Por: Rizoma

La familia García se radicó en La Dorada, Caldas, en 1990, un municipio cercano a Puerto Boyacá, considerada la capital antisubversiva del país. Rodrigo, de 34 años y padre de 4 hijas, recibió amenazas de paramilitares que le propinaron balazos a las paredes de su casa, por lo que se vio obligado a marcharse donde unos familiares en Cali. Esta fue la última vez que sus hijas lo vieron.

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Años más tarde la historia se repitió: el padre de crianza de las niñas García fue amenazado. Era contratista en la Central Hidroeléctrica de Caldas y Pensilvania, pueblo con fuerte presencia de las FARC, organización que voló una de las torres eléctricas de las que José era comisionado para arreglarlas. Saliendo del sitio fue retenido por combatientes y obligado a transportar a miembros de la organización armada hasta un lugar seguro de los militares.

Tres días después un amigo de la familia que mantenía conversaciones con paramilitares les contó que existían sospechas acerca de una presunta vinculación del señor con las Farc y que era objetivo militar. Esta vez tuvieron que salir del municipio hacia Bogotá, en donde empezaron a formar parte de las más de 145.560 familias desplazadas víctimas del conflicto armado que se radicaron en la capital entre 1985 y 2019.

En la ciudad la familia se asentó. La tercera hija, Ángela, es estudiante de Comunicación Social – periodismo de UNIMINUTO, una de las 8.8 millones de personas que han sido afectadas por delitos de guerra durante los últimos 54 años, según el Registro Único de Víctimas, que se prepara para trabajar por la paz.

Buscando en el miedo

El 24 de noviembre de 2016 se firmaron los acuerdos de paz cuyo propósito era acabar con el conflicto armado entre las Farc y el Estado colombiano. La Comisión Internacional de Verificación de los Derechos Humanos en Colombia manifiesta que solo se ha cumplido el 23% de los acuerdos y que pueden fallar debido a la negligencia del gobierno, el recrudecimiento de la actividad paramilitar en el país y el asesinato masivo de líderes sociales que trabajan por la paz y los derechos humanos.

La investigación El miedo a la paz, desarrollada en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de UNIMINUTO, se realizó bajo la dirección de Fernando Gutiérrez y Camilo Ruíz, con la participación del profesor Fabio Medellín; así como de las realizadoras audiovisuales Edna Higuera, Clara Cárdenas y Nataly Castaño.

Este proyecto tuvo como objetivo establecer los principales miedos que surgen en Colombia a partir de la idea de paz para reconocer el sentido de la misma como factor fundamental de cambio social, propuesta investigativa que expone las problemáticas en torno a la paz y la relación con el conflicto armado interno de forma directa.

“Se pensó en la necesidad de que los resultados de la investigación no fueran materiales para ser archivados, sino que se pudieran ver, y que se trabaje en sacudirnos el miedo a vivir en paz”, afirma Gutiérrez.

Se realizaron nueve entrevistas audiovisuales a un grupo multidisciplinario de expertos que aportaron, desde sus experiencias, en la forma en que la guerra se ha situado en cada uno de los sectores de la sociedad: Nelly Mina, lideresa social; Sandra Osses, comunicadora social; Carlos Martínez, politólogo; Pablo Gutiérrez, psicólogo; Carlos Gómez, psiquiatra; Oscar Useche, economista; Santiago Castro, filósofo; César López, músico, y Eduardo Restrepo, antropólogo.

De las jornadas con expertos se produjo un documental, posterior a esto se ajustó a un mediometraje que resalta la expresión oral de los expertos con el fin de mostrar el énfasis que cada uno le da a los diferentes temas. Las piezas documentales tienen planos de semiperfil y en ocasiones de perfil, con la intención de hacer partícipe al espectador en una conversación.

La musicalización, así como la composición y la interpretación estuvieron a cargo de Leonard Jaramillo, aunado a la grabación de un videoclip en el que fue realizada una pintura corporal del artista Giovanni Zitro en la modelo Laura Ramírez, a fin de mostrar cómo el miedo se siente en la piel de las mujeres que han luchado en la construcción de la paz. También hay imágenes de apoyo que muestran cómo los ciudadanos han dejado el conflicto de lado y lo han visto como ajeno.

Parte del proyecto de investigación indagó con colombianos de diferentes partes del país que, a grandes rasgos, perciben el miedo como esa inmovilización generada por el conflicto durante las últimas cinco décadas, lo cual permitió evidenciar que el temor es a lo desconocido, al silencio que somete y al anhelo que parece lejano de lograr la paz.

Los investigadores encontraron que el miedo es un sentimiento incontrolable que permite que el cuerpo esté preparado para el peligro o aquello que no conoce, que se mantiene latente ante el precio que cuesta implementar la paz bajo un gobierno autoritario, fenómeno perceptible en las relaciones cotidianas.

Por otro lado, la desconfianza en la que el colombiano ha crecido normaliza la cultura de la desigualdad, la coerción, la corrupción y el sometimiento. Este proyecto de investigación es el primer paso para debatir, en las diferentes comunidades académicas y pedagógicas, sobre la articulación de las reflexiones con las acciones diarias de cada individuo en el país, haciendo necesario que cada vez más personas comiencen a comprometerse con el posconflicto.

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La investigación El miedo a la paz, desarrollada en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de UNIMINUTO, se realizó bajo la dirección de Fernando Gutiérrez y Camilo Ruíz, con la participación del profesor Fabio Medellín; así como de las realizadoras audiovisuales Edna Higuera, Clara Cárdenas y Nataly Castaño.
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