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El último muro de Europa, Chipre y Erdogan

La tensión diplomática entre la Unión Europea y Turquía volverá a aflorar en la reunión que la ONU celebrará a final de mes sobre el futuro de Chipre, donde "el último muro de Europa" divide desde 1974 a las comunidades griega y turca de la isla.

El encuentro sobre el futuro de Chipre propuesto por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, no tiene prevista la participación de la Unión Europea, que lo solicitó a través del jefe de su diplomacia, Josep Borrel. Esperando la respuesta de la ONU, un representante de la autoproclamada ‘República Turca del Norte de Chipre’ (RTNC), ente solo reconocido internacionalmente por Turquía, ha declarado que “la UE no tiene plaza en la mesa de discusiones”.

La isla mediterránea de Chipre, fue ocupada por el imperio otomano en el siglo XV hasta que pasó bajo administración británica en 1878, como gesto del sultán por el apoyo de Londres a Turquía en su guerra contra Rusia. Habitada por una mayoría de origen griego, desde su independencia en 1960, el territorio ha sido escenario de enfrentamientos entre las dos comunidades que la habitan, cada una con el apoyo de las “madres patrias” respectivas, Grecia y Turquía, enemigos históricos y actuales.

Estados separados o federación binacional

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En 1974, un golpe militar en Grecia, que pretendía anexarse la isla, recibió como respuesta una invasión militar el ejército turco que se instaló en la parte norte con más de 30.000 soldados para, según los representantes de Ankara, defender a la minoría turcochipriota. El conflicto se saldó con intercambio de territorios y de población y una isla dividida por una línea de 182 kilómetros. Cascos Azules de la ONU se mantienen desplegados entre las dos partes

En 1983, se proclama la República Turca del Norte de Chipre, solo reconocida por Ankara, que ocupa un 38 por ciento del territorio. Todos los intentos de reunificación auspiciados por la ONU han fracasado hasta hoy. El encuentro informal convocado por Guterres del 27 al 29 de abril en Ginebra (Suiza) tendrá lugar en el momento en que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, cuenta con la RTNC no solo como símbolo paradigmático de su política exterior expansionista, sino como plataforma y justificación territorial de sus prospecciones gasísticas en una zona reivindicada por la República de Chipre –reconocida internacionalmente y miembro de la UE desde 2004– por Grecia, y por Egipto.

La ONU apoya una república unificada binacional y bizonal, mientras que la parte turcochipriota defiende la existencia de dos estados separados. Las últimas elecciones celebradas en la parte turca –18 de octubre pasado– dieron la presidencia, por poco margen, al nacionalista pro-Ankara Ersin Tatar, que recibe el apoyo político y financiero de Erdogan.

Soldados turcos en la playa de Sofia Loren y Paul Newman

Poco más tarde, el presidente turco realizó una visita a un lugar simbólico de la partición de la isla, hecho que fue considerado como una provocación por parte de Nicosia, la capital chipriota, Atenas y la Unión Europea. Erdogan se presentó en la ciudad balneario de Varosha, en cuyas playas tomaron el sol en su día, Sofía Loren, Paul Newman o Brigitte Bardot, entre otros. Una zona hoy fantasma, que en los años 70 era conocida como la Saint Tropez del Mediterráneo y que durante 45 años ha permanecido tal y como sus habitantes grecochipriotas fueron obligados a abandonarla de un día a otro por el ejército turco.

Josep Borrel acusó entonces a Ankara de atizar la tensión en Chipre y de violación flagrante de los acuerdos de Naciones Unidas. Pero las amenazas de sanciones de la UE quedaron enterradas tras la cumbre de finales de marzo, en la que la diplomacia europea prefirió rebajar la tensión con Ankara, tras las escaramuzas entre fragatas militares griegas, turcas y francesas del pasado otoño. La UE decepcionó así a Chipre, pero quiere estar presente en las negociaciones de Ginebra porque, según su representante de relaciones exteriores, “la estabilidad y la prosperidad regionales en el Mediterráneo Oriental están estrechamente ligadas a una solución al problema de Chipre”.

Borrell quiso también dejar claro que la solución al litigio no puede depender de terceras partes, en referencia a Turquía. Una afirmación retórica pues está claro que Erdogan tiene ahora la sartén por el mango en lo que respecta a la postura de la RTCN en las negociaciones sobre el futuro de la isla. Chipre es una piedra más en el zapato de la UE, en su relación con Ankara.

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