Por: Juan David Quiroga
En un país donde las historias juveniles siguen abriéndose camino, dos autores colombianos demostraron que las heroínas no siempre llevan capa: a veces cargan preguntas, miedos y una determinación silenciosa que las impulsa a transformar su realidad.
Durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026, el conversatorio Crear una heroína: Personajes y sagas en la literatura juvenil colombiana reunió a escritores como Albeiro Echavarría y Giovanna Zuluaga, quienes compartieron sus procesos creativos y reflexiones sobre la construcción de personajes femeninos en la literatura contemporánea.

En el caso de Echavarría, su obra Valeria presenta a una adolescente valiente y curiosa que sueña con ser periodista. La historia inicia con un secuestro accidental que la lleva a conocer a otra niña, con quien logra escapar. A partir de ese momento, la trama se convierte en una aventura que expone una red de tráfico ilegal de piezas precolombinas de la cultura Malagana, donde la protagonista utiliza su inteligencia e intuición para investigar y alertar a las autoridades.

Durante la conversación, el autor explicó que el contraste entre la perspicacia de Valeria y su condición de hipersomnio nace de su propia experiencia. Como periodista, reconoció haber sido una persona tímida, pero encontró en la escritura una herramienta para expresarse y fortalecerse. “Es un reflejo de mi vida misma, donde la escritura se convirtió en refugio y en una forma de entender el mundo”, afirmó.

Por su parte, Bruma: orgullosamente rara, de Giovanna Zuluaga, aborda una narrativa más introspectiva. A través de la metáfora de la “bruma”, la autora explora sentimientos de confusión, incertidumbre y búsqueda de identidad. Su obra recoge experiencias personales marcadas por la sensación de no encajar en lo “normal”, así como los procesos emocionales que la llevaron a aceptar y, finalmente, sentirse orgullosa de su diferencia.
Zuluaga también compartió su tránsito de la ingeniería hacia la escritura, destacando que su vocación artística siempre estuvo presente. Según relató, su participación en actividades culturales desde la infancia, junto con los viajes y experiencias que le permitió su profesión, fueron clave para nutrir las historias que hoy construye. “La vida me llevó por la ingeniería, pero también me dio los escenarios y personajes que luego se convirtieron en protagonistas de mis historias”, explicó.

El conversatorio dejó en evidencia que la literatura juvenil en Colombia no solo está construyendo nuevas heroínas, sino también nuevas formas de narrar la realidad. Desde la acción y la investigación hasta la introspección y la identidad, estas obras reflejan las múltiples maneras en que los jóvenes pueden verse representados, demostrando que las historias siguen siendo una herramienta poderosa para comprender el mundo y transformarlo.








