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“El Estado nos abandonó, pero hoy tienen en curules a los que nos convirtieron en víctimas”

Nelson Baquero fue integrante de la Policía Nacional a la que ingresó en 1997. Un año más tarde fue secuestrado por las FARC en la Toma a Mitú, Vaupés perpetrada del 1 al 4 de noviembre de 1998.

Por: Mónica Tatiana Rodríguez Aponte.

Nelson Baquero es oriundo del municipio de Une en Cundinamarca; fue integrante de la Policía Nacional a donde ingresó en 1997 tras terminar su curso en la Escuela de Policía Rafael Reyes en Santa Rosa de Viterbo en el departamento de Boyacá. Un año más tarde fue secuestrado por las FARC en la Toma a Mitú, Vaupés perpetrada del 1 al 4 de noviembre de 1998.

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Mónica Rodríguez (MR) ¿Qué lo llevó a tomar la decisión de integrarse a la Policía Nacional?

Nelson Baquero (NB): En mi familia somos cuatro hermanos: María Ángela, la única mujer; Wilson, yo y Esneider, el mayor y el primero en decirles a mis papás que no quería quedarse en el pueblo trabajando con ellos en la casa. Fue determinante a la hora de tomar la decisión de ingresar a la policía; mi papá, Augusto Baquero, fue el más feliz cuando le pidió que lo apoyara con el dinero necesario para ingresar, mi mamá, Ángela Pineda, decía que lo apoyaba pero, “por debajo de cuerda” y a escondidas de mi papá; le decía que era mejor quedarse, también le hablaba sobre Elena, mi cuñada de ese entonces, advirtiéndole que le iba a dar muy duro que él se fuera. Pero para ser más directa, le decía que él era un flojo y que en la escuela eran muy exigentes. En palabras de mi mamá “Esneider no iba a dar la talla”.

Nada de esto le hizo cambiar de parecer a mi hermano. Se fue y nosotros nos quedamos terminando el colegio, yo era el próximo a graduarme e ingresar a una universidad era prácticamente imposible, pues la situación económica no era buena, pero tampoco me iba aquedar en el pueblo. Mi hermano salió de la escuela y lo mandaron para el Municipio de Albania en el Caquetá. Obviamente verlo independiente me daba alegría y verlo uniformado me daba orgullo, además de que su sentido de institucionalidad era tan grande que nos influenciaba. Definitivamente él fue una gran motivación para ingresar a la policía.

MR: Usted termina su curso en la Escuela Rafael Reyes y lo mandan para Mitú, a los pocos meses ocurre la Toma. ¿cómo fueron los días previos al ataque de las FARC y qué ocurrió el 1 de noviembre de 1998?

NB: A Mitú siempre le voy a tener un cariño inmenso, no solo por ser un pueblo resiliente, sino porque cuando llegué junto con mis otros compañeros, la mayoría teníamos entre 19 a 20 años y la gente nos trataba muy bien, e inclusive, nos tenían mucho respeto, a pesar de ser muy jóvenes. 

Mi trabajo en Mitú estuvo tranquilo hasta la Toma a Miraflores en agosto de ese año. Después de esa Toma por las FARC en el Guaviare, mi general Mendieta, que en ese entonces tenía el rango de Mayor y era el encargado de la Policía de Mitú, empezó a inquietarse por la posible incidencia de la guerrilla, no propiamente en Mitú, pero sí en algún municipio del Vaupés. Mi Mayor era consciente de que éramos muy vulnerables a sufrir lo que había sufrido el pueblo de Miraflores y, en el caso hipotético de una Toma, no íbamos a tener el pie de fuerza suficiente para defendernos.

Había gente que salía del Municipio y seguramente lo hacía porque tenían algún nexo con la guerrilla, sabían lo que iba a pasar. Esa noche antes del 1 de noviembre estuvimos muy intranquilos, pues ya llevábamos días con cierta zozobra.

Después de las tres de la mañana ingresó el Bloque Oriental con ametralladoras. Para esa hora no contábamos con más de 60 policías y ellos eran más de 1000. Creo que pasó una hora mientras ellos instalaban sus bloques de ataque, después empezaron a sonar los cilindros bomba y las bazucas mientras que nosotros solo contábamos con fusiles y granadas. Evidentemente el primer punto de ataque fue la Estación de Policía y allí fue donde más se encontraron cadáveres.

