Vista panorámica del Golfo de Tribuga, donde las comunidades afro-colombianas ejercen la pesca artesanal como modo de vida.

Por: Andrea Parra y Laura Londoño

El golfo de Tribugá es un golfo del océano Pacífico entre el cabo Corrientes, al sur y la punta San Francisco Solano, al norte. Se encuentra en el occidente del departamento del Chocó y las aguas de éste bañan al departamento de Nuquí y a la biodiversidad que allí habita, pues, la construcción del puerto abarca diversas vertientes, una de esas es construir en aguas profundas, lo que conlleva hacer una carretera en medio de la selva, esto, en términos de pérdida de biodiversidad, ¿qué signficaría? Pues bien, se destruiría la mitad del manglar del Chocó y se llegaría al fin de la visita de más de 1500 ballenas jorobadas que anualmente arriban a estas aguas.

El Puerto de Tribugá es un mega proyecto ambicioso, cuyo máximo apoyo se encuentra propuesto por el presidente Iván Duque, empresarios y políticos del Chocó. Sin embargo, esta construcción tiene un precedente histórico, desde cuando el General Gustavo Rojas Pinilla con ayuda de algunos investigadores británicos lanzó los primeros sondeos del pacífico colombiano, sondeos que consistieron en conocer la distribución y riqueza del Chocó, para así generar grandes proyectos de infraestructura.  Frente a esto, hoy se establece construir un puerto más grande que el de Buenaventura. Se contempla construir muelles de 3.600 metros de longitud y entre 15 y 20 metros de profundidad, así podría recibir embarcaciones de hasta 200 mil toneladas.

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El 16 de mayo en Voces en Movimiento contamos con la participación vía telefónica de Bambazú, mujer chocoana, feminista y trabajadora social. Se conversó sobre las causas, consecuencias y las acciones a tomar respecto al proyecto de Tribugá, además de manifestar su incomodidad frente al no reconocimiento de su territorio y la falta de pertenencia de algunos/nas colombianos/nas.

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La comunidad del Chocó está en desacuerdo con este proyecto, pues a pesar de las posibles ofertas laborales y el aparente desarrollo económico que traería la construcción del puerto, su preocupación radica en el Distrito Regional de Manejo-Cabo Corrientes, territorio de 60.138,6 hectáreas protegido por los habitantes de Nuquí y del cual dependen económicamente familias de hasta 10 municipios, a través del ecoturismo, la pesca artesanal, el corte y uso de manglares.

Pero ahora, la pregunta es: ¿De qué manera afecta a la comunidad, principalmente conformada por negritudes e indígenas en esa zona del país, sabiendo que los acobija la ley 70 de 1993, que reconoce su realidad cultural, haciéndolos partícipes de las decisiones importantes sobre sus tierras?

Más de 70 organizaciones ambientales, sociales y de turismo le enviaron una carta al presidente para pedir que se tuvieran en cuenta a las comunidades afrodescendientes e indígenas de la zona, pues las consecuencias ambientales, económicas, sociales y culturales re-caerían primeramente en ellos.

A pesar de esto sigue adelante el proyecto, en medio de un panorama en el que las necesidades y opiniones de los habitantes del Chocó no son tenidas en cuenta, y en donde están por encima los intereses económicos de un gobierno que limita la participación del pueblo.

Ante este panorama urge la unión, y es necesario que las personas se movilicen hasta los territorios, esas zonas que normalmente no tenemos previstas para viajar o pasear, esos lugares que ni siquiera sabíamos que existían, pero que necesitamos y nos necesitan.