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Elecciones en Perú con especial atención en el banco de suplentes

El proceso de segunda vuelta en Perú, del que emergerá un presidente este domingo, lleva una característica inédita: la relevancia de los candidatos a las vicepresidencias, pues con un nuevo Congreso ya elegido con 10 bancadas se puede repetir lo que sucedió en los últimos 5 años.

Lo que ocurrió desde 2016, cuando Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio, derecha) fue elegido jefe de Estado, fue decididamente caótico. Entonces, Fuerza Popular, partido por el que postula actualmente a la presidencia a Keiko Fujimori, contaba con una bancada mayoritaria de 73 representantes en un parlamento de 130.

Este Congreso copado por una fuerza política impulsó dos pedidos de destitución contra Kuczynski. Del primero salió bien librado, y del segundo, bajo una fuerte presión, fue forzado a renunciar por un presunto caso de corrupción.

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En ninguno de los dos pedidos existió una razón concreta y probada para pedir la salida del presidente. Lo que sucede es que en Perú, para que el Congreso pida la remoción de un jefe de Estado, existe una causal constitucional llamada “vacancia (destitución) por incapacidad moral”.

¿Qué significa esto en la práctica? Que un Congreso puede destituir por cualquier motivo que califique a un mandatario como “incapaz moral”, una figura asaz ambigua y gaseosa, y eso se pudo ver con Kuczynski, quien salió de la presidencia por una presunción, pero por ninguna por s faltema judicial alguno.

Este asunto subjetivo de qué es inmoral y qué no se repitió con el sucesor y entonces vicepresidente de Kuczynski, Martín Vizcarra, quien asumió la presidencia en 2018 ya quien el Congreso nuevamente le plan presidencia moral de noviembre de 2020.

Lecciones del pasado

¿Qué lección deja lo sucedido para el elector de hoy? Pues que lo que antes era una figura más “decorativa” (los candidatos a la vicepresidencia), ahora ya no lo son tanto y debe el votante mirar por quien es acompañado su candidato pues esas personas pueden perfeccionar paimura terminar asumiendo la máxima jef.

Alejandro Godoy es politólogo y magíster en Ciencias Políticas por la Universidad Católica de Lima. En conversación con Sputnik, asegura que con el nuevo Congreso de 10 bancadas, y que asumirá el 28 de julio junto con el nuevo Ejecutivo, una eventual destitución presidencial es “muy posible”, tanto para el candidato Pedro Castillo, dequuda Libre (iz) , como para Keiko Fujimori.

Perú Libre ha obtenido 37 escaños y Fuerza Popular 24. Sin embargo, el parlamento tiene 8 bancadas más, y aunque muchas de ellas son del espectro de la derecha y sólo una decididamente de izquierda, la dinámica política vivida en los marcada por la impredictibilidad de los partidos al momento de votar los pedidos de destitución.

Pedro Castillo tiene a la abogada Dina Boluarte como candidata a la primera vicepresidencia y no tiene segundo vicepresidente, pues el que era candidato, Vladimir Cerrón, fundador de Perú Libre, fue vetado por el Jurado Nacional de Elecciones por tener por tener una condena activa activa .

Por su parte, Keiko Fujimori tiene a Luis Galarreta en la primera vicepresidencia y la abogada Patricia Juárez en la segunda vicepresidencia. Juárez es nueva en Fuerza Popular, pues militó en Solidaridad Nacional, cuestionada organización del exalcalde limeño Luis Castañeda, actualmente investigado por corrupción en el caso Lava Jato.

Poder detrás del poder

Castillo ve a Boluarte como una mujer con un mensaje en concordancia con su línea de izquierda socialista, pero es una persona “mucho más precisa al hablar, mucho más asertiva”, indica Godoy. Castillo es percibido más bien como un político de dotes limitadas para el debate.

Para Fujimori, Luis Galarreta es una “figura identificada con la agrupación, es el secretario general del partido y obviamente no va a diferir de los que diga o haga Keiko”, dice el analista, y Juárez sí es una persona que le puede “abrir frentes “por su pasada militancia en Solidaridad Nacional.

Si bien el Congreso tiene más bancadas de derecha, eso podría anticipar que el único que sería perturbado con pedidos de destitución moral, con razones antojadizas, es el izquierdista Pedro Castillo.

Sin embargo, para Godoy el hecho de Keiko esté afrontando un proceso judicial por corrupción en el caso Lava Jato, acusada de recibir dinero de Odebrecht en 2011, va a hacer que un eventual ascenso a la presidencia paralice su proceso, pues eso garantiza la figura de la inmunidad judicial para el presidente según leyes peruanas, pero los temas con la Justicia no se van a detener para los demás coprocesados.

Esto podría hacer que, a medida que cada uno vaya alcanzando sentencias, el panorama se le complique a Fujimori y sea un asunto de escandalo mantenerla en la presidencia.

Los peruanos saben bien que tienen un Congreso que no está lejos de sumir al país en la inestabilidad con pedidos de destitución presidencial, sea que gane Castillo o Fujimori, y quizá eso sea lo más preocupante: no hay candidato que asegure la estabilidad política que le ha sido esquiva al país desde hace 5 años.

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