Educación e innovación: la fórmula social que transforma el Suroccidente colombiano

Educación, innovación social, acción humanitaria y alianzas entre empresas, academia y comunidades están configurando nuevas oportunidades de desarrollo en territorios históricamente afectados por la pobreza, el aislamiento y la violencia.

En el suroccidente colombiano, transformar el territorio significa mucho más que construir infraestructura. Implica generar confianza, abrir oportunidades y lograr que distintos actores de la sociedad trabajen en una misma dirección.

Esa es la apuesta que Santiago Moreno identifica como uno de los principales aprendizajes del trabajo de la Obra Minuto de Dios en regiones como Nariño y Putumayo: la sinodalidad, entendida como la capacidad de caminar juntos, puede convertirse en una herramienta concreta para enfrentar las brechas sociales y construir soluciones sostenibles.

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En territorios donde durante décadas la presencia institucional ha sido insuficiente, la articulación entre empresarios, comunidades, academia, organizaciones sociales y entidades públicas permite convertir las necesidades más urgentes en proyectos de largo plazo. En este escenario, la educación aparece como uno de los principales puntos de encuentro.

La educación como motor de transformación

La expansión de UNIMINUTO en Nariño refleja una apuesta por llevar educación superior y formación para el trabajo a territorios donde las oportunidades históricamente han sido limitadas.

En Pasto, la institución inició actividades en 2013 con cerca de 200 estudiantes. Para 2026, el impacto proyectado alcanza alrededor de 9.000 personas, mientras que cerca de 6.000 graduados han pasado a formar parte del tejido productivo de la región.

En Ipiales, una alianza con la Cámara de Comercio permitió avanzar en un hito para la educación de la frontera: la formación de los primeros 30 estudiantes de posgrado de la región, una experiencia que busca elevar las capacidades profesionales y empresariales del territorio.

En Tumaco, el Liceo San Andrés, operado por concesión de la Secretaría de Educación Municipal durante 12 años, representa otra dimensión de esta apuesta. Allí, 1.256 niños y jóvenes encuentran en la educación una posibilidad concreta de construir un proyecto de vida en una región marcada por profundas dificultades sociales.

Guaitarilla, por su parte, muestra cómo la formación puede responder directamente a las necesidades económicas de un territorio. Su enfoque en desarrollo agrícola y construcción se complementa con la formación especializada en maquinaria amarilla, apoyada por la familia Solarte y equipada con simuladores Caterpillar.

La apuesta es sencilla, pero profunda: formar para las necesidades reales del territorio y conectar el conocimiento con oportunidades concretas de empleo y desarrollo.

Escuche la entrevista completa con Santiago Moreno
Santiago Moreno, abogado y asesor de la Obra El Minuto de Dios.

Cuando llevar ayuda también significa construir futuro

En la costa Pacífica nariñense, la geografía se convierte en uno de los principales obstáculos para el desarrollo. En municipios palafíticos como Mosquera, el desplazamiento depende de rutas fluviales y marítimas, con costos que pueden llegar a los 300.000 pesos por trayecto.

En estas condiciones, llevar alimentos, medicamentos, elementos de primera necesidad o equipos para proyectos sociales exige una capacidad logística que va mucho más allá de la asistencia tradicional.

La Obra Minuto de Dios ha denominado esta capacidad una “logística de la esperanza”.

Tras el sismo del 10 de agosto de 2026, se gestionaron 95 toneladas de ayuda humanitaria destinadas a comunidades de Quibdó, Pizarro, Istmina y el Pacífico nariñense. A esto se suma un plan de acción para 2025-2026 que contempla la entrega de 12.000 kits de ayuda en 13 municipios costeros de Nariño.

La instalación de una ludoteca infantil en Mosquera, con apoyo de la Fuerza Aérea, y las alianzas logísticas con empresas como Servientrega muestran que la respuesta humanitaria puede convertirse también en una puerta de entrada para proyectos de desarrollo sostenible.

La solidaridad, en este modelo, no termina cuando se entrega una ayuda. Es el primer paso para recuperar capacidades y construir autonomía.

Energía limpia para territorios que buscan nuevas oportunidades

En la cordillera nariñense también se está desarrollando otra apuesta: utilizar la formación técnica y la transición energética como herramientas de transformación territorial.

