Fotografía Cortesía quira-medios.

En la actualidad las comunidades indígenas en Colombia representan menos del 4% de la población, según la ONIC (Organización Nacional Indígena Colombiana) son 102 etnias, de las cuales, la mayoría son desplazadas por el conflicto armando. El gobernador indígena Kenny Francisco Daguara de la comunidad Misak Misak del Valle del Cauca habló en exclusiva sobre la lucha de los pueblos por no desaparecer de la identidad colombiana.

Naciones Unidas acabó de presentar el primer informe sobre la situación de 167 millones de indígenas del mundo. El informe fue elaborado por siete expertos independientes, producido por la Secretaría de Foro Permanente de Asuntos Indígenas, y presentado en simultáneo en nueve ciudades capitales,  Bogotá fue una de ellas. La ONU ha estado colaborando con distintos estados latinoamericanos para la preservación de su identidad cultural, para ello, la Convención  Internacional 169 se realizó la promulgación de la identidad patrimonial, como a su vez, sus derechos, y que en Colombia se encuentran en la ley 21 de 1991 basada de la convención o el artículo 3de la ley 4633 de 2011que cita el perdón, restablecimiento de la dignidad, aceptación pública y la reparación a las comunidades indígenas víctimas de la guerra. A pesar del proyecto erradicado por Juan Manuel Santos muchas comunidades presentan problemas de servicios básicos, representación jurídica, derechos y en especial restitución de tierras, que en los últimos años les ha costado la vida a líderes y gobernadores.

Kenny Francisco Daguara, Gobernador encargado del cabildo Misak Misak del Valle del Cauca, observa con preocupación como el patrimonio histórico de sus patriarcas desaparece por el olvido de su propio pueblo y pierden identidad estatal, según sus declaraciones: “Espacios que nos hemos ganado atra vez de marchas, paros y pronunciamientos al gobierno. En la medida de los años hemos perdido líderes y gobernadores por la restitución de tierras”.

A pesar del terreno ganado por la unidad de diferentes etnias y que el país posee una diversidad cultural que conserva férrea por sus respectivos pueblos, han sido uno de los sectores sociales más golpeados por la guerra y las malas decisiones gubernamentales, Daguara, narra que en el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) muchos de los cultivos de su comunidad fueron afectados por fumigaciones de glifosato, causando pérdidas alimenticias y la afectación de las madres gestantes de ese entonces.  Señala lo siguiente: “Nuestro cabildo se encontraba en una zona intermedia de la brigada del ejército y laboratorios de las FARC. Siempre nos negamos que nuestras tierras fueran tomadas como trincheras, a pesar de ello, los combates siguieron y el gobierno procedió a fumigar los cultivos de la guerrilla pero nunca tomaron en cuenta nuestros pronunciamientos Muchos niños estuvieron afectados por una guerra que no la originamos, pero que si nos vimos afectados”. Después de lo ocurrido el pueblo Misak se vio obligado a emigrar a otras ciudades, la capital, el epicentro de sus  esperanzas.

Estas mismas esperanzas comenzaron a surgir con la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y la ex guerrilla y ahora partido político FARC, junto con la creación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) , un tribunal de justicia transicional, lo que busca es entender el conflicto para evitar futuras replicas. También busca agilizar sentencias penales, buscar la reparación, no repetición y la verdad de un conflicto civil de más de 50 años. Varios casos de asesinatos de líderes indígenas han sido acogidos a la JEP, de igual manera, casos de despojos de tierras, entre otros. El gobernador enfatiza que una de las claves del tribunal “comprende los casos del conflicto armando según su demografía que es vital para comprender a cada pueblo, y la complejidad del problema”. Pero también criticó muchos puntos del acuerdo, en los cuales, según Daguara, no se cumple a cabalidad, entre ellos la reparación a las víctimas y la restitución de tierras.

Un legado cultural que permanecerá en la historia pero al parecer su propia nación ha ido omitiendo su legado. Desde hace más de veinte años líderes y lideresas llegan a Bogotá a pedir ayuda pero difícilmente son escuchados a pesar de ello, luchan por sus territorios y que no sean olvidados, nos recuerdan que su lucha,  sus tierras, su historia nace de un propósito de los pueblos indígenas y que se resume en una frase del pueblo Misak Misak:

“Esto es de nosotros y de ustedes también”

Periodista: Oscar Franco