Por Sonía Torres

Llega Semana Santa y muchos aprovechan para salir de vacaciones, ir de rumba, ser conscientes de sus pecados y pedir perdón, para quedarse en casa descansando, o para ir a misa todo el día y dedicarse a la oración.

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Para la década de los 80s y 90s era muy común escuchar a las abuelas decir que no se podían hacer ciertas cosas porque era pecado. Algunas creencias han pasado de generación en generación, pero hoy en día es muy poco lo que se cree en ellas. Datéate se puso a la tarea de revivir esos mitos y entender religiosamente de qué se tratan.

  1. Jueves, Viernes y Domingo Santo no se puede entrar en ríos ni en el mar porque podría transformarse en pez. El mito nació en poblaciones pequeñas del norte de Colombia y ha tenido variaciones en el tiempo. Hoy en día aplica para cualquier tipo de baño, así sea en la ducha de la casa.
  2. No se puede usar prendas rojas porque se podría atraer la presencia del demonio. El mito es extremo porque se relaciona el color rojo con el color de la bestia.
  3. No hay que tener relaciones sexuales: En el pasado se decía que quienes tenían relaciones sexuales durante esta fecha quedaban “pegados” hasta la siguiente cuaresma, incluso por este motivo no se celebran matrimonios. La iglesia dice que no tener relaciones sexuales es permanecer de una manera casta y que guardar abstinencia es saludable para la fe.
  4. Después de la 3:00 pm del Viernes Santo no se puede salir de la casa: Había que abstenerse de salir después de las tres de la tarde, ni siquiera se podía asomar a la ventana porque esa fue la hora en que murió Cristo y su enojo causaría la precipitación del cielo en forma de lluvia.
  5. Es de mala suerte nacer un Viernes Santo: Según la creencia, el que naciera en esta fecha podría ser el anticristo porque es el día de la crucifixión de Jesús.
  6. No escuchar música: Los abuelos prohibían escuchar música y menos si se trataba de rock, para ellos la Semana Santa es un espacio para el silencio, la reflexión y solo para escuchar a Dios.
  7. No barrer, trapear o hacer alguna labor doméstica: No era recomendado pasar la escoba o el trapero porque se consideraba una forma de “barrer o trapear la cara de Cristo”, así como tender la cama o hacer labores domésticas porque se estaría haciendo sobre el cuerpo de Jesucristo.
  8. No clavar clavos el Viernes Santo: No se debían utilizar puntillas porque hicieron parte del sufrimiento de Cristo en la cruz y al hacerlo se atraía al diablo.
  9. No comer ningún tipo de carne roja ni los Miércoles de Ceniza ni el Viernes Santo. La tradición se mantiene hasta la época ya que sería un similar a comer o cortar la carne de Jesús. La iglesia explica que el pescado era uno de los alimentos que el hombre puede comer.
  10.  Ayunar: La iglesia dice que el ayuno recuerda que el ser humano es débil y que se necesita de Dios para la vida, por eso se tenía la costumbre de ayunar durante las 24 horas del Viernes Santo; solo los niños podían comer un poco de pan y agua.

Semana Santa es la última semana de la cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, que la iglesia católica dedica a recordar la pasión, muerte y resurrección de Jesús. La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) dice que “la Semana Santa es el momento litúrgico más intenso del todo el año. Esta semana la debemos dedicar a la oración y la reflexión en los misterios de la pasión y muerte de Jesús”.

Algunas de esas creencias lo que hacen es alejar al creyente de la auténtica fe. Lo importante es mantener el respeto por los días más trascendentales dentro de la fe cristiana.

El presbítero Jorge Bustamante Mora del departamento de doctrina de la CEC explica que “Celebrar Semana Santa es hacer una verdadera profesión de fe frente a Jesús crucificado. Es hacer una aceptación personal de Jesús en el corazón y acogerlo. Este es el acto más grandioso de Dios. Allí nos mostró el amor cuando dio a su hijo Jesús en la cruz”.

La iglesia católica recuerda que lo importante es entender el llamado de la iglesia a vincularse a los actos litúrgicos que rememoran el sacrificio que realizó Dios al entregar a su hijo por la salvación de la humanidad. Por esto la actitud del católico debe corresponder con esa entrega de amor del Señor.

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