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Impuesto global sobre las multinacionales, una noticia buena casi para todos

La propuesta de EEUU de introducir un impuesto mínimo global para las multinacionales entusiasma a Italia y otros países europeos que cada año se ven privados de miles de millones de euros, desviados hacia paraísos fiscales.

El fisco italiano podría recaudar unos 26.000 millones de euros al año más, si las multinacionales no tuviesen la posibilidad de desviar sus ingresos a los paraísos fiscales. Y lo más impresionante es que casi el 90 por ciento de esta suma enorme se dirige a otros países europeos.

Beneficios para pocos, pérdidas para muchos

Todo eso es consecuencia de las diferencias entre varios regímenes de tributación. Por ejemplo, si en Italia las empresas multinacionales deben ceder al fisco el 28 por ciento de sus ingresos, en un país como Irlanda se trata de un mero 12,5 por ciento. La Hacienda italiana conoce bien el resultado: cada año Google, Amazon, Facebook, Airbnb, Apple y Uber, que generan enormes ganancias en Italia, dejan aquí tan solo 42 millones de euros en impuestos.

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Obviamente, el problema no se limita a Europa. Según un estudio, realizado conjuntamente por las Universidades de Berkeley y Copenhague y la Agencia Nacional de Estudios Económicos (EEUU), a nivel global el 40 por ciento de los beneficios de las mayores multinacionales se dirigen a los paraísos fiscales.

Por otro lado, los países que ofrecen una tributación liberal, se aseguran un flujo de ingresos nada despreciable. Los Países Bajos recaudan unos 30.000 millones de euros al año, Luxemburgo unos 25.000 millones. En total, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la existencia de los paraísos fiscales les cuesta a los Gobiernos del mundo la friolera de 600.000 millones de dólares al año en impuestos no recaudados.

Coronavirus: un antes y un después

Una situación lamentable, pero hasta hace poco los Gobiernos nacionales tenían pocos instrumentos para cambiarla. Una buena parte de las empresas en cuestión son norteamericanas, con lo cual en los tiempos de Trump los países que se atrevían a desafiarlas corrían el riesgo de desencadenar la ira de Washington.

Lo saben bien Italia y Francia: cuando en 2019 trataron de introducir el “impuesto digital” sobre Google, Facebook, Amazon y otros gigantes tecnológicos, el entonces mandatario norteamericano amenazó con gravar con aranceles altísimos las importaciones italianas y francesas.

Sin embargo, hoy no son más que historias de un mundo que desapareció con el tsunami del coronavirus. En 2020 la economía mundial se contrajo en 3,5 por ciento, pero para muchos los países desarrollados el impacto fue aun peor: por ejemplo, el PIB alemán sufrió un bajón del 5,4 por ciento y el italiano se hundió en el 9,2.

Los Gobiernos gastaron sumas vertiginosas a fin de mitigar la peor recesión de los últimos 80 años, lo que causó un brusco incremento de la deuda pública.

Ahora necesitan nuevas fuentes de ingresos para seguir apoyando la economía. Y parece que en los dos lados del Atlántico las autoridades están de acuerdo con que una de las fuentes son las multinacionales, ya sean norteamericanas o no, que deben pagar más impuestos.

La nueva administración estadounidense tiene planes muy ambiciosos para relanzar la economía del país. A principios de marzo el Senado aprobó un paquete de rescate de 1,9 billones de dólares, que se financiará con la emisión de nuevos títulos de deuda pública.

El 31 de marzo el presidente Joe Biden anunció un nuevo plan de inversión pública en infraestructuras para un total de 2,25 billones de dólares. En este caso una buena parte del dinero debería llegar de una subida de impuestos sobre las multinacionales deslocalizadas. Y para quitarles las ganas de buscarse otra residencia fiscal, Biden propuso armonizar la imposición fiscal sobre las empresas a nivel global, fijándola en el 21 por ciento.

Reacción favorable

El FMI se expresó a favor de la idea, puntualizando que está muy preocupado “que exista tanto dinero sujeto a la deslocalización fiscal, la evasión de impuestos y el envío de fondos a paraísos fiscales”.

La UE también respalda el plan y vuelve a cargar contra los gigantes tecnológicos. Según declaró el portavoz de la Comisión Europea, Dan Ferrie, la Unión está comprometida “en conseguir que todas las empresas, incluidas las digitales, paguen una cantidad justa de impuestos allí donde les corresponde”.

Aun más contentos parecen las mayores economías europeas: Alemania, Francia e Italia. El ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, instó a aprovechar la “oportunidad histórica” para hacer más justa la imposición fiscal internacional.

De hecho, Europa y EEUU serían los mayores beneficiarios de un impuesto global único. Se estima que de todos los ingresos de las multinacionales desviados hacia los paraísos fiscales un tercio proviene de Europa y un cuarto de Estados Unidos.

Pero también habrá perdedores. En la UE los 6 paraísos fiscales actuales (Bélgica, Chipre, Irlanda, Luxemburgo, Malta y Países Bajos) deberán renunciar a una parte importante de los ingresos, y eso en las duras condiciones de la recuperación poscovid.

Sin embargo, para el resto de los países los cambios del sistema tributario mundial será una buena noticia. Si se logra imponer un impuesto sobre las multinacionales, quedará eliminada una de las injusticias más evidentes de la economía global. Así, tras todo el mal que hizo, la pandemia del coronavirus también hará algo de positivo.

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