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¿Crear o no crear? He ahí el dilema…

La tecnología es cómplice del afloramiento del sector cultural y del área de la invención tecnológica, provocado por la necesidad humana de no sentirse aislado por las medidas sanitarias y el surgimiento de autoritarismos en muchas zonas del mundo.

Por: Cristian Alexis Vega Canasteros.

Cuando recién empezaba este año, nadie sospechaba que un virus sería capaz de paralizar a todo el planeta, y de mantenerlo en la constante zozobra en la que vive. Durante los últimos meses, el coronavirus ha generado una disputa entre los expertos del área sanitaria que creen firmemente que la humanidad podrá soportar mucho más tiempo aislada y refugiada en sus hogares (a pesar de los comprobados efectos que esto tiene en la salud mental de las personas). Por su parte, los pragmáticos en el poder piensan cómo volver a acelerar el desarrollo de sus países sin que esto traiga un elevado contagio y de defunciones a causa de esta enfermedad. En menor medida, están los conspiranoicos que afirman que todo esto hace parte de un engranaje maquiavélico para frenar la globalidad y retroceder a la humanidad a tiempos oscuros.

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Mientras estos sectores siguen en la polémica sobre cómo se deberán acomodar los casi ocho mil millones de habitantes de este cuerpo planetario después de que se levante la declaratoria mundial de emergencia causada por esta pandemia, los artistas y creadores no han puesto en pausa sus proyectos, aunque esto implique dar un vuelco a sus actividades y prescindir momentáneamente de la calidez del público presente para cambiarlo por plataformas virtuales como escenario seguro para su arte.

En estos tiempos tormentosos, la creatividad ha aflorado de manera sorprendente: de los grandes conciertos con aforo completo pasamos a sesiones íntimas y a video presentaciones premium; de las salas de cine al retorno de los auto cinemas y a la intromisión de las plataformas digitales como Netflix, Prime Video y la recién llegada Disney Plus; de las salas de teatro a la experimentación visual; de las galerías de arte a la realidad virtual. Sin duda, la tecnología es cómplice de este afloramiento del sector cultural y del área de la invención tecnológica, provocado por la necesidad humana de no sentirse aislado por las medidas sanitarias y el surgimiento de autoritarismos en muchas zonas del mundo, y, ante todo, la necesidad de mantener la alegría, la esperanza y de aprovechar el tiempo que ha quedado libre luego de la suspensión de facto de la vida cotidiana como la conocíamos.

Más allá de la afloración momentánea de estas tendencias culturales que, en cierto modo, han ayudado a paliar la ansiedad y desesperación de las personas ante un porvenir cada vez más incierto y tormentoso, ¿cuál será el futuro de esta industria en medio de una posible sociedad distópica y cuál será el rol de los artistas y creadores latinoamericanos? 

DATÉATE indagó estos posibles escenarios, de la mano del periodista y docente de UNIMINUTO Bogotá – Presencial, Noe Pernía, experto en temas de comunicación y mercadeo, que ha apoyado la formación de nuevos emprendimientos en el campo comunicacional. 

Él asegura que los artistas no han sido ajenos a esta incertidumbre que afecta a toda la humanidad, dada la afectación que las medidas de control del virus han traído sobre las actividades culturales y de entretenimiento, pero está convencido que esta etapa conllevará a la transformación de este sector con miras a lo que será la poscontemporaneidad: “Toda situación de crisis históricamente ha puesto a prueba a los sectores creativos, en cualquier época y en cualquier cultura. Platón odiaba la escritura porque a su juicio impedía el movimiento del logos, de la dialéctica conversacional que era el mecanismo que los filósofos ponían en práctica para llegar al conocimiento de la verdad. Pero gracias a la escritura nosotros hoy, por ejemplo, podemos leer La Ilíada y la Odisea, las tragedias griegas, el derecho romano y todo el pensamiento de la antigüedad clásica que fundó eso que hoy conocemos como “Occidente”. Siglos después, la aparición de la imprenta en Europa desacralizó el texto que antes era un aparato de lujo, de culto y ritual, asequible solo para los señores; se vulgarizó la lectura y en el siglo XVI la plebe compraba novelas y poemarios por montones, mientras los sectores más conservadores seguían creyendo que el libro acabaría con el intelecto. El Renacimiento y el Barroco Español inventaron la novela en castellano que aún hoy nos deslumbra. Lo mismo ocurre con el ecosistema digital: la pandemia abrió la caja de pandora del paroxismo y la lujuria tecnócratas, fortaleció la industria de los bulos y aceleró la reconfiguración del mundo laboral con sus efectos nocivos sobre el desempleo, pero las aguas volverán a su cauce y las sociedades gestionarán sus propios equilibrios”, afirma Pernía.

La duda de este académico y reportero, con amplio bagaje en el campo comunicacional en América Latina y Europa, es saber cómo los países hispanoamericanos, cuya mayoría venían afrontando una crisis aguda antes de la pandemia, podrán brindar las herramientas para la recuperación del arte, la cultura y la invención, así como de otros sectores económicos y sociales: “el problema acuciante para las industrias creativas en Iberoamérica no es ni siquiera la pandemia sino la brecha digital, el acceso al conocimiento y a los bienes intangibles de la cultura que consagran la UNESCO y el Foro Mundial de la Sociedad de la Información desde hace más de dos décadas. La pandemia, a mi juicio, pone en el horizonte una pregunta de la que todos los días tratamos de hallar la respuesta: ¿qué estrategias tenemos que diseñar para darnos un piso en ese futuro que ya hoy es presente?”.