Después de más de 5 horas de enfrentamiento, se nos acabaron todas las municiones; estábamos agotados, habíamos visto morir a muchos compañeros, vimos cómo lanzaban cilindros a casas en donde se refugiaban algunos compañeros que ya no tenían municiones. A mí me tocó ver a un compañero desmembrado después de que impactaran con una bazuca al colegio del municipio.

Mi Mayor dio la orden de salir con las manos arriba porque la guerrilla nos advirtió que si no salíamos de la trinchera en donde estábamos, la iban a incendiar. En ese momento salimos derrotados y resignados, demostrando que no teníamos armas.

MR: Después de tantas horas de combate para terminar a merced de un grupo como las FARC, que había demostrado en Miraflores su sangre fría ¿Qué pasó por su cabeza en el momento cuando salen con las manos arriba ante los guerrilleros?

NB: Lo primero que pensé es que nos iban a matar porque había muchos de ellos filmando con cámaras de la época, generalmente veíamos grabando a mujeres muy jóvenes, prácticamente niñas. Cuando salimos, uno de los guerrilleros nos señaló la cámara y nos dijo que nos despidiéramos. Luego, nos formaron en la mitad de la calle dándoles la espalda, en ese momento tenía la certeza de que nos iban a fusilar, pero no. Nos llevaron en camiones y de repente, sin saber dónde estábamos, nos bajaron y con una descarada amabilidad “El mono Jojoy” nos recibió.

Yo diría que las primeras semanas allí era imposible dormir: nos servían vidrios en la comida, entonces nadie comía, había días cuando tocaba trasladarse de un campamento a otro en jornadas de caminatas interminables. Había épocas cuando la preocupación de pensar que me iban a matar y que mi cuerpo iba a ser abandonado en cualquier parte de la selva sin que mi familia me encontrara, eran pensamientos que me derrumbaban emocionalmente.

MR: Después de casi 2 años de cautiverio ¿Cómo se dio el proceso de liberación?

NB: La liberación se dio en 2001 gracias a un intercambio humanitario durante el gobierno de Andrés Pastrana con las FARC, debido al proceso de paz que se adelantaba en esa época.

Quien primero nos dio la noticia de una posible liberación fue Henry Castellanos, alias “Édison Romaña”, pero no le creímos. Después fue “El Mono Jojoy” quien lo dijo. Por último, escuchamos la noticia por voz de Herbin Hoyos en el programa radial “Las Voces del Secuestro” y ahí sí creímos. Allí explicaba que la liberación solo sería para policías de menor rango y para muchachos que prestaban el servicio al momento de ser secuestrados. Y por fin el primero de julio del 2001 me reencontré con mis padres y hermanos.

MR: El Pasado 26 de septiembre se cumplieron 4 años de la firma del acuerdo de paz, como víctima ¿Cuál es su balance sobre dicho acuerdo?

NB: Este proceso de paz nunca garantizó el cumplimiento de las partes entre guerrilla y Estado. Considero que la JEP y la Comisión de la Verdad se han ahorrado esfuerzos por reconocer a las víctimas y encontrar la verdad de los hechos. Por ejemplo, hoy en día todavía hay familias de desaparecidos en Mitú exigiendo una respuesta sobre qué pasó con estos policías y civiles

La Toma a Mitú tiene como uno de los responsables al Estado, porque abandonó a su fuerza pública en esta zona del país. El Estado nos abandonó, pero hoy tienen en curules a los que nos convirtieron en víctimas y ese rol no se quita nunca. Así como a estos guerrilleros se les dieron privilegios, estos privilegios deben ser retribuidos a las víctimas militares y civiles. 

MR: Por último, no puedo dejar pasar su opinión, como policía pensionado, sobre la percepción actual que tiene un sector de la sociedad hacia la policía.

NB: Sin duda existe una crisis institucional de fondo que debe ser resuelta con reformas, con capacitación y con trabajo mancomunado no solo entre la policía con la comunidad, también entre el Estado con su fuerza pública, por esto me refiero a que se deben fiscalizar más objetivamente cuáles son las fuerzas de mando que generan el abuso de poder dentro de la institución, porque si bien existe un abuso de poder, no general, en contra de la ciudadanía, también los policías rasos están sometidos de manera casi esclavizante a sus superiores. También se ha distorsionado el significado de pertenecer a esta institución, mire el ejemplo, en Mitú murieron más de 16 policías y 61 fuimos secuestrados por defender a la población, hoy en día no se le defiende, sino que se pelea con esta.

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