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El palo del ahorcado, un ejemplo de lucha y resistencia

Al sur de la ciudad de Bogotá se encuentra la localidad de Ciudad Bolívar, su llegada para muchos resulta una travesía, una aventura digna de realizar. Desde lo alto de la montaña se puede observar la grandeza de la capital, curiosamente ellos ven a toda la ciudad, pero nadie los ve a ellos.

Por: Lauren Franco

Desde abajo la cara de presentación de Ciudad Bolívar es un paisaje desértico. El contraste de los dos polos es evidente, al norte se levantan grandes montañas verdes, al sur el verde desapareció hace algún tiempo, ahora lo que queda son las huellas de la minería, que para sorpresa de muchos se realiza dentro de la capital del país.

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Al subir a la montaña la percepción logra romper la  larga historia de estigmatización que ha tenido esta localidad. Se encuentra con un lugar como cualquier otro en la ciudad, hay niños jugando en los parques, vecinos conversando entre sí, personas trabajando, buscando el diario vivir.

Pero hay un hecho que los diferencia, es imposible ignorar las volquetas que se desplazan por el lugar transportando los materiales de extracción, es difícil no ver el asentamiento de las mineras, no sentir el polvillo que deja esta actividad, no percibir que en el paisaje algo falta. A pesar de ser una montaña, de verde le queda poco.

Ciudad Bolívar cuenta con 8 UPZ (unidades de planeación zonal) que alberga más de 50 barrios, la mayoría de estos fueron poblados por personas desplazadas que huyeron de la violencia y que levantaron sus casas solos, la colaboración de los vecinos fue importante, cada uno era partícipe de la actividad del otro. 

Para el estado, barrios de invasión, para ellos, esperanza de vida. Al habitar la montaña, o la loma como la llaman, se encontraron con diferentes adversidades. No tenían un sistema de acueducto, la luz no llegaba hasta arriba, el gas mucho menos. La unión y valentía que caracteriza a sus habitantes los llevó a emprender una lucha para tener los servicios básicos y para su satisfacción lo lograron. 

Primero llegó el agua, después la luz y entre mucha espera y uso de cocinol (combustible usado para cocinar) los habitantes pudieron tener gas. Como es de esperarse, al sol de hoy esta no es una dicha que gocen todos los barrios de la localidad. Ciudad Bolívar es la localidad con el acceso a servicios básicos más bajo de la ciudad.

Desgraciadamente este no fue el final de sus problemas, la actividad minera había comenzado a inicios de los años 50 y a está se le suma el inicio del relleno sanitario Doña Juana en 1988, el principal vertedero de basura de la capital, con ellos los daños ambientales empezaron y los problemas de salud no dieron espera.

Entre esos lugares, un barrio se destaca. Al escuchar hablar de Potosí, uno de los 50 barrios de la localidad, es inevitable no pensar en el palo del ahorcado, su historia está llena de cultura y tradición, representa el símbolo de la esperanza, la espiritualidad para los habitantes, pero sobretodo de resistencia. 

Cada año, el viernes santo sus habitantes realizan el vía crucis hacia el palo del ahorcado, cargando una cruz que debe ser llevada por más de cuarenta personas y entregando sus vidas a la espiritualidad. Al llegar, las personas cuelgan sus crucifijos y rosarios en el palo del ahorcado, a pesar de que la cruz sea el mayor símbolo del cristianismo, para ellos es aún más importante entregar su espíritu a tan famoso palo. 

Sin embargo, este palo fue víctima de la minería en Ciudad Bolívar. El viernes santo del año 2015, la empresa “Canteras unidas la esmeralda” que se dedica a la explotación y extracción de materiales de construcción, como lo es la arcilla, cierra arbitrariamente la entrada al palo del ahorcado. “La gente se emputa porque este lugar es un centro de peregrinación muy importante, y ellos cierran la montaña” así lo menciona Andrey Téllez,  miembro de la mesa ambiental “No le saque la piedra a la montaña” y consejero ambiental de la junta de acción comunal de su barrio. Lograron entrar más de 20 mil personas después de que los sacerdotes solicitaron un permiso, y al ingresar se dieron cuenta de una noticia que les dio fuerza para resistir. “Le habían hecho un hueco de 2 mts x 2 mts de profundidad y le cortaron tres raíces importantes al palo del ahorcado” se refiere Andrey al hecho que les enseñó una manera de luchar y de resistir.

