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Colombia le pone el pecho a la cuarta embestida de la pandemia

De a poco, y como prolongando lo inevitable, Colombia se alista para una cuarta ola de la pandemia de covid-19 en sus principales ciudades, algo que las autoridades sanitarias preveían para la última semana de octubre, pero cuya más reciente proyección ubica ahora en noviembre.

En un informe difundido el pasado viernes por el Ministerio de Salud se conoció que la tasa de contagio del virus aumentó en los últimos días, por lo que el cuarto pico sería inevitable, y ya empieza a verse en los departamentos de Antioquia (noroeste), Norte de Santander (nordeste) y Atlántico (norte).

De todas formas, todavía no está claro cuánto durará.

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“Este cuarto pico debe durar menos tiempo que el tercero y no superar las cuatro semanas, porque tenemos una importante seroprevalencia (ciudadanos con anticuerpos) y un porcentaje mayor de vacunados”, dice a la Agencia Sputnik el médico Herman Bayona, presidente del Colegio Médico de Bogotá, uno de lo más importantes del país.

EMBATES DEL COVID-19

El virus fue detectado por primera vez en Colombia en marzo de 2020 y sólo cinco meses después, entre el 3 y el 9 de agosto de ese año, se dio el primer pico de la pandemia.

Ni bien comenzó el 2021, este país debió enfrentar las mayores embestidas de la enfermedad. El segundo pico se registró entre el 18 y el 24 de enero, y el tercero fue tan largo que tuvo a su vez dos picos, entre el 19 y el 25 de abril y entre el 14 y el 20 de junio, lo que lo hizo más virulento y mortífero que los anteriores, según dijo el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) en un reporte entregado en julio último.

“El tercer pico fue tan largo que incluso algunos epidemiólogos especulan con el hecho de que se unió en realidad a un cuarto pico, de ahí su dimensión en tiempo y en el impacto tan importante que tuvo”, agregó Bayona.

Entre el 14 y el 20 de junio de este año, es decir, en plena tercera ola, se reportó el mayor número confirmado de defunciones semanales por covid-19: 4.036 decesos.

EFECTOS MITIGADOS

Pero en esta inminente cuarta ola el número de muertos no será tan elevado, como tampoco el de contagios, confía Bayona.

Hay razones para pensar de ese modo: la seroprevalencia y un mayor número de vacunados (19.916.034, según datos del Ministerio de Salud con corte al pasado martes) servirían para mitigar la embestida, aunque no para evitarla, pues así como hay “amortiguadores” también hay factores que la estimulan.

“La reapertura de comercios ha llevado a que mucha gente se olvide de las medidas de protección. Ya no hay distanciamiento social, y para algunos el tapabocas es cosa del pasado. La distensión es tal que incluso en los hospitales y en las clínicas se han bajado las medidas de bioseguridad de modo preocupante”, advierte Bayona.

¿Hay algo más por qué preocuparse? El especialista dice que sí, y ello es la predominancia en el país de la variante delta del virus, el fósforo que hacía falta para encender el cuarto pico.

Contar con cerca de 20 millones de personas inmunizadas en un país de 50 millones de habitantes no es suficiente.

“Estamos con casi 20 millones de vacunados, que es muy bueno, pero esa cantidad no alcanza para mermar la pandemia en el país, ya que es sólo un poco más del 50 por ciento de lo que se planteó haber logrado para esta fecha. Por eso se debe llegar a los 37 millones de personas vacunadas a final de año”, y así empezar a abonar para lograr la inmunidad e rebaño, que es la pretensión del Gobierno, destaca Bayona.

POBLACIÓN EN RIESGO

De acuerdo con datos epidemiológicos, se prevé que los más afectados en el cuarto pico de la pandemia en Colombia sean menores de 50 años y quienes aún no estén vacunados, sin importar el grupo etario.

Hace una semana, el viceministro de Salud, Luis Alexander Moscoso, hizo un llamado a agilizar la vacunación y retomar las medidas de aislamiento con el objetivo de postergar más aún la llegada de la cuarta ola, ya que empiezan a observarse “ligeros incrementos” de contagios en departamentos como Magdalena (norte) y aumentos en la ocupación de unidades de cuidado intensivo (UCI) en territorios donde predomina la variante delta.

“Tenemos, por ejemplo, el departamento de Antioquia (noroeste) con 1,73 de tasa de ocupación por 100.000 habitantes, Valle del Cauca (suroeste), con 1,60, Atlántico (norte), con 2,02 y tenemos Norte de Santander (nordeste), con 3,65. Estos departamentos tienen una presencia alta de delta”, expuso Moscoso.

El temor, desde luego, es que las UCI lleguen al punto del colapso como ocurrió en el tercer pico, aunque eso parece poco probable.

“Las razones de seroprevalencia y vacunación que se tienen ahora dan para pensar que la ocupación de UCI será mucho menor que en el tercer pico”, dice Bayona.

De todas formas, el país debe estar preparado para esta nueva ola, confiando en que paulatinamente la pandemia pase a ser endemia, y entonces se volverá tan común como una gripe. 

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