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El artífice de la primera llamada comunal

Partió en busca de nuevas oportunidades que en el campo no podría encontrar, sin imaginar que se convertiría en un destacado líder sindical.

Por: Zulay Ximena Villamor Hernández.

El 14 de diciembre de 1942 nació en Arcabuco Boyacá Clímaco Hernández Hurtado, que a sus 13 años salió de su hogar ubicado en la vereda de Quirbaquirá con rumbo hacia Moniquirá. Atrás quedaron tristes sus padres, Dositeo Hernández y Waldina Hurtado, y sus hermanos Solón, Lucinda Blanca, Teresa y Fabio. Partió en busca de nuevas oportunidades que en el campo no podría encontrar, sin imaginar que se convertiría en un destacado líder sindical.

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Teresa Hernández, 68 años, hermana: “Clímaco le ayudaba a mi padre con todas las labores. Trabajábamos en agricultura, y a diario vendíamos comida en la carretera, que luego llevaban a Moniquirá, Barbosa y lugares cercanos. Un día, un señor que tenía una fábrica de dulces y que venía a recoger la leche para hacer bocadillos, le ofreció a Clímaco un trabajo con él en Moniquirá. Allá trabajó por tres años, y cuando cumplió 16 años decidió irse para Duitama, en donde estaba mi hermano mayor, Solón, que convenció a Clímaco que se fuera, con el argumento que lo ayudaría a ingresar como celador en la Escuela La Piloto. Era muy simpático, tuvo algunos amoríos, pero se enfocó siempre en su lucha por el bien de los demás.

Muchas veces le propusieron ser concejal y nunca aceptó porque decía que no servía para estar sentado, y que prefería hacer otras cosas. Fue conservador y godo hasta morir. Recuerdo que cuando trabajaba en el colegio empezó a llevar la energía mediante plantas eléctricas a diferentes lugares que traía de Bogotá, luego las llevaba a Yopal y a otros pueblos. Cuando hubo luz en los pueblos inició con el alquiler de las radiolas en las tiendas; los dueños de estos lugares con el tiempo notaban que vendía más con música y resultaban comprándoselas”.

Wilfrido Villamor Torres, 48 años, yerno. “En el año 83 cuando lo conocí, había comprado un terreno en el barrio Rincón del Cargua; nuestro barrio tenía muchas necesidades y carecíamos de servicios públicos. Por su liderazgo y ayuda convocó a los habitantes y propuso la gestión del alumbrado a todas las casas del sector; consiguió apertura de vías que dieran paso a toda la comunidad, trajo el alcantarillado y servicio de agua potable. Hizo que todo fuera un trabajo en equipo. Con venta de empanadas, rifas, reinados y muchas actividades, fue posible construir el salón comunal. Por él conocimos el primer teléfono, lo trajo para el servicio de la comunidad, estaba ubicado en el salón comunal; por un parlante le avisaban a la gente que tenía una llamada, había que acercarse y esperar unos minutos para que volvieran a llamar. Le agradeceré siempre su constante trabajo para que creciéramos como comunidad, en especial que me ayudó a estudiar en el Rafael Reyes: siempre anhelé ingresar ahí por ser el mejor colegio de Duitama”.

Joban Hernández, 58 años, sobrino y compañero de trabajo: “Clímaco se destacó por ser un gran colaborador y excelente líder comunal. En su mente estaba presente ayudar a su comunidad. Estuvo durante tres décadas a cargo de las juntas de acción comunal, logró recoger recursos económicos para ayudar en la construcción de algunas aulas en centros educativos como El Colegio la Presentación, el Rafael Reyes y otros. Nunca hacía las cosas por beneficio personal sino en beneficio común; trabajaba con honestidad y transparencia. Fue presidente de la vereda de Quirbaquirá, un luchador en pro de los campesinos. Logró la atención que su comunidad merecía por parte de los líderes de la ciudad. Con el Doctor Juan B Pérez y Humberto Ávila consiguieron los recursos para llevar la electrificación a tres veredas. Gestionó la construcción de la capilla Casa Blanca para que sus fieles no tuvieran que desplazarse hasta el pueblo, para que el sacerdote contara con un lugar al cual llegar para celebrar eucaristías.

Durante 40 años se desempeñó como celador en la Piloto, luego en el Rafael Reyes y en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia seccional Duitama. Fue apoyo de las necesidades que se presentaban en la UPTC: les colaboró a estudiantes, profesores, secretarias y trabajadores de la Universidad en la búsqueda del bien común.