Los habitantes amenazaron con tomarse la alcaldía si no tenían una solución, pero al día siguiente se enteran de otra noticia trágica, una de sus vecinas murió al ser atropellada por una de las volquetas que bajaba de la cantera en la glorieta. Estos dos hechos de muerte, les da la valentía suficiente para ponerle un alto a la minería. Se reúnen tres juntas de acción comunal el domingo de resurrección, y deciden hacer un ejercicio de defensa del territorio, el lunes, se toman las principales vías por las que subían las volquetas y la noticia se convirtió en eco nacional. “La gente decía que no se iba de acá hasta que le solucionen” ¿qué hacemos? Era la pregunta, la solución, un campamento. Se toman la montaña desde el 6 de abril hasta el 6 de mayo y logran un triunfo que se vuelve un referente para la comunidad entera de Ciudad Bolívar. Lograron demostrar que la empresa “Canteras Unidas la esmeralda”, que operaba a menos de 200 metros del principal colegio del sector y que dejaba el polvillo esparcido por las aulas de clases, estaba haciendo uso de la extracción en suelo ilegal y se cerró la actividad minera de esta cantera.

El árbol no solo es un símbolo de espiritualidad, es también un emblema cultural y deportivo, un profesor del Instituto Cerros del Sur, se dio a la tarea de educar deportivamente a sus jóvenes, muy temprano los llevaba a practicar a la montaña donde se encuentra ubicado el árbol. “A las cuatro de la mañana estábamos practicando” relata una antigua estudiante del colegio. De ese árbol salen 3 campeones nacionales de marcha, que aún siguen representando al país en los distintos campeonatos, ellos junto con el profesor y la comunidad se dan a la tarea de construir una pista de atletismo para poder entrenar, no solo ellos, toda la población. La minería fue apagando poco a poco este emblema cultural y deportivo, las personas aún hacen su peregrinación anual en semana santa, pero no lo visitan con tanta frecuencia como lo hacían antes, los jóvenes ya no entrenan ahí, ya no elevan cometa ni hacen paseos a la montaña. La minería la llenó de polvo.

El letrero en la montaña, donde antes operaba la cantera, dice “Prohibido hacer minería en este lugar”, algunos habitantes no creen este hecho. Los habitantes denunciaron una posible actividad minera en la cantera, otros aseguran que la minería en este lugar cesó, que ahora es usada para otro tipo de actividades. Lo cierto es que lo que empezó con una peregrinación tradicional, terminó con ejemplo de lucha contra la minería.

La realidad es que el trabajo aún es grande. Potosí no es el único lugar donde se realiza actividad minera en la localidad. Según el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) el uso del suelo en ciudad bolívar se divide en seis actividades, una de esas es la minería que ocupa el 6.9% del suelo total. Ciudad Bolívar es la tercera localidad más extensa de la ciudad, tienen más de 700 mil habitantes y su extensión es de aproximadamente 12 mil hectáreas. El 73% de la superficie total de la localidad es rural, posicionándola en la localidad con mayor extensión rural en la ciudad, y es justamente ese atractivo lo que lleva a que se consoliden a inicios de los años 50 las empresas mineras en la localidad.

La minería empezó como un proyecto simple cerca al río Tunjuelo, donde las extracciones de materiales de construcción aún no eran del todo evidentes para sus habitantes. El veedor local de Ciudad de Bolívar, Juan Quintero, asegura que mediados de los 60 grandes empresas comienzan a ver la gran riqueza de los suelos de la localidad, Cemex y la fundación San Antonio, que pertenece a la arquidiócesis de Bogotá, comienzan a realizar las excavaciones, la profundidad de los huecos empezó a afectar considerablemente el paisaje y los residuos que dejaba esta actividad comenzó a llegar a los pulmones de sus habitantes.  

El funcionario público expresa que al pasar los años los habitantes presenciaron cada vez más de seguido el subir y bajar de las volquetas, cargando materiales que luego irían a Bogotá, como ellos la llaman, para construir las casas y edificios que disfrutaran los citadinos. Mientras abajo ven alzarse nuevos edificios y como sus casas adquieren una visión más moderna, arriba en Ciudad bolívar solo ven un paisaje maltratado por la explotación, unos niños que cada vez se enferman más, una gripa que no parece algo pasajero, como no lo es la minería.

“El tipo de minería que se realiza en la localidad es a cielo abierto, una de las más perjudiciales para el ambiente y para la salud. Consiste básicamente en remover la capa superficial de la tierra para hacer accesible los yacimientos que se encuentran en lo profundo de la tierra. En el caso de Ciudad Bolívar materiales básicos para la construcción, como la arcilla, arenas amarillas, rocas y recebo”. expresa la ingeniera ambiental de la Universidad Pedagógica Claudia Palacios

La académica expresa que no existe una minería que genere unos impactos tan grandes a nivel social, ambiental y a la salud como lo hace la minería a cielo abierto. El paisaje cambia por completo, como lo menciona Andrey “la cara de presentación de Ciudad Bolívar es una mancha amarilla”, el suelo se modifica, los cauces de los ríos son desviados, los problemas a la salud van aumentando cada vez más y símbolos culturales como el palo del ahorcado, se ven afectados.

