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Salvatore Maldonado “El salvador” de la laguna La Herrera

Aquellas personas cuyo único objetivo era la caza por deporte a ciertos animales, eran políticos importantes de la época quienes los contrataban a él y a su padre para recoger los animales que cazaban.

Por: Juliana Barreto Pinto y Johan Cardozo Lombana

El señor Salvatore Maldonado de 70 años, vivía en una vereda con sus padres cerca al humedal durante su infancia, en donde se reconocía la gran diversidad de fauna silvestre habitada en esta zona. Durante mucho tiempo, esta zona estuvo salvaguardada por la madre Tierra, hasta que llegaron invasores a la laguna… Según recuerda Salvatore, “existían venados y patos que habitaban el humedal, pero debido a la caza muchas de estas especies llegaron a desaparecer”. Aquellas personas cuyo único objetivo era la caza por deporte a ciertos animales, eran políticos importantes de la época quienes los contrataban a él y a su padre para recoger los animales que cazaban. “Acá venían Guillermo León Valencia, Alberto Lleras, Manuel Madero París y los Santamaría a hacer sus actividades de caza, a mi me daban unas monedas para encargarme de recoger los patos que cazaban, llegaban a cazar más o menos de 80 a 300 patos en un día, acabaron con todo y no volvieron más”. Esto relata Salvatore de sus experiencias con estos individuos, los cuales como mencionaba el señor Maldonado, jamás volvieron después de destruir este bello ecosistema. 

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Este paraíso oculto está ubicado en el municipio de Mosquera, Cundinamarca en Colombia. Entre la vía que desde Mosquera conduce hacia La Mesa, se desprende una carretera despavimentada, un sitio poco transitado, bordeado por grandes pinos que dejan caer sus hojas sobre el camino y el sonido de las aves como silbidos suaves llevados por el viento que retumban en aquel lugar, deja en claro el alejamiento de este sitio, del caos y polución de la capital.

En su interior se encuentra la última gran laguna de Bogotá, mejor conocida como Laguna La Herrera la cual cuenta con un guardián, un apasionado por el cuidado de las fuentes hídricas y naturales del país que desde sus primeros años de vida ha estado en contacto con este mágico Edén.

La Laguna en el pasado, era una zona de asentamiento de los Muiscas, quienes la consideraban como un santuario, poseía alrededor de 2.500 hectáreas. Salvatore recuerda su belleza, esa que poseía en esos días de antaño de cuando era niño… “el agua era limpiecita y las veredas que la rodean eran verdes”. 

En su juventud hacia el año de 1974, zarpó en un viaje a la Amazonía del país, por su espíritu de amor hacia la naturaleza. Allí conoció a uno de sus mejores amigos y de sus mayores inspiraciones, un gran y reconocido investigador marítimo francés, el señor Jacques-Yves Cousteau, a quien inicialmente le ayudaba con sus equipos de trabajo en una investigación que realizaba sobre los delfines rosados. Salvatore describe su experiencia de una forma concisa pero ilusoria y soñadora: “no lo creía, ver tanta belleza en los delfines rosados”. A partir de allí, estuvieron un tiempo en ese hermoso lugar; conoció muchos sitios y en una ocasión específica, el científico lo llevó hacia la Isla Gorgona donde Salvatore lo iba a ayudar a investigar sobre las ballenas jorobadas; todo iba bien, pero durante su travesía, un grupo guerrillero los acorraló y su objetivo era secuestrar a Jacques-Yves. “Nos tocó un día escondernos porque llegaba la guerrilla, le dije métase por allá en un cuarto, que por allá nadie lo busca, después de esto, él llamó a una avioneta, me anotó su número y se fue”. Este fue un momento culminante en la vida de Salvatore, porque le costó un amigo, al cual no volvió a ver, pero aunque este periodo oscuro sucedió, de esto se derivó un suceso que cambiaría la forma de cuidar de Salvatore a la laguna. 

Tiempo después, regresó solo a Mosquera hacia el año 1981, encontrándose con un panorama desalentador. La Laguna de las grandes montañas verdes, con su agua cristalina que reflejaba la luz del sol tan brillantemente como un diamante y con ese terreno majestuoso, había quedado en el pasado. 

El río Bojacá que alimentaba en parte las aguas de la laguna al desembocar allí, se encontraba ya contaminado, la zona de la laguna estaba ahora poblada de ganado y las empresas mineras que habían llegado, estaban dinamitando los cerros lo cual afectaba mucho al ecosistema, ya que, al extraer los minerales internos de la montaña, los drenajes superficiales naturales se agotaron, además que los desechos de estas explotaciones, gracias al viento llegaban a la laguna contaminándola. Por otro lado, las compañías productoras de asfalto también afectaban de manera directa y trascendental a la laguna, ya que al haber instalado las plantas de asfalto tan cerca de la orilla, se corría el riesgo que los aceites y combustibles llegaran al agua y esta reserva hídrica que sacia la sed y demás necesidades de los habitantes aledaños quedara completamente contaminada. 

Salvatore al ver todo esto, esta nueva y trágica realidad, recordó a su madre la cual antes de morir cuando era tan solo un pequeño indefenso, le expresó su preocupación sobre el cuidado de las fuentes hídricas, más específicamente de La Herrera, la laguna, que es patrimonio y con la cual sentía un apego inmenso. En sus últimas horas, según relata el guardián con lágrimas en sus ojos y una voz nostálgica, su madre le advirtió de los peligros futuros que podrían llegar a afectar directa o indirectamente a la laguna, “ella me habló sobre el tesoro dulce que era el agua; vendrán las industrias, vendrá todo el mundo y puede que lo acaben todo y después vendra la calma, a lo que se refería de que vendrá la calma es cuando ya no quede agua para el consumo humano”, esto le dijo su madre, y gracias a eso, se generaría en él la inspiración para luchar ante cualquier adversidad para mejorar las condiciones de la laguna y para concientizar a las personas  sobre la importancia de la naturaleza para el país y para el mundo entero.

Con esta iniciativa infundada principalmente por su querida madre, Salvatore inicia una lucha constante para mejorar las condiciones deplorables en las que encontró la laguna, a donde asiste todos los días desde hace años,  desde las horas matutinas, hasta la tarde-noche en su bicicleta a la cual se le ven los años encima por todas esas idas y venidas desde su casa hasta su segundo hogar, la laguna, enfrentando el frío amanecer característico de esta zona, para poder reforestar el terreno, y trabajar en lo que él llama “el jardín de los niños” una zona llena de flora, de árboles nativos con flores de maravillosos colores y peculiares olores. En su balsa, obsequio de su viejo amigo francés, hace una constante limpieza y mantenimiento de la laguna, recogiendo los desechos que encuentre, navegando entre los matorrales verdes como el limón que se encuentran flotando en la superficie y al ritmo que lo hace contempla…, contempla la belleza de lo que alguna vez fue la alguna y que está luchando por recuperar. Pero no todo es color de rosa y con esta tarea humanitaria que él hace solo, hay obstáculos, que en ciertos casos son tan graves que son inconcebibles. Las amenazas que recibe Salvatore para que se retire de su labor y deje a la laguna sin guardián, vienen con la muerte incluida en el paquete, pero él sigue firme en su labor, a pesar de las adversidades y los retos para superar los enfrentamientos con las empresas mineras. Él actualmente lucha, cuida, protege y lo más importante, ama esa laguna que lo vio crecer, esa tierra sagrada milenaria a la que da su vida día a día para que llegue al punto de gloria que la caracterizaba años atrás y que trabaja para que les quede a las generaciones futuras… para la posteridad.

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