Se destacó como líder sindical de la UPTC, ayudó a muchos en la Junta Directiva del Sindicato de Trabajadores Oficiales, logrando que las personas que tenían contratos laborales y con sueldo mínimo, pertenecieran a la planta de trabajadores oficiales. Luchador de huelgas donde obtenía conquistas laborales como incapacidades remuneradas, servicios médicos, quirúrgicos y hospitalarios, para que tanto el trabajador como su familia fueran beneficiarios. Logró que los trabajadores pudieran prepararse y educarse en colegios y en la misma Universidad, y que tuvieran cinco días de descanso. Fue elegido como representante ante diferentes congresos que se hicieron en Medellín y Cali organizados por la CGT, UTC y UTRADEC donde nos representó dignamente a todos los trabajadores de Colombia”.

Nubia Hernández, 48 años, hija. “Mi papá siempre fue un gran hombre, formó un excelente hogar con mi madre, Lucía Rincón, y mis tres hermanos. Nunca dejó de velar por nuestro bienestar. No tuvimos muchas comodidades pero jamás nos faltó algo. Me inculcaba a salir adelante cada día, a luchar por mis ideales y a defender mis derechos. En los pilares de su enseñanza nunca faltó el respeto, la responsabilidad y la honestidad. Si sus ganas de apoyar y ayudar a los demás a garantizar una vida de calidad eran inmensas, su deseo por darle lo mejor a nuestra familia y el amor que nos brindaba fue incalculable. Siempre quiso que fuéramos empresarios y no quería que creciéramos para ser empleados, así que un día decidió vender una finca para invertir el dinero en la compra de máquinas para conformar una empresa familiar de ornamentación, donde mis hermanos pudieran trabajar, y a mí me compró una máquina de coser para que iniciara mi emprendimiento.

Lo que tenemos, en gran parte es gracias a él. Siempre quiso vernos surgir, y a diario nos motivaba a tener nuestra propia casa. Recuerdo que decía: “mis hijos nunca van a pagar arriendo”, así que nos colaboró con la construcción de nuestras viviendas.  No había momento que no ayudara en sus necesidades a las personas que recurrieran a él, aunque nunca regaló nada: él no daba el pescado, enseñaba a pescar. Ponía a su servicio sus contactos políticos, sindicales y familiares a quien lo necesitara, su ayuda no tenía límite. Ayudaba a los padres de familia a conseguir el ingreso de sus hijos a colegios, conseguía puestos de trabajo en diferentes empresas y entidades como la Electrificadora de Boyacá, el Seguro Social, en la UPTC, en puestos municipales, en la Alcaldía, entre otros.

Era un hombre de carácter fuerte, decidido, transparente en su actuar, sin miedo de decir lo que pensaba. Nunca se dejó manipular de nadie. Admiraba su poder de convencimiento y oratoria con el que convocaba a muchas personas; era buscado por muchos políticos que luego le retribuían su ayuda con obras en beneficio de las comunidades.

En su paso por la universidad consiguió recursos para comprar un terreno en Moniquirá donde es la Sede Social Campestre del Sindicato de Trabajadores Oficiales de la UPTC. Como fundador dejó en el reglamento que los beneficios fueran también para las familias de los fundadores, herencia que seguimos disfrutando. Su legado fue tan grande que, en su memoria, el auditorio donde se celebran los grados en la sede principal de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia lleva su nombre: “Auditorio Clímaco Hernández”.

Lastimosamente uno es útil y reconocido por la sociedad mientras le sirva: en sus últimos años de vida él padeció de Alzheimer y demencia senil que lo tuvo postrado en una cama por más de 4 años: desde que mi papá se enfermó dejó de existir para los demás. Supongo que el mayor error fue creer que por su enfermedad el único que olvidaría a su familia y todo lo que logró sería él. Esto me llena de nostalgia, lo irónica que puede ser la vida; con el paso del tiempo y el deterioro de su enfermedad fueron muy pocas las personas que se acordaron de él y lo visitaron sin importar que hubiera perdido la noción del tiempo. A diario le agradezco a Dios y a la vida por haberme dado a los mejores padres, y a pesar de que ya no están conmigo, su recuerdo y legado nunca desaparecerán de mi vida”.

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