Por: Juan Nicolás Gonzáles
La intimidad en la literatura no se escribe: se comparte, se filtra, se conversa, y, sobre todo, se siente.
Como conectar o relacionar, de manera íntima
En el marco de la FILBo 2026, el conversatorio: “Voces para narrar lo íntimo. El archivo, la memoria y el deseo” reunió a dos escritores, Guiseppe Caputo y Patricio Pron, quienes explotaron y abordaron el cómo la escritura trasciende lo personal para convertirse en un vínculo profundo con el lector, a través de la experiencia con la ciudad y memoria de la obra.
Y es que sí, más allá de una simple charla sobre libros, temas o descripciones de las obras, el cuento sirvió como un diálogo sobre la experiencia misma de escribir y el vínculo que se generaba a la hora de redactar una situación que se mencionara en el libro.
Los autores coincidieron en que la literatura permite acceder a la intimidad del escritor, no tanto desde lo explícito o lo literal, sino realmente desde aquello que se revela línea tras línea. También se mencionaba como el leer estas obras tan enganchadas a una experiencia tan real que pareciera que el personaje existiese en un mundo paralelo real, lo cual nos hacía cómplices y coprotagonistas de esa intimidad.

Uno de los puntos centrales mencionados fue la idea principal y el significado de no solo contar una historia, sino de compartir una experiencia emocional que logra conectar incluso a desconocidos a través de las palabras y su gesticulación. Uno de los puntos expuesto por Caputo fue, textualmente, el siguiente:
“El cómo conocer al escritor u autor de un libro por medio de esa intimidad que se tiene durante la escritura del libro, como escribe, como se expresa, como muestra o cuenta una situación, como refleja las situaciones a través del papel. Un diálogo íntimo por las veces que leemos en una solidaridad. La intimidad asociada en la literatura es casi que un vínculo que se genera entre el lector y el literario. Es como conocerse mutuamente por medio del texto desglosado por palabras, somos reconocidos hasta por como escribimos” argumentó.

Algo bastante interesante que poseían en común ambos escritores, es como ambos le dedicaron su cuento, historia a una experiencia en diferentes ciudades y contextos (Patricio, izquierda, a Nueva York; Guissepe; centro, a Barranquilla, su cuidad de origen), esto nos dio una determinación de como la ciudad, la memoria y los recuerdos aparecen como momentos clave de esa construcción íntima.
Los autores mostraron como los territorios no solo sirven de escenario, sino que también moldean las emociones y las narrativas. La relación con la ciudad es muchas veces marcada por tensiones de amor y rechazo, de amor y oído, muchas veces no solemos estar conformes con nuestro lugar de residenciar y este ítem y tesis, se terminan reflejando en ambas obras.
En otras palabras, se escribe o ejerce la obra por medio de la experiencia real del escritor. Nace el balance o el pensamiento de la relación amor/odio con la ciudad que habitamos a diario.

También se discutió como el ejercicio de escribir transforma la manera de percibiré la lectura. Según los invitados, quien escribe suele desarrollar una sensibilidad distinta, pues comienza a notar detalles que antes pasaban desapercibidos. Decía Patricio: “¿Cómo se cuentan las situaciones, las acciones?
El empezar a ver detalles significativos, sobre todo en una ciudad o territorio diferente al concurrido. Ya no nos roban la atención, ahora nos permite hacer un paréntesis a una realidad cotidiana. Escribir CONDICIONA una manera de como miro algo.” Parafraseado o, en otras palabras. Es entonces que se llega al punto de equilibrio donde la literatura, entonces, no solo responde a la pregunta de por qué o para quién se escribe, sino también a como se observa, se cuenta y se narra el mundo y nuestro alrededor.

Finalmente, el conversatorio dejó una reflexión clara y contundente: escribir, no es solo narrar, sino que también obliga a cambiar la forma en como muchas veces percibimos la realidad. En medio de ritmo acelerado de la cotidianidad, la literatura aparece como una pausa necesaria, un espacio donde lo íntimo se vuelve público y universal.








