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Lasso gana en Ecuador pero ¿significa el fin del correísmo?

El conservador y neoliberal Guillermo Lasso, ganó las elecciones ecuatorianas superando a Andrés Arauz por menos de cinco puntos porcentuales. Eso supone un varapalo para la "revolución ciudadana" creada por Rafael Correa en 2008. Sin embargo, el correísmo no está acabado, ni enterrado, como algunos ya pronostican.

La diferencia de votos entre ambos fue de alrededor de medio millón. Si se suman los sufragios a favor de Arauz y las papeletas nulas, sale que casi seis millones de personas, de un censo electoral de 10,8 millones, no querían que Lasso gobernara. Eso es mucho.

El partido de la “revolución ciudadana” tiene el bloque más numeroso de legisladores dentro de la Asamblea Nacional. Desde el Parlamento los partidarios de Correa, exiliado en Bélgica, emprenderán una tarea de fiscalización del Gobierno de Lasso y de contrapeso a las políticas que este quiera aplicar, si esos cambios legislativos son abiertamente perjudiciales para los sectores más empobrecidos. Algo similar ya ocurrió con el bloque correísta y el presidente saliente Lenín Moreno. Solo el tiempo dirá si esto es el fin del correísmo.

Claves de la victoria de Lasso

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¿Por qué ganó entonces Lasso (52,3 por ciento del sufragio) si el voto a la Asamblea se decantó más por el centro y el centro-izquierda? El candidato del movimiento CREO–Creando Oportunidades hizo una campaña reiterada de desprestigio en contra de Correa y todo lo que se asociaba con su imagen durante los cuatro años de Moreno. Los medios de comunicación contribuyeron mucho en repetir y amplificar ese discurso.

“A amplios sectores de la población, aunque estaban de acuerdo con la gestión que hizo Correa en cuanto a aplicación de políticas públicas, no les gustaba su estilo de confrontación constante. Pienso que, aunque Lasso tenía un voto duro, jugó un papel importante un voto de castigo a Correa”, sostiene la consultora política ecuatoriana Geoconda Pila, entrevistada por Sputnik.

La verdad es que Correa “intentó cortar muchos privilegios, inclusive en las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, lo que hizo que también estos sectores y sus familias rechazaran la opción asociada al correísmo, pues en el fondo temían que Arauz quisiera implementar políticas que les perjudicaran”, añadió Pila.

Aunque sólo el 45 por ciento de los hogares ecuatorianos tienen acceso a Internet, las redes sociales resultaron claves en la segunda vuelta. Los dos pretendientes se lanzaron a tratar de conquistar las simpatías de quienes reclaman mayor participación y respeto a sus derechos. Jóvenes, mujeres, la comunidad LGBTQ, indígenas y ambientalistas fueron el objetivo de las campañas.

Lasso y Arauz (47,6 por ciento de los votos) se mostraron más cercanos con estos sectores de la población “para crear una conversación directa con ellos y romper esa especie de superioridad y mostrarse al mismo nivel”, declaró Santiago Chiriboga, cofundador de la plataforma juvenil El Dato. Tik-Tok fue la red preferida para posicionar algunos mensajes, pero también para lanzar ataques broncos y contraproducentes.

Indigenismo, segunda fuerza… dividida

El movimiento indígena, a través de su brazo político, Pachakutik, se convirtió en la segunda fuerza parlamentaria de Ecuador. Sin embargo, aunque en términos electorales les fue muy bien, internamente están muy fracturados. Hay divisiones muy fuertes entre los líderes de la sierra y los de la Amazonía.

El bloque de Pachakutik representa más al movimiento indígena de la sierra y aún este está dividido, pues actores como Leonidas Iza no apoyan del todo el rol del que fue candidato presidencial Yaku Pérez.  Es muy probable que se conviertan en una fuerza importante con capacidad de negociación, pero sería muy grave para ellos y sus consignas apoyar abiertamente un gobierno de derechas y avalarlo votando sus iniciativas legislativas.

Al principio, seguramente, pactarán con el partido Izquierda Democrática, de Xavier Hervas, para intentar tener participación en la dirección de la Asamblea y las comisiones parlamentarias, pero con el tiempo se irán notando las enormes diferencias ideológicas y marcarán distancia con los bloques tradicionales de derecha –CREO y el Partido Social Cristiano (PSC)– y también se convertirán en un evidente contrapeso del poder. Además, ellos pidieron el voto nulo –y 1,7 millones de personas les hicieron caso–, con lo cual no quieren que se les vincule ni con Lasso ni con el correísmo.

Yaku Pérez quedó tercero por detrás de Lasso y Arauz en la primera ronda de votaciones y no pasó el corte. Sin embargo, Pila no cree que haya perdido. “Para él fue una gran ganancia, en términos políticos, el resultado que obtuvo. En principio no se veía como una opción fuerte, pero su candidatura creció y ganó adeptos fuera del movimiento indígena. Lastimosamente, Ecuador sigue siendo un país muy regionalista y racista, y pienso que eso hace que sea muy difícil para un candidato del movimiento indígena lograr un voto significativo en la costa y en la clase media. Él tuvo el apoyo de una parte del movimiento indígena y de sectores sociales como ecologistas, intelectuales de izquierda, estudiantes de universidades públicas de la sierra”, dijo la consultora.

Tras los pasos de Moreno

“Pienso que las políticas aplicadas por Lasso, que ya de algún modo se vieron con Moreno, podrían hacer que, luego de este período, el país vuelva a elegir una opción de izquierda y ahí dependerá de cómo actores como Arauz o Yaku manejen su imagen y quehacer político duramente estos años”, pronosticó Pila.

Lasso ya está haciendo concesiones. Aunque es profundamente conservador en lo moral, está dispuesto a negociar un tema al que se opuso públicamente: la despenalización del aborto en caso de violación. Veremos si son ciertas sus palabras.

En el plano económico, siendo banquero y neoliberal, bajará los impuestos, ajustará el gasto público y reducirá el tamaño del Estado. En el fondo, lo tiene bien complicado, porque el problema de las finanzas públicas, que es la crisis fiscal que atraviesa el país desde finales de 2014 y de la cual no logró salir, se agravó debido a los terribles estragos de la pandemia delcovid-19.

Los éxitos de los 10 años de “socialismo del siglo XXI” de Correa parecen ahora muy lejanos. El país se ha deteriorado a marchas forzadas. El Estado del bienestar va perdiendo terreno para dar paso a un Estado del privilegio. Los niveles de pobreza son brutales y abundan la mendicidad y la desesperanza entre los ciudadanos. Los retos de la nueva Administración se muestran enormes. ¿Será Lasso capaz de abordarlos?.

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