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“Patio Sonoro” la estrategia radial que dará continuidad en la educación de los niños y niñas de San Onofre

En San Onofre, Sucre, existe un pequeño corregimiento ubicado al lado del Mar caribe, tal vez uno de los territorios más inexplorados de Colombia, pero con una riqueza cultural digna de sus ancestros.

Por: Luisa Pérez.

Rincón del Mar es la puerta de entrada a la afrocolombianidad que nació con los primeros negros cimarrones libres de esclavitud que fueron ocupándolo por largos años, hasta la fundación del municipio de San Onofre en 1774.

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Fue justo en Rincón del Mar donde se creó en 2002 el Centro Cultural Maríamulata, emprendimiento comunitario que, en sus inicios, fue la primera biblioteca del municipio, que le apostó al crecimiento y mejora de la educación de los niños, niñas y jóvenes, abriendo la posibilidad para que todos sus habitantes accedieran a la información, se enteraran de los acontecimientos del mundo y reconocieran toda su cultura, sus raíces, a través de los libros, que, en gran parte, fueron donados por turistas.

Con el tiempo, Mariamulata se convirtió en el espacio cultural de todo San Onofre, proyecto que incentivó la lectura, las artes escénicas, la práctica de música tradicional, la danza folclórica y la educación ambiental, programas presenciales que cambiaron su forma de impartirse por la llegada del covid-19.

El cierre de estos espacios y el comienzo de la educación virtual producto del aislamiento preventivo en el que estuvo sumergido todo el territorio nacional, evidenció una de las mayores problemáticas existentes en las regiones más apartadas: el poco acceso a internet y la escasez de dispositivos en las familias. “La educación virtual que pudo llegar a las ciudades no ha sido posible en los territorios, por tanto, para los niños, niñas y adolescentes, este fue un año perdido. Muy seguramente va a ser muy difícil retornar a la normalidad porque se ha perdido el rigor académico”, asegura Vera Rodríguez, directora de proyectos y enlace extremo de Mariamulata: “los profesores de la zona han realizado muchos esfuerzos por mantener el contacto con sus estudiantes, pero las limitaciones en la conectividad han sido muy difíciles”.

Rodríguez señala que, por esta problemática, desde los colegios se ha implementado la entrega física de guías. Los padres de familia se encargan de ir a recoger el material a las instituciones y luego lo llevan a sus casas para que sus hijos lo resuelvan. Cuando lo envían de vuelta, el docente los corrige y evalúa, esto, prácticamente en todo el casco rural de San Onofre. Por supuesto, hay otro tipo de metodologías, como las clases en vivo a través de WhatsApp u otras plataformas, pero aun así la cantidad de niños y niñas que pueden tomarlas es reducido.

Otro aspecto es la participación directa de los padres de familia en la educación formal de sus hijos, pues han tenido que dedicar más horas de las acostumbradas para atender a sus necesidades escolares, y para apoyar de forma permanente su transformación en este proceso.

No es una casualidad que la educación sea el cuarto objetivo de Desarrollo Sostenible propuesto por las Naciones Unidas, ni tampoco, que sea considerada como el pilar del desarrollo humano en el mundo. La educación es el puente que conecta a una comunidad con el conocimiento, permite el fortalecimiento de nuevas capacidades, al mismo tiempo que fomenta su participación y hace posible el acceso a diversas oportunidades que, en términos equitativos y justos, los ayuda a salir de la pobreza; aunque no todos tengamos acceso a ella.

Son enormes los esfuerzos que han impulsado algunos gobiernos por avanzar hacia una educación de calidad y no de cantidad, que brinde posibilidades reales para el desarrollo humano sostenible. Sin embargo, la coyuntura por la que atraviesa el mundo por cuenta del covid- 19, ha puesto en evidencia la desigualdad social y la brecha educativa y tecnológica existentes entre lo rural y lo urbano en Colombia, donde niños, niñas, adolescentes y docentes, no cuentan con acceso a internet, ni a equipos o a material de aprendizaje virtual. El virus llegó y el país no estaba preparado para ello. Frente a esto, se estima que hay en el país, cerca de 21, 7 millones de personas que tienen acceso a internet y otros 23,8 millones que viven en periferias o zonas apartadas que no cuentan con este beneficio, según datos revelados por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC).

Dadas estas circunstancias para el Centro Cultural Mariamulata, este episodio significó una oportunidad de adaptación para responder a las nuevas necesidades que ameritaba el contexto, como ya lo había hecho tiempo atrás. Creó, en alianza con profesores de la zona, el programa radial “Patio Sonoro” que, a través de una serie por capítulos, les lleva a niños y niñas del municipio sin acceso a internet los contenidos curriculares, para hacer posible la continuidad de su aprendizaje.

“Adelantamos una alianza junto con los docentes de la zona para crear el programa radial, estrategia con la que pretendemos ajustar y presentar el material educativo de los profesores, transmitirlos mediante la emisora comunitaria Playamar Stereo, y hacerles llegar el contenido a los niños y niñas del corregimiento, de una forma agradable, divertida y entretenida”, afirma el director del centro cultural Mariamulata, Luis Miguel Cuentas, que añade que la conexión a una red wiffi, para quienes la tienen, se ve perjudicada por los constantes cortes de luz que sufre el municipio: “hay recortes semanales de Luz que pueden sumar entre 20 y 30 horas. Hay días cuando la luz se va a las 2 de la mañana y llega hasta las 5 de la tarde”.

Estos programas, según Vera Rodríguez, tienen un enfoque etno-diferenciado, donde los contenidos rescatan la cultura y tradiciones de sus habitantes.

“Creemos que hacen falta herramientas didácticas pensadas para el territorio, donde los niños y niñas puedan aprender a contar o a sumar con ejemplos cercanos al contexto. Aquí las actividades principales son la pesca, la ganadería y la agricultura, entonces creemos que todas esas particularidades de los paisajes y los saberes deben estar incluidos a la hora de elaborar un contenido educativo, pues se busca que la educación despierte curiosidad y motive al estudiante”, asevera.

En San Onofre el covid-19 exaltó las diversas problemáticas que existían en el territorio, pero también brindó la posibilidad de repensar la educación de otra manera, donde lo importante no sea la cantidad sino la calidad del conocimiento compartido. Se comprendió también que, en tiempos de pandemia, los centros culturales, los docentes y padres de familia, son responsables de igual forma de la educación de los niños, niñas y jóvenes. Al final de este proceso, todos tendremos una percepción diferente de lo que vivimos, y los más pequeños puede que no recuerden las actividades académicas, pero sí recordarán para siempre las memorias que construyeron en familia y las actividades que los enriquecieron como personas y generaron sentimientos de seguridad, confianza y amor.

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