El simple acto de respirar ya genera una huella en nuestro entorno. Pero, ¿qué pasaría si las acciones cotidianas dentro de nuestros hogares pudieran convertirse en el motor principal para la conservación del medio ambiente? En el marco de la Feria Internacional del Medio Ambiente (FIMA) 2026, el programa “Colombia Sin Basuras” se perfila como una de las respuestas más contundentes a esta interrogante.
Desde el stand de la Organización Minuto de Dios, Andrea Angarita, directora de proyectos de Fundases, compartió los detalles de una iniciativa que busca transformar radicalmente nuestra relación con los desechos que producimos a diario, apostando por una economía verdaderamente circular.
El tesoro oculto en nuestros residuos
De acuerdo con las cifras manejadas por la entidad, el 60% de los residuos que generamos de manera individual en nuestras casas son de origen orgánico. Tradicionalmente, estos restos de alimentos terminan en rellenos sanitarios, contribuyendo a la emisión de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, el programa “Colombia Sin Basuras” propone un cambio de paradigma: aprovechar estos mal llamados “desechos” y devolverlos a la tierra. “Se trata de un ejercicio de circularidad de recursos. Que lo que yo genero lo pueda utilizar en otro tipo de acciones”, explicó Angarita en entrevista con UNIMINUTO Radio.

La biotecnología al alcance del ciudadano de a pie
El éxito de esta transformación radica en democratizar procesos que, hasta hace poco, parecían exclusivos de la gran industria agrícola. Para lograrlo, Fundases ha puesto a disposición del público un sistema basado en un insumo clave: el Bokashi.
Se trata de un desarrollo biotecnológico inoculado con microorganismos eficaces que aceleran la descomposición de los residuos orgánicos de manera controlada y sin malos olores. El resultado final de este proceso es un compost o abono orgánico de altísima calidad, completamente agroecológico y libre de químicos.
Para que esta tecnología llegue a todos los hogares, la organización ha diseñado kits prácticos y adaptados a los espacios urbanos, acompañados de programas formativos accesibles para cualquier persona interesada en reducir su huella de carbono.
De la caneca a la huerta vertical
El ciclo de la economía circular no termina con la creación del abono. El propósito final es que este compost nutra nuevos ecosistemas dentro de las ciudades. Durante FIMA 2026, los asistentes pudieron observar de primera mano cómo este abono orgánico da vida a huertas verticales y caseras, ideales para la agricultura urbana.
“Es fundamental la apropiación social. Cuando nosotros como individuos nos apropiamos de este tipo de prácticas, vamos a sumar en colectivo a esas grandes metas medioambientales”, enfatizó la directora de proyectos.
La invitación está abierta para que las pequeñas acciones se conviertan en grandes soluciones colectivas. Los ciudadanos, comunidades y proyectos macro que deseen sumarse a esta iniciativa, adquirir los kits o recibir capacitación, pueden establecer contacto directo y encontrar más herramientas en el portal web www.fundases.com.








