Por: Nicol Yuliana López
En el conversatorio “Franja Escucha la Amazonía. ¿Cómo mostrar la crisis
silenciosa de la Amazonía en imágenes?”, realizado el sábado 25 de abril en la
Feria del Libro 2026, expertos en fotografía, periodismo y conservación
reflexionaron sobre el papel de la imagen como herramienta para visibilizar las
múltiples amenazas que enfrenta la selva amazónica y llevarlas a la agenda
nacional e internacional.
El espacio reunió a voces con gran trayectoria en la documentación del territorio
amazónico; el fotógrafo y documentalista Andrés Cardona, la veterinaria de vida
silvestre María Jimena Valderrama, el videógrafo Luis Cano y finalmente el
periodista Federico Ríos. Desde sus distintos enfoques, han logrado llevar las
problemáticas de la Amazonía más allá del término científico, llevándolas a medios
nacionales e internacionales y conectándolas con la agenda pública.
En el conversatorio se hablan sobre las principales problemáticas que amenazan a
este territorio. Mencionan la crisis de sequía que atraviesa la región.
Se explicó que desde 2023 se han registrado niveles históricamente bajos en el caudal de
ríos como el Amazonas y el Río Negro, lo que ha generado una desconexión
territorial crítica: comunidades enteras han quedado sin posibilidad de movilizarse,
transportar alimentos o acceder a servicios básicos.

Uno de los ejemplos que sirven de espejo ante esta situación es la muerte de más de 300 delfines de río en menos de un mes, producto del aumento extremo de la temperatura del agua.
A esta problemática se suma la contaminación por mercurio, una amenaza
silenciosa e incluso un reto de fotografiar, que afecta tanto a los ecosistemas
como a las comunidades humanas.

Los panelistas explicaron cómo este metal, presente en los ríos debido principalmente a la minería, se acumula en los peces y termina en la cadena alimenticia. El impacto para quienes viven en otros lugares y el consumo de pescado es ocasional puede ser leve, pero para aquellas
comunidades amazónicas donde esta es la base de la alimentación representa un
riesgo significativo para la salud.
La deforestación, apareció como una de las crisis más complejas y estructurales.
Durante el conversatorio se recordó cómo, tras el proceso de paz entre 2017 y
2018, muchos territorios quedaron sin control, facilitando la expansión de la tala.
Pero más allá de lo coyuntural, los expertos señalaron que esto no es algo nuevo
pues durante décadas, de los 40 a los 60 el gobierno colombiano tenía una política
de estado en la que a los campesinos pobres se les ofrecía por cada hectárea
deforestada, introducir ganado y por cada vaca podría acceder a créditos de
Banco. Bajo esta lógica, tumbar bosque equivalía a progreso.

Hoy, esa práctica persiste, impulsada por la necesidad económica y normalizada incluso en la vida
cotidiana, como lo evidencian imágenes de niños jugando entre troncos recién
cortados.
A esto se suman otras presiones como la extracción ilegal de oro, la explotación
petrolera (incluso cuando se realiza dentro del marco legal) y los incendios
intencionales utilizados para expandir la frontera agrícola.
Estas quemas, conocidas localmente como “tumba”, corresponden a la ganadería extensiva y al
cultivo de coca. Los panelistas destacaron que la expansión es progresiva:
caminos que comienzan como senderos inofensivos terminan convirtiéndose en
carreteras que abren paso a nuevas formas de intervención. El resultado es una
Amazonía cada vez más fragmentada, con niveles de deforestación en aumento
constante.

El ejercicio de documentar estas realidades tampoco está exento de riesgos. Los
participantes coincidieron en que el trabajo en campo implica enfrentarse a
contextos complejos, marcados por la presencia de grupos armados y limitaciones
de acceso. Aun así, insistieron en la importancia de seguir contando estas
historias, no solo para informar, sino para generar conciencia y movilizar acciones.
El conversatorio cerró con un mensaje que, no renuncia ni descarta en su
totalidad la posibilidad de cambio. “La esperanza requiere acción”, afirmó
Valderrama, a lo que se sumó la idea de que también necesita ser compartida y
articulada entre ciudadanos, instituciones y Estado. Porque aunque la crisis es
grave, aún existen zonas de la Amazonía que no han sido intervenidas. Y en ellas,
según los expertos, también habita la posibilidad de un futuro diferente.








