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Masacres, horror y torturas a manos del diablo en persona

Entre la sangre, gritos y dolor se vivieron las noches en el sur de California, es hora de cerrar sus puertas y ventanas, porque “El Acosador Nocturno” camina por aquí, Richard Ramírez amaba ver el sufrimiento en los ojos de sus víctimas.

Por: Andrés Hernández.

Calle Glassell Park, 28 de junio de 1984, siendo una noche como cualquier otra, la señora Jennie Vincow, una mujer de 79 años se hallaba en su hogar haciendo su rutina diaria como un día cualquiera, sintiéndose confiada de la seguridad que brindaba su hogar, dejó una de las ventanas del frente de su casa abierta, sin pensar ni saber que el diablo rondaba con ansias de sangre. El diablo se escabulló de manera ágil y silenciosa por su ventana, parándose frente a ella, disfrutando del pánico en sus ojos, de su respiración acelerada, su voz temblorosa y sus ojos llenos de lágrimas, Richard Ramírez atacó de una manera cruel y fría a la señora Jennie, ella tratando de defenderse entierra las uñas en su agresor, sin duda él le gana en fuerza pues es un hombre alto, delgado y desquiciado, que ama ver sufrir a los demás imponiendo esta tortura con sus propias manos, abusó sexualmente de la señora Jennie, y no satisfecho con esto, llenó su cuerpo de un sinfín de puñaladas. Un cadáver y un charco de sangre adornaban una escena del crimen que daría alerta a las autoridades.

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Nació el 29 de febrero de 1960 en el Paso, un estado de México, era el hijo menor de Mercedes Muñoz y Julián Ramírez; sus padres vivían en un conflictivo matrimonio de peleas y disputas, su padre era un ferroviario violento que agredía de manera constante a su esposa e hijos.

Creciendo entre violencia, golpes, frustración y maltrato, Richard Ramírez se volvió uno de los mayores asesinos seriales de la historia de Estados Unidos. Cuando era joven sufrió un accidente con el que acabó en el hospital, con su cabeza saturada por treinta puntos, tuvo como secuela ataques de epilepsia que no se le serian diagnosticados si no hasta la pubertad.

Siendo la mayor influencia en la juventud del asesino, su primo, Miguel Ramírez, un boina verde ex combatiente de la guerra de Vietnam, que muestra con orgullo y regocijo al joven Richard las masacres, violaciones y torturas que llevó a cabo a mujeres vietnamitas, acompañado de horribles fotografías e historias, una cada vez más perturbadora que la otra.

Miguel le enseñaba al joven las tácticas de sigilo para matar y torturar que había aprendido en el ejército y con tan solo trece años, Richard era espectador de las golpizas que su primo Miguel le propinaba a su esposa, a la cual unos días después de una golpiza y en una fuerte discusión, perdió el control y en frente de Richard, tomó su escopeta cargada con dos fuertes tiros, apuntó al rostro de su esposa y tiró del gatillo.

 “Lucifer habita en todos nosotros no lo entenderían, pero tampoco se espera que lo hagan” así dijo Richard Ramírez quien aterrorizaba y masacraba a sus víctimas, mirándolos a los ojos los hacia jurar en nombre de satanás. Mientras mostraba un símbolo de adoración que tenía dibujado en su mano.

Enloquecida por arrestarlo, la policía de Florida no sabía qué hacer, Ramírez ya había cometido para aquel entonces más de 10 asesinatos y solo para atraparlo tenían una huella de su calzado; nadie lo conocía, nunca nadie veía nada sospechoso; cuando él estaba decidido a atacar, era muy ágil, sigiloso y meticuloso con dejar prueba alguna, salvo los horrorosos escenarios de habitaciones con sus paredes llenas de sangre y cuerpos de mujeres desnudos y apuñalados y el de algunos hombres llenos de huecos de impactos de balas.

24 de agosto de 1985, William Carns y su novia se encontraban en su hogar sin tener en cuenta que uno de los días más atroces de su vida estaría por llegar, Ramírez irrumpió en el hogar, llenando el ambiente de tensión y frialdad, mirándolo a los ojos y haciéndolos agradecer a satanás por su muerte, levantó el arma y con gran pulso le disparó William, le propinó dos tiros y lo dejo gravemente herido, luego no complacido con esto, tomó a la chica a quien desnudo de una manera muy ágil y comenzó a violarla; aunque levantó su arma y apunto, por alguna razón desconocida Ramírez se fue y le perdonó la vida, de manera rápida y con un gran susto, la chica toma el teléfono y llama al 911, el vecino de la casa de enfrente tomo las placas del vehículo que veía estacionado donde su vecina, pues se le hacía sospechoso.

Dando declaraciones a la policía y luego de analizar las huellas, las autoridades pudieron darle un rostro y un nombre a su asesino a quien la comunidad apodó “El acosador nocturno”, en poco tiempo la fotografía y el retrato hablado de Ramírez ya se encontraba difundido en todos los medios de comunicación.

Para el 31 de agosto de 1985, sin saber nada de su reconocimiento por parte de los habitantes, Ramírez decide volver en un autobús y aunque la estación se encontraba llena de policías se las arregló para escapar, sin embargo, la comunidad lo reconoció, enseguida se dio cuenta que ya sabían quién era, Ramírez busca una opción  de escapar y decide robarse un auto sin conseguir exito, por lo que es casi linchado en la avenida y cuando la policía interviene el decide negar su identidad.

Finalmente, Ramírez es sentenciado el día 7 de noviembre de 1989 a 19 penas de muerte, bajo los cargos de asesinato de 13 personas, fue acusado de violación y sodomía, fue recluido en la prisión San Quentin en California. El asesino no murió gracias a la condena estipulada por el estado, falleció a la edad de 53 años por insuficiencia hepática en el año 2013.

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