Paloma Valencia endurece su campaña y arremete contra De la Espriella

A 12 días de la primera vuelta, la candidata del Centro Democrático ajusta su discurso y endurece críticas contra su rival en la derecha.

Colombia, 19 de mayo 2026 – Paloma Valencia llega a la recta final de la campaña presidencial con una estrategia renovada que combina un cambio en la forma de hablar, ataques directos a Abelardo de la Espriella y gestos calculados para atraer a votantes de centro. Lo que hasta hace poco parecía una campaña con un discurso netamente uribista ha ido incorporando matices que buscan tanto recuperar terreno en las encuestas como reposicionarla frente a un electorado más amplio y exigente.

En las últimas semanas, observadores y usuarios en redes han notado un ajuste en su entonación y en la puesta en escena de sus intervenciones públicas. Valencia ha adoptado un registro más marcado y contundente, con frases diseñadas para proyectar firmeza y cercanía al mismo tiempo. Ese cambio vocal y retórico ha sido interpretado por algunos como un intento deliberado de acercarse al estilo comunicativo que históricamente ha conectado con la base del Centro Democrático, sin renunciar a un discurso que ahora incorpora mensajes dirigidos a sectores moderados.

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Paralelamente a ese ajuste de forma, la candidata ha modificado su contenido político en puntos clave. El movimiento más visible en los últimos días ha sido la decisión de confrontar con mayor dureza a Abelardo de la Espriella, su principal rival en la disputa por el segundo puesto. En mítines recientes Valencia cuestionó públicamente las medidas de seguridad de De la Espriella y lanzó críticas sobre su exposición y su estilo, en un contexto marcado por episodios de violencia política que han tensionado la campaña. La respuesta del abogado fue inmediata y enérgica: aseguró que tomará todas las medidas necesarias para proteger su vida y la de su equipo, subrayando la gravedad de las amenazas que han afectado a su campaña.

Ese intercambio público ocurre en un escenario electoral donde la violencia ha dejado huellas dolorosas: asesinatos de militantes y amenazas a candidatos han convertido la seguridad en un tema central de la contienda. Las referencias a chalecos antibalas, a medidas de protección y a la exposición pública de los aspirantes no son meros gestos retóricos; se leen en clave de riesgo real y de cálculo político. Las reacciones de ambos candidatos mezclan la legítima preocupación por la integridad física con la estrategia comunicativa para ganar simpatías y votos.

En lo programático, Valencia también ha mostrado giros que buscan ampliar su atractivo. En materia judicial y de extradición, por ejemplo, ha enfatizado la necesidad de que la ley se aplique con igualdad, rechazando la instrumentalización de la justicia para persecuciones políticas, pero al mismo tiempo dejando claro que, si existen procesos y solicitudes formales, incluida la posibilidad de pedidos desde el exterior, su gobierno respetaría los trámites legales correspondientes. Ese matiz, más pragmático que dogmático, parece orientado a tranquilizar a votantes moderados preocupados por la estabilidad institucional y por la imparcialidad del sistema judicial.

Además, la candidata ha tendido puentes con figuras y exfuncionarios de gobiernos de centro y de administraciones anteriores, y ha abierto la posibilidad de integrar en su eventual gabinete a representantes de distintos sectores políticos. Esos gestos, sumados a declaraciones públicas en las que evita comprometerse a “cargar maletas” ajenas, buscan proyectar una imagen de liderazgo autónomo: Valencia quiere mostrarse como la protagonista de su propia campaña, capaz de sumar apoyos sin convertirse en apéndice de otras candidaturas.

La combinación de endurecimiento retórico y aperturas tácticas responde a una necesidad electoral concreta: acortar la distancia con Abelardo de la Espriella, que en varias encuestas aparece por delante, y consolidar una oferta competitiva frente al puntero. En ese sentido, cada palabra, cada gesto y cada encuentro público adquieren un valor estratégico mayor en los días que quedan antes de las votaciones.

Quedan por verse los efectos de este replanteamiento: si el cambio de tono logrará movilizar a la base uribista sin alejar a los votantes moderados; si los ataques a De la Espriella erosionarán su avance o, por el contrario, reforzarán la polarización en la derecha; y si las señales de apertura hacia el centro se traducirán en adhesiones concretas. En una campaña marcada por la incertidumbre y la tensión, la capacidad de Valencia para equilibrar firmeza y amplitud será determinante en la pelea por la segunda plaza y en la configuración del mapa político que emergerá tras la primera vuelta.

| Nota del editor *

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