

Por ello insistieron en que el nuevo gobierno debe fortalecer las iniciativas existentes en lugar de reemplazarlas por nuevas agendas.

“La falta de articulación es uno de los principales problemas del país para impulsar la bioeconomía”, advirtieron, señalando que muchas veces existen recursos, capacidades técnicas e instituciones trabajando sobre un mismo tema, pero sin coordinación entre ellas.

Las comunidades no pueden seguir cargando solas el desarrollo

Uno de los momentos más sensibles del panel giró alrededor de la realidad que viven las comunidades rurales.

Los participantes recordaron que buena parte de la biodiversidad colombiana se encuentra en territorios afectados por el conflicto armado, la pobreza, la limitada presencia institucional y la falta de infraestructura.

En ese contexto, advirtieron que resulta injusto exigirles, además, convertirse en empresas altamente competitivas.

“Las comunidades tienen que sobrevivir a la guerra, tienen que sobrevivir a estos territorios tan complejos y además les estamos poniendo todo el peso de que sean competitivas, que generen ciencia y empresa.”

Los expertos coincidieron en que campesinos, pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes poseen conocimientos fundamentales para el desarrollo de la bioeconomía y deben ser reconocidos como protagonistas del proceso.

Durante el cierre del panel, la moderadora recordó una frase pronunciada por un líder social del Chocó que sintetiza esa visión:

“Yo soy bruto de letra, pero no de conocimiento.”

Para los panelistas, ese conocimiento tradicional constituye uno de los principales activos que posee Colombia para construir una economía basada en la biodiversidad.

La financiación continúa siendo el mayor cuello de botella

Aunque el país cuenta con investigaciones, prototipos y emprendimientos prometedores, los especialistas señalaron que el principal obstáculo aparece cuando llega el momento de escalar esos desarrollos al mercado.

“Tenemos una cantidad de prototipos que pueden ser comerciales, pero para comercializarse y escalarse se necesita plata.”

Los participantes coincidieron en que la banca tradicional aún no comprende las dinámicas de la bioeconomía, cuyos procesos de investigación, certificación y desarrollo pueden tardar varios años antes de generar retornos económicos.

Por ello propusieron movilizar recursos provenientes del Estado, la banca comercial, fondos de regalías y cooperación internacional para acelerar el crecimiento de las empresas de base biológica.

Colombia sigue importando buena parte de los ingredientes e insumos que puede producir

Otro de los llamados más contundentes estuvo relacionado con el aprovechamiento de la biodiversidad nacional.

Los expertos revelaron que más del 90 % de los ingredientes naturales utilizados actualmente por industrias colombianas de alimentos, bebidas y cosméticos son importados.

“¿Por qué no nos sentamos con los industriales y vemos qué ingredientes podemos sustituir con productos de nuestra biodiversidad?”

La reflexión dio paso a una propuesta concreta: desarrollar mercados nacionales antes de concentrar los esfuerzos únicamente en la exportación.

“Hay que pensar en circuitos cortos de comercialización entre regiones y luego sí salir al mercado internacional.”

La biodiversidad no puede seguir regalándose

Uno de los momentos más críticos del panel estuvo relacionado con la regulación sobre recursos genéticos.

Los expertos advirtieron que Colombia continúa enviando al exterior información genética para su secuenciación, mientras otros países desarrollan productos de alto valor agregado con ese conocimiento.

“Estamos regalando la biodiversidad. Los colombianos mandamos a secuenciar nuestros genomas porque es más barato hacerlo en otros países y ellos producen los productos con esa información.”

También señalaron que la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial y la biotecnología supera ampliamente la capacidad de respuesta de las políticas públicas.

“Las políticas van un paso muy lento y la ciencia va adelantada.”

Una bioeconomía urbana y otra rural

Durante el debate también surgió una propuesta para entender la bioeconomía desde dos velocidades.

Mientras en las ciudades existen mayores capacidades industriales para aprovechar biomasa residual, economía circular y biotecnología, en los territorios rurales la prioridad debe centrarse en el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad junto con las comunidades.

Como ejemplo de la denominada “bioeconomía rápida”, se presentó un proyecto desarrollado con residuos de pulpa, papel y cartón provenientes del sector forestal.

Con una inversión cercana a 40 millones de pesos se logró producir biochar, resolver un problema ambiental para la industria y abrir una nueva oportunidad de negocio.

“Eso es bioeconomía. Eso es circularidad. Y esa rueda anda rápido.”

Consumir biodiversidad también es hacer bioeconomía

Más allá de las políticas públicas, el panel dejó un mensaje dirigido a los consumidores colombianos.

Los expertos insistieron en que el país debe aprender a valorar y consumir los productos derivados de su propia biodiversidad.

“Comamos colombiano. Comamos amazónico, comamos Caribe, comamos Chocó.”

Frutos como el copoazú, el coroso, el guáimaro, el camu camu, el borojó, el bacurí o el kakai representan enormes oportunidades económicas que todavía permanecen subutilizadas.

Para los participantes, fortalecer el mercado interno constituye uno de los pasos fundamentales para consolidar cadenas productivas sostenibles.

El reto del próximo Plan Nacional de Desarrollo

Al cierre del panel, los participantes coincidieron en que el próximo Plan Nacional de Desarrollo debe priorizar la consolidación de una política pública de bioeconomía con indicadores concretos, fortalecer los sistemas de información para medir su impacto económico, simplificar los procesos regulatorios, facilitar el acceso a financiación, fortalecer las cadenas de valor desde los territorios e incorporar incentivos tributarios y compras públicas que impulsen productos derivados de la biodiversidad colombiana.

Más allá de las propuestas técnicas, el mensaje final fue una invitación a cambiar la manera como el país entiende su riqueza natural.

Como concluyó la moderadora Mabel Torres, la biodiversidad colombiana no puede seguir siendo únicamente un potencial.

“La bioeconomía debe dejar de pasar de ser un potencial para convertirse en una realidad económica, social y ambiental para Colombia.”

Ese fue el consenso de un panel que dejó claro que el futuro de la bioeconomía dependerá menos de nuevos diagnósticos y más de la capacidad del Estado, las empresas, la academia y las comunidades para trabajar de manera articulada. En un país considerado una de las mayores potencias en biodiversidad del planeta, el verdadero desafío ya no consiste en demostrar el potencial de la bioeconomía, sino en convertir esa riqueza natural en bienestar, empleo, innovación y desarrollo para los territorios.

| Nota del editor *

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