En el Mensaje de Cuaresma que se instituyó en 1973 con San Pablo VI, los Obispos de Roma han explicado el significado y sentido de la palabra limosna “que quiere decir compasión y misericordia, palabra que no la oímos hoy con gusto. Notamos en ella algo humillante.” (San Juan Pablo II, audiencia, 28/03/1979). San Pablo VI en su mensaje de 1977 recordaba que “Ciertamente se nos hace difícil compartir lo que tenemos, con el fin de contribuir a hacer desaparecer las desigualdades de un mundo que se ha convertido en injusto”.
La práctica de la limosna, que debería convertirse en “un auténtico estilo de vida” (Mensaje cuaresma 2018), “nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío”. También, “El sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. (Mensaje Cuaresma 2015). En el mensaje de 2019, el papa Francisco enseña que “La limosna evangélica no es simple filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad”.
Son numerosas las referencias bíblicas sobre la limosna; «Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas» (Mt 9,36); porque «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26); situación corroborada en los primeros años del cristianismo cuando «Todos los fieles vivían unidos; y tenían todas las cosas en común» (Hch 2, 44). “No se trataba de algo artificial, inventado” (Mensaje 1978), pues hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hch 20,35) y porque no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (2Cor 5,15). Es conmovedor el capítulo veinticinco del Evangelio según San Mateo: «¡Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria…, dirá… ¡Venid, benditos de mi Padre… porque tuve hambre, y me disteis de comer…»! Jesús hace de la limosna una condición de su doctrina: Lc 12, 33: Vendan sus bienes y denlos como limosna, o Mc 10,21: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme».
También la limosna ha sido estudiada desde la otra cara de la moneda; “es muy fácil falsificar su idea” (Audiencia, 28/03/1979); evitando “que se transforme en una manera de llamar la atención, porque aspiramos a satisfacer un interés personal o simplemente a obtener la aprobación de los demás. ¿Cómo no dar gracias a Dios por tantas personas que, en el silencio, lejos de los reflectores de la sociedad mediática, llevan a cabo con este espíritu acciones generosas de ayuda al prójimo necesitado?” (Mensaje Cuaresma 2008).
En el mensaje de este año el papa Francisco recordó que “Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca” (1 R 17,7-16 y Mc6,30-44). “¿Sabéis qué ayuno quiero yo?: partir el pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante el hermano” (Si 58, 6-7).