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El coronavirus, un riesgo más para el cáncer

Melissa Ramírez es una adolescente de 17 años que fue diagnosticada con astrocitoma anaplásico grado III en 2014 a la edad de 10 años, un tipo de cáncer que se forma en las células astrocitos albergadas en el cerebro o en la médula espinal. Antes de la crisis Melisa manifestó dolores de cabeza extremos, mareos, vómitos, entre otros síntomas.

 Por: Anny Julieth Ramirez Riaño


Melissa cursaba el quinto año de primaria, y un día cualquiera que jugaba con sus amigas en el salón empezó a convulsionar, perdió la vista y empezó a temblar. Al llevarla a la enfermería comprendieron que se trataba de una situación grabe. De inmediato avisaron a la casa para que la recogieran. Su abuela, creyendo que era un simple dolor de cabeza, mandó a su nieto mayor por su hermana. La madre de Melissa, Lucy Riaño, que trabaja como asistente administrativa de un colegio fuera de Bogotá y es madre cabeza de hogar, inmediatamente fue avisada de la emergencia.

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Fue trasladada al Hospital de Engativá, donde le indicaron a la madre que Melissa debía ser llevada de inmediato a otro hospital porque allí no tenían los equipos necesarios para establecer un diagnóstico exacto. Ya en la Clínica Shaio le informaron a Lucy que su hija tenía cáncer, y El 9 de abril se le realizó una intervención quirúrgica en el cerebro que permitió retirarle el cuarenta por ciento de un tumor, pues el restante sesenta por ciento comprometía la movilidad del cuerpo. Desde entonces Melissa tiene que ir a quimioterapia cada 15 días de forma indefinida.


En marzo de 2020 la madre de Melissa, al comienzo de la pandemia entró en pánico. Por la época el Hospital San Ignacio le canceló las citas por la emergencia sanitaria. Aunque la quimioterapia no podría suspenderse, Lucy decidió no llevar a su hija por el miedo al contagio.


Según la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología, el diagnóstico de cáncer en el país se redujo en un treinta y nueve por ciento durante los primeros meses de 2020, situación que se explica por el miedo de las personas ante el temor de acudir a los hospitales a realizarse los exámenes de rigor. Del mismo modo la Organización Panamericana de la Salud informó que las consultas por telemedicina aumentaron en un sesenta y un porciento en ciento cincuenta y ocho países.


En este lapso Melissa no podía dejar de ser monitoreada por los médicos, ya que su diagnóstico es impredecible y en cualquier momento podía crecer el tumor que llevaba en su cabeza. A mediados de 2020 el hospital emitió un comunicado indicando que las consultas se realizarían de forma virtual para su seguridad.


Hoy en día Melissa cursa su último año de colegio, se traslada en un transporte asignado por la Nueva EPS para recibir su tratamiento y se hace control con sus 13 especialistas de forma presencial para checar su estado, teniendo en cuenta los protocolos de bioseguridad que solo permite en el consultorio la presencia del paciente y de su acompañante si es menor de edad. Día a día tiene consultas y exámenes, que la obligan a faltar a algunas clases.


Del otro lado de la ciudad vive un joven que comparte una situación similar, con la diferencia que no está en su país. José Andrés Acosta Petit llegó de Venezuela con su familia. Por la situación actual de su país tuvieron que emigrar a Colombia donde vive con su madre, su padre y su hermana de 10 años en una habitación arrendada por setecientos mil pesos, que se suman a los más de un millón ochocientos veinticinco mil venezolanos que se registraron con corte de 29 de febrero de 2020, según informe de Migración Colombia, siendo la nación con más refugiados provenientes del vecino país.


En enero de 2021 José Andrés empezó a presentar síntomas extraños como dolor de cabeza, malestar, fiebre y debilidad. Su padre, Atilio Acosta, lo llevó al Hospital Chapinero donde se retrasaron para proporcionarle los primeros auxilios por no tener documentos que los acreditara como ciudadanos colombianos. Al ver el estado crítico del joven los doctores decidieron internarlo por un mes.


En febrero fue trasladado al Hospital de Engativá donde permaneció internado un mes y medio. Allí le realizaron una biopsia junto con la prueba del Covid-19. El diagnóstico fue de leucemia linfoblástica aguda, caracterizada por el crecimiento anormal de linfoblastos que no evolucionan a linfocitos maduros, produciendo la caída de los glóbulos rojos, las plaquetas y los glóbulos blancos, que ocasionan anemia, sangrado o infecciones, en tanto que la prueba para Covid-19 salió negativa.


Luego del diagnóstico les comunicaron que José Andrés no podía permanecer más tiempo en ese hospital. Fue redirigido al Cancerológico de Bogotá. Por su situación como migrantes allí lo internaron durante 30 días, no sin antes pedirles el documento de salvoconducto que proporciona la Unidad Administrativa Especial de Migración, que les permite a los extranjeros permanecer en el país de forma temporal mientras soluciona su permanencia en el país, de lo contrario no podría recibir el tratamiento.


Tiempo después tramitaron este salvoconducto luego de lo cual fue afiliado a la EPS Capital Salud, promotora de salud del régimen subsidiado y contributivo. Desde entonces José Andrés ha recibido su tratamiento en el Cancerológico. Por fin fue internado el 31 de agosto de 2021 para recibir su tercer ciclo de quimioterapia. A pesar del confinamiento, los padres de José Andrés han llevado a su hijo a todas las consultas y tratamientos, que ha contado con seguimiento continuo de los especialistas y psicólogos durante esta etapa de su vida.

Actualmente su padre no tiene trabajo y su madre trabaja en lo que salga. Trasladan a su hijo en Transmilenio la mayoría de las veces por falta de recursos, que supone mayores riesgos para un posible contagio, más cuando la letalidad del Coronavirus en personas con cáncer aumenta en un trece a un veintiocho por ciento según estudios publicados en la revista británica The Lancet y Annals of Oncology, publicación oficial de la Sociedad Europea de Oncología Médica.


De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el cáncer le costó la vida aproximadamente a 10 millones de personas en 2020. La pandemia es un acontecimiento que tomó por sorpresa a cada persona, que cambió la vida de todo el mundo, pero la cotidianidad de estos niños sufrió una mutación, porque tienen que lidiar con la idea que su estado puede agravarse en cualquier momento, y con el miedo de contagiarse y de luchar con dos enemigos de magnitudes devastadoras.

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