En Remolinos, municipio de Taminango, una zona que ha enfrentado históricamente dificultades relacionadas con la presencia de actores ilegales y el control de corredores estratégicos, el TEC Minuto de Dios desarrolla procesos de formación en instalación de sistemas de energías renovables.

En alianza con la empresa Evolti y bajo la dirección de José David Tobar, 16 operarios hacen parte de esta primera experiencia de capacitación.

La propuesta combina formación técnica con desarrollo rural sostenible. El modelo plantea el denominado doble uso del suelo: mientras los paneles solares permiten generar energía, las áreas inferiores pueden aprovecharse para cultivos campesinos tecnificados.

La idea es que la transición energética no sea solamente un cambio tecnológico, sino una oportunidad económica para las comunidades.

Son, en palabras de sus impulsores, las “gafas de El Minuto de Dios”: atender las necesidades urgentes del presente sin perder de vista la sostenibilidad del futuro.

Putumayo: de la reconstrucción a la bioeconomía

En Putumayo, la experiencia de Mocoa demuestra que una tragedia también puede convertirse en una oportunidad para reconstruir con una visión de largo plazo.

Después de la avalancha de 2017, el proyecto Nueva Esperanza avanzó en la reconstrucción habitacional de familias afectadas. La primera fase, compuesta por tres torres de apartamentos, fue entregada en 2020, incluso en medio de las dificultades provocadas por la pandemia.

Pero la transformación del territorio no se limita a reconstruir viviendas.

La mirada se extiende hacia la bioeconomía amazónica y las posibilidades productivas del piedemonte selvático. En el marco de la Zona de Integración Fronteriza Ecuatoriana Colombiana, un corredor que reúne aproximadamente 3,2 millones de personas, se proyectan nuevas oportunidades de integración económica y social.

En Puerto Leguízamo y Puerto Asís, 104 familias campesinas han avanzado hacia procesos de transformación y comercialización de frutos secos, buscando pasar de una economía de subsistencia a modelos productivos con estándares de mercado.

La apuesta parte de una convicción: la Amazonía puede generar riqueza y oportunidades para sus habitantes sin que su desarrollo dependa de la destrucción de los ecosistemas.

La confianza también transforma territorios

Detrás de estos proyectos existe un elemento que resulta menos visible, pero que puede ser determinante: la confianza.

Para Santiago Moreno, la credibilidad construida por la Obra Minuto de Dios durante décadas facilita la articulación con empresas, comunidades y organizaciones que buscan que sus aportes se conviertan en resultados concretos.

Esa confianza adquiere especial importancia durante las emergencias.

Tras el terremoto de agosto de 2026, empresas regionales como Montagas S.A. e Inversiones Pasto canalizaron más de 40 millones de pesos para apoyar a comunidades afectadas en Cali, Risaralda y Chocó.

El aporte empresarial se suma a una red de organizaciones y personas que entienden que responder a una emergencia requiere coordinación, transparencia y capacidad para llegar rápidamente a quienes más lo necesitan.

Caminar juntos para transformar

La experiencia del suroccidente colombiano deja una conclusión: los grandes desafíos territoriales no pueden resolverse desde una sola institución.

La educación necesita de las empresas.
La innovación necesita de las comunidades.
La acción humanitaria necesita de la logística.
La transición energética necesita de la formación.
Y el desarrollo necesita de la confianza.

Por eso, la sinodalidad adquiere una dimensión que trasciende lo religioso: se convierte en una manera de entender la transformación social.

En Nariño y Putumayo, educación, solidaridad, innovación, emprendimiento y cooperación están construyendo nuevas posibilidades para territorios que durante años han enfrentado exclusión y violencia.

El reto ahora es sostener esas alianzas y convertirlas en procesos de largo plazo.

Porque para que el suroccidente colombiano permanezca de pie no basta con atender las emergencias. Hay que caminar juntos para construir las oportunidades que permitan que las comunidades puedan sostenerse por sí mismas.


Si quiere profundizar el día a día de las acciones de la Obra de El Minuto de Dios, escuche de lunes a viernes de 11 a 12 del día el programa de radio RenovAcción por Emisora Minuto de Dios Bogotá 107.9 FM y en UNIMINUTORadio.com.co

| Nota del editor *

Si usted tiene algo para decir sobre esta publicación, escriba un correo a: jorge.perez@uniminuto.edu

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