El académico venezolano considera que la recuperación latinoamericana, más allá de los escenarios culturales, dependerá de cómo desde la academia se pueda formar una nueva generación de personas que ante todo sean autocríticos y puedan vislumbrar la funcionalidad de la comunicación, para aportar en mejorar la calidad de vida de las personas, y para que no se aten a los engranajes de poder ni invisibilicen todo lo que no esté acorde a dichas estratagemas del control y del poder: “La recuperación es posible solo con impacto social, y este solo existe si es parametrizable, si se lo puede calibrar, es una de las tareas imprescindibles de las ciencias sociales para discernir la eficacia de un fenómeno, y esto lo tienen más claro en las universidades anglosajonas que en las nuestras de la América hispana (…) Y esto nos involucra como universitarios, porque una de las discusiones pendientes que tenemos en la academia es la realidad del impacto social, que ha sumado tantísimos heraldos en las redes de la educación superior. (…) Pocos se dan cuenta de que la ausencia de autocrítica es uno de los motivos de la crisis de las ciencias sociales que desde hace años nos interpela por nuestra incapacidad para dar respuesta a las urgencias ciudadanas, porque en algunos círculos hay gente que ha asimilado que ciencia es igual a ideología y allí es cuando el discurso sustituye a la medición, palabra esta última que en algunas tribus docentes del mundo hispano se la señala de herética por neoliberal. Por esa razón, muchos consideran que medir el impacto social es un exabrupto.” Este comunicador enfatiza respecto al silencio que se ha generado sobre cómo la autocrítica desde las ciencias sociales ha llegado a tal punto de satanización a favor de principios de supresión de la discrepancia y la libre opinión.

Respecto al enfoque que deberá tener la industria creativa y cultural en América Latina, Pernía ratifica que debe virar hacia el componente social, enfocándose en aportar a la sociedad sin sacrificar la sostenibilidad ni la viabilidad económica de estos proyectos: “El futuro de las industrias culturales no depende de la pandemia sino de nuestro proyecto de educación superior. Creo que el núcleo del problema no es el covid–19, este trance de salud pública ha quitado velos y continuará derribando fachadas por una razón muy sencilla de entender, la economía se estrecha y el dinero, que siempre es cobarde y huye al más mínimo vestigio de conflicto, se está haciendo cada día más escaso y difícil de ganar. La pregunta antes que todo debería ser esta: ¿Cómo enseñamos a nuestros estudiantes, a nuestros jóvenes, a crear estrategias que sin salirse de las industrias culturales también apunten a un horizonte de sustentabilidad, de arancelización, sin sentirse mal porque están ganando el dinero con el que pueden pagar el alquiler, las pólizas médicas y comprarles comida a sus familias? A mis alumnos les enseño que el cambio social, como dijo Juan Pablo II en 1986, comienza por ti mismo, desde tu casa. Si tú eres capaz de poner a prueba tus talentos y diseñar un producto creativo que aporte a la sociedad y te ayude a poner el pan sobre la mesa, desde ese mismo instante te conviertes en agente de cambio”. Pernía define como modelo de éxito la labor que el Minuto de Dios realiza por más de 60 años, de la mano de su fundador el Siervo de Dios Rafael García-Herreros, su actual director, el Padre Diego Jaramillo y todos quienes hacen parte de esta Obra de acción social emprendida por la Iglesia católica: “El ejemplo lo tenemos en casa con el padre Rafael García Herreros, fundador del sistema Minuto de Dios y a quien poco se cita en las aulas siendo el primer modelo de impacto social que deberíamos de tomar como ejemplo, porque convirtió un lodazal que servía de potrero en un vecindario con casas de cemento, jardines y calles asfaltadas para los bogotanos más pobres, ellos aprendieron que la dignidad, la economía y la cultura no son una condición exclusiva de los estratos altos, se los demostró un sacerdote visionario”. 

Finalmente, el profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de UNIMINUTO Bogotá – Presencial, insiste que la industria inevitablemente se enfocará hacia la digitalidad, que será el reto principal del continente hispanoamericano, pero confía en la capacidad que nuestra industria tiene de proyectarse hacia el escenario global desde el discurso local. Además, señala que la Cultura desde la perspectiva industrial y económica, será una de las que mejor saldrá librada de la pandemia ante la inexorable conexión del hombre con su identidad, pero que, inevitablemente, los hábitos de consumo se transformarán constantemente, y como en la ley de la selva, solo aquel que sepa aprovechar mejor sus fortalezas será quien sobreviva: “No puedo dibujarte un panorama porque no tengo una bola de cristal, pero pondero las fortalezas y las debilidades: desde mi punto de vista ganan las fortalezas, pero no sé qué tan capaces seamos de modular las debilidades. Como sujetos de cultura siempre conectaremos por algún lado con las industrias creativas, no desaparecerán, lo que desaparecerán son ciertos hábitos de consumo, cambiarán las expectativas de los consumidores y las exigencias de una realidad que debemos seguir discutiendo como cientistas sociales”, es la apuesta final de este docente y reportero.

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