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ONU: “Alrededor de 17 mil personas han sido confinadas y desplazadas por causa de la violencia en Colombia solo este año”

Datéate habló con Catalino Romero, campesino que relata cómo fue exiliado de sus tierras por parte de la ya desmovilizada ex guerrilla de las FARC.

Por: José David Monsalve

Colombia sigue siendo uno de los líderes en cifras en cuanto a desplazamiento forzado interno en el mundo, producto del conflicto armado que durante todos estos años ha desplazado aproximadamente a 7 millones de personas, muchos más que en países como Irak, y rozando muy de cerca los números de Siria que actualmente se posiciona como el país con el mayor número de desplazamientos internos en el mundo.

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Según el informe de la Organización de la Naciones Unidas, por lo que corresponde al primer trimestre de lo que va del año, cerca de 2 mil familias están confinadas, el 43% son afrocolombianos, el 22% integrantes de comunidades indígenas y el 35% otras comunidades. Chocó es el departamento que más confinamientos reporta con 7.060 personas, seguido de Nariño que registra 266.

Pero este presente colombiano no es más que el producto de aquel atormentado pasado que desde entonces logra mantenerse en las diferentes generaciones de nuestra sociedad. Prueba de ello es el señor Catalino Romero García, un ya jubilado campesino que relata un poco de lo que fue el ser exiliado de sus tierras por parte de la ya desmovilizada ex guerrilla de las FARC.

¿Dónde y cuando ocurrieron los hechos?

Todo eso ocurrió por allá en el año de 1997, hace 23 años, en el pueblo de Baraya, que para esa época se llamaba Callo grande, en el departamento de Sucre. Yo tenía 52 años cuando todo eso paso.

Para ese entonces, ¿con quién se encontraba viviendo usted? 

Yo vivía con mi mujer, con tres de mis seis hijos y mis nietos en la finca. Los otros tres hijos más mayores se fueron a vivir a Galeras, un pueblo cercano al nuestro, con la diferencia de que era más grande y en cierta manera un poco más seguro, aunque la verdad yo no veía mucha diferencia, por eso se marcharon, por la seguridad, allá realizaron su vida, formaron su familia.

Sé que se dedicaba a sus tierras principalmente, ¿Qué sembraba ahí? Además ¿había alguna otra actividad en la que se ocupara?

Yo en la finca siendo agricultor sembraba maíz, yuca, plátano, arroz, hortalizas. Y tenía mi ganado de burros y gallinas. Además, me dedicaba a curar las picaduras de las culebras, todas las personas por ese entonces me conocían, llegaban de otros lugares también, lo que era Galeras, Sincé, Corozal, San Benito Abad, de todas esas partes.

“Papá Cato” como lo llaman de cariño, empieza a narrar algunas de las anécdotas que vivió con su familia en aquel pueblo “siempre me la pasaba regañando a mis nietos porque en todo momento se ponían a jugar en los arrozales, al instante aparecían siempre el grupo de loros, terminaban comiéndose el arroz” comenta.    

¿De qué manera empezaron a manifestarse los guerrilleros en el pueblo?

Empezaron a llegar amenazas a todas las familias, por medio de avisos que enviaban. Decían que teníamos que pagarles una “vacuna” mensual. Si alguno no pagaba esa cuota directamente mandaban a matar al que no pago y a su familia.

Usted mencionaba que los demás pueblos como el suyo no se diferenciaban mucho en temas de seguridad, ¿Cuál era la respuesta de la Policía o el Ejército ante esas situaciones?

Nunca llamabas a la Policía, ya que estábamos amenazados, además la Policía ni el Ejército se atrevían a aparecer por esos lugares, porque recuerdo que ese mismo año, habían puesto un carro bomba en el camino de Baraya – Galeras que terminó matando a un comandante de Galeras. No se podía poner ninguna denuncia porque persona que se comunicaba con la policía terminaba muerta. Durante esos años era común ver muertos casi todos los días por esa región.

Supongo que fue espectador de alguna de esas matanzas, teniendo en cuenta que dice que era común ver muertos casi todos los días por esa región.

Sí; recuerdo la muerte de una de las familias, los Machado, ellos trabajaban en una finca cercana, cuando un día la guerrilla llegó y se robó a varios de su ganado, como 50 cabezas de ganado, todo porque no estaban pagando las “vacunas”. Uno de ellos se atrevió a denunciarlos con la Policía, cuando el muchacho volvía para su casa a descansar, inmediatamente lo mataron, al pie de la puerta de la casa.

A la familia le prohibieron que le hicieran la santa sepultura y que, además, le realizaran el novenario, que solo podían enterrarlo y listo. Pero la familia no hizo caso, nos reunió a varios en el pueblo para realizar el velorio y dar oración al fallecido, yo accedí a ir, pero solo sin mi familia. Cuando nos encontrábamos en el lugar, llegó la guerrilla y comenzó a disparar, el hermano del fallecido que estaba acostado en una hamaca fue al único que mataron, el resto de nosotros salimos a correr al monte a escondernos, hasta el otro día fue que pudimos volver a nuestras casas. Y así ocurrió varias veces, eso obligó a mucha gente a irse del pueblo, incluyéndome, muchos dejaron las fincas solas, las casas solas, todo eso lo abandonaron, al final las guerrillas se quedaron con todas esas tierras.

Debió ser muy difícil tomar esa decisión en ese momento, pero ¿guardaba en ese entonces la esperanza de que algún día podría volver?

Yo no tenía esperanzas de poder volver, así que antes de irme lo quemé todo, me vi en esa obligación ya que, si las guerrillas se quedaban con mi finca, el ejército de seguro me iba a buscar a mí con la excusa de que yo los estaba dejando vivir ahí, conociéndolos al que iban a tratar de guerrillero era a mí.       

¿Qué hizo después, cómo logró salir adelante después de vivir ese tormento?

En ese entonces, me fui a vivir a Galeras, vendí algunas de las pocas cosas que tenía, algunos de mis animales, me dolió venderlos, pero no tenia de otra, con lo que gané me compré un solar y con eso me construí una casa de paja, la organicé para que mi familia viviera lo más cómodamente posible, mis hijos me ayudaron a recomponer las siembras, plantamos algunos árboles y yo seguí con mi oficio de agricultor y médico.

Después, con el pasar de los años, mis nietos crecieron, se fueron a la ciudad de Sincelejo a estudiar, fue difícil, pero los sacamos adelante, ahora son profesionales, profesores, consiguieron trabajo aquí en Bogotá y me trajeron a vivir aquí junto con mi mujer y sus padres.

En cuanto a su pueblo Baraya, ¿qué sabe de aquel lugar?

En cierta manera mejoró por lo quesé, aúnconservo amistades que lograron volver al pueblo. Aunque hace poco sé que estuvo amenazado de nuevo por esa cuestión del paro armado que hizo el ELN, se tomaron todo el lugar por un tiempo, perogracias a Dios no pasó a mayores, apenas terminó el paro se marcharon, pero aún existe el problema de que en los pueblos uno nunca se puede sentir totalmente seguro.      

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