Mapa del barrio La Favorita

Por Tatiana Salamanca 

“Ellos saben que esto es un falso positivo”: Amanda

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Reviva el estremecedor relato ocurrido en el mismo sector de esta nueva historia.  “La Favorita sector de guerra entre ganchos”https://www.uniminutoradio.com.co/la-favorita-sector-de-guerra-entre-ganchos/

“Tengo miedo, no sabemos qué vamos a hacer, que tal que un día de estos se nos metan al edificio, nos encañonen y nosotros ahí sin poder hacer nada. (…) Esperar, no queda de otra”. Amanda* pronunció estas palabras la última vez que nos vimos. Ella es una mujer de 58 años de edad y desde que llegó de Manizales, desplazada por la violencia, siempre ha vivido en el centro de la capital colombiana. Es propietaria de un segundo piso compuesto por dos habitaciones, cocina y baño; su familia está conformada por ocho integrantes que conviven en el mismo apartamento. Siempre le ha gustado vivir allí, un lugar tranquilo, central y económico, sin embargo, las cosas se pusieron difíciles una vez que las dos grandes ollas de la capital fueron intervenidas por el Alcalde Mayor de Bogotá, Enrique Peñalosa. La frecuencia con que los adictos y personas en condición de calle frecuentaban el frente de su vivienda cada vez generaba molestia en su barrio, el olor que expedían las calles abarrotadas de basuras y excrementos hacían que el sector fuera inaguantable.

Amanda sabe perfectamente cómo es la movida en su barrio, sabe quiénes son las personas que tienen el control sobre este y de quiénes hay que tener cuidado. Hace algunos meses en el cuarto piso del edificio donde viven, instalaron la nueva olla que se tomaría Bogotá: La Favorita.

Algunos de los jóvenes que habían crecido en aquel barrio, eran conocidos por Amanda, y hoy en día hacen parte de los “jaladores” o “ganchos” de la olla “La Favorita”. Oscar* es uno de estos jóvenes que, con apenas 16 años de edad, se gana la vida vendiendo drogas para esta banda criminal.

Noviembre de 2017

A Oscar se le acerca una persona que lo pone “entre la espada y la pared” y le explica que la banda necesita un hombre para entregar a las autoridades y con ello calmar el hambre de resultados sobre capturas. Nadie sabe cómo sucedió, pero sí se sabe que Oscar lo hizo para salvar su pellejo entregando a un joven de 20 años que será llamado dentro de la historia Santiago*, un muchacho que no tenía nada que ver con la organización ni con su actuar criminal. Santiago y Oscar se conocían desde muy pequeños, y aunque nunca se llamaron amigos, sino “parceros” por el dialecto coloquial de su edad, Santiago siempre creyó que realmente eran amigos, pero las vueltas que da la vida hizo que sus caminos se dividieran y Santiago terminara en la cárcel La Modelo.

23 de noviembre de 2017

En horas de la tarde llaman a la puerta del edificio donde vive Amanda, eran personas de la SIJIN, Policía Judicial y de apoyo. Al ingresar al predio, requisan todo el edificio, y una vez que los uniformados se ubican en el piso donde habita Amanda, les enseñan a ella y a sus familiares la orden de allanamiento e ingresan a su apartamento, le solicitan a Amanda encender el televisor y que todos salgan al pasillo para una requisa. Finalmente le piden “el favor” a Santiago y Andrés (hermano menor de Santiago) que los acompañen al tercer piso a verificar que todo estuviera bien,  – “Cuando abrieron la puerta, ingresamos, en la habitación revisaron todo y en un cajón encontraron unas bolsas, nos dijo uno de los policías: ‘la verdad me tengo que llevar a alguno de los dos, si no me llevo a su abuela’ (…) también le dijeron a mi hermano mayor ‘¡cójala que ya sabemos que es suya!’, refiriéndose al arma que también encontraron, luego empezamos a forcejear porque se nos fueron encima, yo me pude escapar pero mi hermano no”, cuenta Andrés que presenció todo.

“Yo no pude subir con ellos, no me dejaron, yo escuchaba los gritos de mi nieto pidiendo ayuda, cuando se lo llevaron no pude hacer nada. Si no fuera porque no me dejaron grabar y porque no sé usar tampoco esos celulares, hubiera podido grabar todo”, afirma Amanda. Al bajar vio cómo a su nieto lo montaban en el camión o “parca”, como también se le conoce. El vehículo arrancó rápidamente hacia un destino desconocido. “El policía me dijo que no me preocupara, que todo iba a estar bien y que mi nieto el día de mañana estaría en casa. ¡Mentira! mi nieto nunca regresó porque lo judicializaron”, puntualiza Amanda mientras muestra los documentos.

Sin tener razón de Santiago, su abuela Amanda, decide dirigirse hacia la Procuraduría y entabla una demanda por los atropellos vividos durante el allanamiento realizado en el edificio donde residía. La familia jamás imaginó pasar por situaciones que solo veían en películas y en lo complicado que se convertiría vivir en el edificio donde Herbert (jefe de la olla) albergaba drogas, y aunque sabían que este lugar era destinado para esto, Amanda asegura que Santiago* no hacía parte de la banda.

21 de febrero de 2018

“Ellos saben que esto es un falso positivo (…) yo mañana tengo citación en la Fiscalía para dar declaración. Voy a llevar papeles que tengo acá, además, yo sé quién es el cabecilla y lo voy a denunciar” decía Amanda una y otra vez agitando su dedo índice. Se llegó el día en que Amanda tendría la oportunidad de defender a su nieto. El abogado de oficio que se le había designado llegó tarde y no se dijo nada más que “aplazar la audiencia” después de que la defensa de la Fiscalía presentara los testigos. La angustia aumentaba por el hecho de no poder comunicarse con Santiago*, no conocer cuáles eran los delitos que se le imputarían y no saber cuánto tiempo estaría en un reclusorio antes de que se definiera su situación. Con el abogado la comunicación no era fluida y pese que Amanda no conoce los pasos a seguir, siempre se mantuvo fuerte y sin dudar que tarde que temprano su querido nieto recobraría la libertad.

No se pierda mañana la segunda parte de la historia: La Favorita, la nueva olla que se tomó Bogotá: Parte 2

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