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Salud, pánico y contagiados: una ecuación que no da resultados

La asistencia y prestación de servicios de salud, adquisición de bienes de primera necesidad, desplazamiento a servicios bancarios y financieros son algunas de las excepciones del Decreto 593 que ordena el aislamiento preventivo obligatorio

Por: Daniela Lucia Ramírez, Wendy Daniela Martínez, Harold Eduardo Ramos

Buscando mitigar el COVID-19, el Gobierno Nacional expidió el Decreto 593, que ordena el aislamiento preventivo obligatorio de todas las personas habitantes de la República de Colombia, medida que está reglamentada desde el pasado 24 de marzo y se ha llevado a cabo en tres ciclos: el primer periodo terminaba el 13 de abril y fue extendido hasta el 27 del mismo mes, ahora se añadió un tercero que terminará el 11 de mayo.  

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En el decreto se nombran 41 excepciones con las que los ciudadanos pueden salir:  la asistencia y prestación de servicios de salud, adquisición de bienes de primera necesidad, desplazamiento a servicios bancarios y financieros, la cadena de abastecimiento de bienes de primera necesidad y medicamentos, periodistas y personal de comunicaciones para mantener al tanto a la sociedad con relación a todo el referente del COVID-19, entre otras.

Sin tratamiento estándar efectivo ni vacuna, el aislamiento preventivo es la única estrategia de contención de la pandemia, y aunque por un lado ha servido para mitigar el crecimiento de la enfermedad, esta medida ha generado un grande y grave impacto sobre las diferentes partes del territorio.

Estigma y falta de insumos para el personal de la salud

La Federación Médica Colombiana ha expresado distintos problemas estructurales del sistema de salud, el personal médico en estos momentos es fundamental e imprescindible en todo el manejo de la pandemia, y por esto asumen el mayor riesgo de contraer la enfermedad. Hasta ahora son 11 fallecidos y 169 personas que, prestando el servicio, han resultado afectadas, sobre todo por la deficiencia en la entrega de insumos, condiciones de bioseguridad y la falta de pago.

Otra de las problemáticas es que, debido a la tensión de la gente por la situación, muchos profesionales han sido discriminados en diferentes escenarios y el estigma que enfrenta el personal de salud es cada vez mayor. Debido a esto, el cuerpo médico ha aumentado su angustia e incluso muchos de ellos se han visto en la obligación de renunciar. a Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas pide al gobierno garantías y suministro de elementos de protección personal, como mínimo, batas impermeables, mascarilla FPP2 y FPP3, gafas de protección y contenedores grandes de residuos para poder atender casos de Coronavirus.

El médico general Carlos Alberto Daza Hinojosa, que labora en La Guajira, manifiesta que una de su mayor preocupación está en pensar que una familia lo espera en casa y por eso solicita al presidente que revise las condiciones laborales y operativas, solicitando además que modifique las rutas de prioridad de la prueba RT-PCR para COVID-19.

Pánico y desaliento

En la Corporación Clínica Universitaria de la ciudad de Villavicencio, la señora Chiquinquirá Barajas presenció la llegada de una persona infectada de COVID-19: “Primero desconocía que esa persona tenía el virus, pero se fue corriendo el rumor, todos entramos en pánico al enterarnos, y muchos de los pacientes decidieron darse de alta o ser remitidos a otro hospital.

La clínica tomó las medidas, los primeros 5 días solo permitían el ingreso al hospital de una persona por paciente y los controles de desinfección eran reiterativos, más si se iba a visitar a una persona de la tercera edad como era mi caso, al sexto día falleció uno de los pacientes contagiados, nos dieron un día para traer lo necesario y quedarnos literalmente a vivir con nuestros familiares hospitalizados, ya que la institución iba a entrar en cuarentena. Fueron los días más triste que he podido vivir, muchas veces el temor y la incertidumbre se apoderaron de mis ganas de seguir. Esto no es un juego”

Frente a la tensa situación en medio de la crisis por cuenta del Covid-19, se han desatado reacciones emocionales que incluyen temor a enfermarse o morir, sensación de impotencia por no poder proteger a los seres queridos, temor a acercarse a servicios de salud por riesgo a enfermarse, desesperanza, aburrimiento, soledad, miedo a perder dinero, insomnio, aumento de la ansiedad generada por la incertidumbre, reducción en la percepción de seguridad e irritabilidad.

Infectados

Para hoy ya son 6.207 personas que han dado positivo para COVID-19 en el país. Muchas veces el virus manifiesta una fase asintomática, por eso es el temor con el que viven las personas infectadas de contagiar a los demás, un ejemplo fue la situación que vivieron dos hermanos en la ciudad de Cartagena, Liliana y Arnold.

En palabras de Liliana: “Al principio pensamos que era una gripe fuerte, mi hermano y yo estuvimos juntos todo el tiempo, a comienzos de marzo él empezó a sentirse mal, me ocupé de cuidarlo, pero empezó a tener problemas respiratorios, lo hospitalicé y falleció el 16 de marzo. Cuando recibí la noticia creí que me iba a volver loca, las pruebas confirmaron que mi hermano había contraído el COVID -19 y al día siguiente yo también di positivo, eso no es lo peor, cuando supieron de la muerte de Arnold y de mi contagio, algunos de mis vecinos comenzaron a intimidarme, la casera me llamó y me pidió que dejara la casa, incluso llegaron a circular bulos en las redes sociales que afirmaban que mi estado de salud era crítico”.

Aunque el aislamiento preventivo obligatorio ha sido efectivo en reducir la tasa de contagio, ha dejado grandes consecuencias sociales y económicas, especialmente en lugares donde las condiciones socioeconómicas son una de las principales barreras para poder adquirir bienes y servicios.

Todo se puso en mi contra, me subió la fiebre y comenzaron los dolores musculares y molestias en la garganta. Los médicos me visitaban cada tres o cuatro días, yo seguí todos los consejos sobre la higiene y la medicación. Me ayudaba mucho saber que al ser juiciosa con la limpieza y el aislamiento estaba segura de no contagiar a nadie, seguí medicada con vitamina c y ahora los problemas no son de salud sino de dinero, yo sobrevivía con lo que mi hermano ganaba como taxista, mis vecinos cambiaron de actitud y me ayudan gracias a Dios. Ahora mis deseos son ayudar a los médicos a concienciar a la gente de lo importante que es mantener la distancia y la limpieza para que ganemos esta batalla”.

El 47% de la población colombiana vive de la informalidad, muchos hombres y mujeres subsisten del trabajo diario, como ser meseros, vendedores de alimentos perecederos, panaderos, músicos y trabajos casi siempre asociados al comercio, que ha producido un desbalance desaforado en su cotidianeidad, desatando sin duda, un alto nivel de escasez de recurso en sus viviendas.

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