El ministerio de ambiente expidió en el año 2000 un título para legalizar la actividad minera cercanas al río Tunjuelo, así mismo junto con la secretaría de ambiente justifican el uso del Parque Minero Industrial que limita con Usme y Ciudad Bolívar, un lugar donde se normaliza y legaliza la minería en Bogotá. Para ellos es muy simple, este parque abastece a la ciudad de los materiales de construcción necesarios para el desarrollo. “La planta de asfalto del distrito que distribuye los materiales para tener a la ciudad bonita, la tienen acá en Ciudad Bolívar”, enfatizando en la palabra “bonita” se refiere Andrey al Parque Minero Industrial. Este parque tiene alrededor de 30 concesiones mineras, donde se ve bien recibida la minería, en primer lugar y quizás el más importante para los habitantes, porque es una zona donde se le brinda trabajo a muchas personas, en una zona tan marginalizada es necesario un puesto de trabajo, así sea en un Parque que procesa muerte lenta.

La UPZ del Lucero, una de las zonas más marginadas de Ciudad Bolívar, tiene que pagar las consecuencias ambientales por partida doble. Por un lado, los desechos y residuos que genera el relleno de Doña Juana, y por otro el humo que desprenden los chircales que se encuentran en el Parque Minero Industrial, los chircales son conos de inyección donde se procesa la arcilla para convertirla en ladrillo. La comunidad “se chupa ese humo” comenta uno de sus habitantes, ocasionando enfermedades respiratorias. 

El Hospital Vista Hermosa, emite un informe donde dice que una de las causas de urgencia y consulta externa son enfermedades relacionadas con la respiración. Los problemas de salud relacionados con la minería a cielo abierto, son principalmente afectaciones a las vías respiratorios. La contraloría General de la Nación, en un congreso realizado en el 2012 sobre minería, asegura que el exceso a la exposición de las partículas generadas por la minería aumenta el riesgo de padecer enfermedades respiratorias, principalmente la bronquitis crónica. El riesgo está latente en esta comunidad y parece que el estado no interviene hasta que hechos infortunados sucedan. “Cierran los ojos y se tapan los oídos”.

La Agencia Nacional Minera, asegura que las regalías que deja la minería a Bogotá corresponden al 1%, en 10 años por ejemplo, la minería ha dejado unas regalías de 1200 millones de pesos, pero el distrito ha tenido que invertir 300.000 millones en los daños que ha dejado esta actividad en Bogotá. Dañan mucho, pero dejan poco.

La ingeniera ambiental, Claudia Palacios, asegura que para que una cantera entre un funcionamiento, debe expedirse una licencia otorgado por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) y cumplir con el Plan de Manejo y Restauración Ambiental, que pretende que una vez se acabe la licencia de explotación minera se recupere el suelo que ha sido afectado, claro está una utopía más. Actualmente, alrededor de 80 canteras no responden con este plan, sus dueños no aparecen, acabaron con todo y se fueron.

La lucha que el Palo del ahorcado ha desencadenado no ha acabado, hasta ahora empieza. Los miembros de la mesa ambiental No le saquen la piedra a la montaña piensan en grande, proponen la idea de crear el “Parque Ecológico Cerros Seco” donde se proteja 358 hectáreas de suelo que solo se dan en esta localidad y que se encuentra en vía de extinción. Pero además están en la lucha por detener la actividad de Cerro Colorado, la cantera más grande la ciudad de Bogotá, es esa mancha amarilla de la que relata Andrey, esa cantera que ha vuelto el suelo un desierto. 

De igual forma, el veedor loca asegura que resulta muy difícil para los activistas el  cfentrar la atención especialmente en este problema minero, resulta difícil cuando la población presenta problemas diarios, poco acceso a la educación, delincuencia y demás se le suman a la lista de adversidades, la minería es uno más de ellos. “Es difícil que la comunidad solo se centre en este problema, cuando tienen que vivir del día, los habitantes bajan todos los días a Bogotá, no a pasear, a trabajar y la minería es uno más de sus problemas” Comenta el miembro de la mesa ambiental, a pesar de eso el trabajo ha dado sus frutos, la comunidad comprende y entiende el daño que le ha ocasionado la minería a la localidad, y se une cuando tiene que ser necesario, el claro ejemplo cuando lograron cerrar a “Canteras Unidas la Esmeralda”.

Cerro Colorado es una lucha que sigue en pie, cerrar la cantera más grande de la capital del país no es tarea fácil, pero como el palo del ahorcado, sus habitantes seguirán luchando, resistiendo, así les cueste muchas de sus raíces. La lucha por la comunidad lo vale todo

“El palo del ahorcado es un ejemplo de lucha y resistencia, a pesar de no tener tres raíces, de haberle quemado una parte, sigue ahí, luchando, si él lucha, ¿Por qué nosotros no?” Andrey Tellez, miembro de No le saque la piedra a la montaña.

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