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[Opinión] Oda a la belleza*

La identificación de la belleza muchas veces supone el juzgar, de parte del hombre y la mujer, desde las construcciones creadas por una sociedad profundamente machista como la colombiana. La docente Sonia Torres nos entrega una columna de opinión, donde analiza este fenómeno desde su experiencia como mujer.

Por: Sonia Milena Torres

Jamás pensé sentirme atacada en mi contexto por una cuestión de gustos al vestir, pero es lo que ahora me permite analizar las situaciones por las que tienen que pasar miles de mujeres en su cotidianidad.

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La semana pasada salí de mi lugar de residencia al trabajo como normalmente lo hago, sin embargo, ese día en específico tuve que correr para alcanzar el transporte que me trasladaría a mi destino, ese recorrido lo hice mientras llevaba una falda corta puesta. De la nada salió un hombre en bicicleta que arreció en su vocabulario pronunciando cuanta morbosidad había aprendido en su paroxismo hacía las mujeres.  Mi reacción fue sentir pena ajena y hacerme la de los oídos sordos, pero al estar en un lugar más tranquilo, pude analizar lo que acababa de suceder. La situación me interpeló al punto de sentirme culpable por la forma como iba vestida: ¿acaso yo busqué que los ojos de ese hombre se fijaran en mi cuerpo? Mi respuesta fue inmediata: No, yo me visto para mí, como yo me sienta cómoda, no para los demás.

La situación rondó en mi cabeza durante varias horas, por eso decidí al otro día vestirme totalmente diferente a como lo hice el día anterior: falda larga, botas planas, suéter y bufanda, la idea era ir lo más tapada-cubierta posible, pero a la vez cómoda con mi vestir.

Como si hubiera sido un experimento, el resultado me sorprendió. Efectivamente no hubo un hombre que me morboseara, por el contrario, esa mañana escuché comentarios sobre mi modo de vestir “parece hippie, ¿ella es profesora?, no parece, ¿ya le vieron esa falda?, no combina para nada con esas botas, etc.”. Fueron críticas lo que recibí. Los comentarios no apuntaban a que mostraba piernas o que tenía un pantalón ceñido al cuerpo, iban dirigidos al estilo que llevaba ese día.

¿Cuál es mi análisis ante las dos situaciones bochornosas por las que pasé?

La sociedad colombiana es de por sí una sociedad exigente, en todo sentido, para un trabajo sencillo te exigen estudios de posgrado, para comprar una casa te exigen ingresos de político, para un préstamo te exigen de fiador al dueño del banco, y ni hablar de las exigencias físicas, exigencias que las mismas mujeres nos hacemos para encajar o caer bien.

Las circunstancias se prestan para revisar dos situaciones cotidianas:

Por un lado, están las mujeres que viven felices mostrando la belleza que poseen y se preocupan por verse aún mejor físicamente y para el exterior. Son aquellas mujeres que le dan demasiada importancia a la belleza porque así mismo se lo exigen. Sin darse cuenta se vuelven esclavas del tacón, el espejo, el pelo perfecto, la uña pintada, el abdomen plano, el maquillaje, la ropa y un sinnúmero de productos que la sociedad ofrece para que su apariencia mejore. Y no está mal, si eso las hace felices, bien por ellas, es su decisión. El problema radica en que además de lidiar con los cánones de belleza que exige la sociedad, deben lidiar con las morbosidades de las otras partes, los llamados “piropos” que reciben y que lo único que demuestran es la deformada y cada vez materialista sociedad en la que vivimos.

Por el otro lado están las mujeres que se preocupan por alimentar su espíritu, mente y corazón y no tanto su ego, que no piensan en cómo se ven físicamente y cómo caen ante los ojos de otros. Estas mujeres también son criticadas y reciben señalamientos por su aspecto físico, por la forma de concebir la belleza fuera del consumismo de la ropa de marca o el estilo de moda, son mujeres que igualmente son bellas pero sus preocupaciones van más allá del peinado, el maquillaje y la ropa que sobreexponga sus curvas. Tampoco está mal, eso igualmente las hace felices, pero las exigencias por los aspectos físicos no se hacen esperar y es cuando se escuchan comentarios crueles sobre la supuesta belleza y las formas bonitas de verse.

La belleza es ambigua pero las críticas son directas y aunque se hable de la libertad de ser como uno quiere y no como lo exige la sociedad colombiana, la crueldad de los comentarios en ambos casos expuestos, son agravios hacia la mujer.

En la primera escena caen los guaches, morbosos y atarbanes y en la segunda las criticonas, superficiales y frívolas, en ambos casos me sentí atacada y ultrajada verbalmente. Exhiba o no, me tape o no, nadie debe señalar, soy libre y esa libertad se ve afectada cuando salen comentarios así.  

¿Dónde queda el género y la solidaridad por aceptar al otro con los miles de defectos corporales que tenemos?

Tanto mujeres como hombres le dan importancia de más a la belleza, la gran diferencia en los dos géneros radica en que a los hombres no les importa si están con barriga o si tienen papada, sin embargo, sí exigen en sus compañeras cuerpos perfectos y andar a la moda.

A diario he escuchado comentarios entre hombres como “está buena, mire ese trasero, lo tiene caído, no le queda bien ese escote porque no deja ver mucho, yo le colocaría a mi mujer más de adelante y de atrás”, por la parte femenina critican “esa vieja se viste para los enemigos, se levantó y se vino para el trabajo, ni una peinilla se pasó, es bonita pero no le saca provecho a su belleza” y miles de ofensas que dejan de ser piropos para convertirse en agresiones.

La situación permitió catalogar dos estilos de mujeres de los miles que existen, pero sea una u otra opción, merecemos respetar y ser respetados, mirar más allá del aspecto físico que cada uno tiene que, además, no es eterno. Los años llegan y con ellos la gravedad, los kilos, las arrugas, las canas y ¿de esa belleza superficial qué queda? Mejor consideren sus comentarios de cómo me veo y aprecien la buena mujer que soy y no lo buena que estoy.

*Alguien lo escribió en una conversación que tuvimos sobre el tema y me pareció pertinente usarlo. Aunque la frase completa fue “Oda a la belleza y al postureo”, este último término da para una columna aparte. Gracias Lili, mi experiencia y nuestro diálogo fueron la inspiración para decir lo que muchas mujeres callan.

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