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Relatos de un suboficial retirado de la FAC

Gilberto recuerda que en todas las salidas a combate pensaba mucho en su familia, conformada por su esposa, Alba Rocío Gómez, y sus 2 hijos.

Por: Periódico Utópicos

“No es fácil vivir con miedo”. Así lo cree Gilberto Giraldo, un suboficial retirado de las Fuerza Aérea Colombiana –FAC-, quien siente aún las esquirlas emocionales provocadas durante la guerra.

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Una guerra que vivió Colombia por más de cinco décadas y que afectó a la población rural donde habitaba la guerrilla y también tocó zonas urbanas. Sin embargo; para nadie es un secreto que la zona rural fue la más perjudicada; allí, los combates entre guerrilleros y las fuerzas militares eran pan de cada día.

Gilberto recuerda con orgullo el tiempo que estuvo en la FAC. Cuando habla de esos años, para él “enriquecedores”, sus ojos brillan y su rostro emite una gran sonrisa, aunque se ve opacada al recordar a sus compañeros que fallecieron en combate.

A sus 20 años, Giraldo ya hacía parte de la FAC; él y su hermano Guillermo se presentaron como aspirantes para integrar el curso número 51 de suboficiales técnicos de la Fuerza Aérea Colombiana, en la escuela Andrés María Díaz, en Madrid, Cundinamarca; después de dos años de estudio, el 26 de septiembre de 1979 se graduaron e ingresaron como suboficiales técnicos.

Gilberto, de servicio como comandante de guardia en la Base Aérea Apiay con un B-28 (avión de bombardeo), en 1985. (Álbum familiar)

Enrique habla de él con gran cariño: “mi hermano Guillermo, que era el mayor, siempre fue el más alegre de la familia, vivíamos en extrema pobreza y él nos ayudaba mucho emocional y económicamente después de que nuestro padre falleció, se hizo cargo de todos nosotros junto con nuestra santa madre, Ana María Arredondo”.

Gilberto recuerda que en todas las salidas a combate pensaba mucho en su familia, conformada por su esposa, Alba Rocío Gómez, y sus 2 hijos. Ríe y agradece a Dios por estar vivo, se para de la silla, mira hacia la sala, donde se encuentra su esposa, y cuenta cómo cambió su vida militar desde que formó su hogar, “me casé a los 26 años y desde ahí empecé a temer más por mi vida. Estar joven y haber formado una familia hace que en ocasiones no pensemos solo en el bienestar propio, yo pensaba en la adrenalina que se producía en mi cuerpo al saber que iba a ir a combatir con la guerrilla, esto me hacía sentir como un héroe de la patria. Amo mi país, en ese momento quería y quiero lo mejor para los colombianos, y esa era la manera en la que yo aportaba en la búsqueda de un bienestar común”.

Gilberto con su familia en la ceremonia de ascenso a T2 (técnico segundo) en Villavicencio, en 1985. (Álbum familiar)

La esposa de Gilberto habla de él con mucho amor, “es una persona especial, divertida, responsable y muy buen padre”. Rocío recuerda los años en  que él prestó sus servicios como “una época difícil y llena de incertidumbre”. El conflicto afectó la tranquilidad y la estabilidad de su familia, especialmente en los siete combates en los que participó: “Cada vez que Gilberto salía a combate yo sabía que corría peligro y sólo le pedía a Dios protección para toda mi familia”.

Desde que comenzaba a arreglarse para ejecutar una orden, Giraldo solo pensaba en volver a casa sano y salvo; generalmente, eran misiones de tropa armada y no disparaba contra la guerrilla, en algunas ocasiones llevaba a las tropas armadas hacia las ‘zonas rojas’ y en otras, debía hacer vuelos de control de seguridad de ellas, cosas sencillas aparentemente; sin embargo, el miedo inundaba su ser, pues muchos amigos habían fallecido mientras las tropas desembarcaban o iban volando, porquela guerrilla contaba con armas muy potentes y fácilmente podían derribar helicópteros.

Escuela Militar de Aviación en Cali, noviembre de 2017, encuentro de Suboficiales en retiro. (Álbum familiar)

No era fácil vivir con miedo, así que en 1999, después de 24 años de servicio, decidió retirarse; era lo mejor para su salud mental, su integridad y para su familia.

Al inicio, acoplarse a la vida civil no fue fácil, dejar de trabajar y vivir en Palmirasin hacer nada fue duro para alguien acostumbrado a trabajar de manera extenuante, como lo hacía Gilberto Giraldo. Fue cuestión de meses para que se adaptara a su nuevo estilo de vida, pudiendo empezar a dedicarles tiempo a sus hijos, después de más de dos décadas. También empezó a visitar más a su madre e ir esporádicamente al cementerio, a las tumbas de sus amigos caídos en combate.

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