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Libros y pandemia: este es el panorama de la industria editorial colombiana en tiempos de crisis

La pandemia del Covid-19 se ha extendido por el mundo en lo corrido del año 2020. Durante más de seis meses la industria colombiana se ha visto frente a una crisis sin precedentes, que toca desde productos insignia como el café y el petróleo, hasta el sector cultural y literario.

Por: Gustavo Montes Arias

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Editores tras bambalinas

 Lucía Donadío, creadora de Sílaba Editores, y Paula Gutiérrez, diseñadora editorial de la ciudad Bogotá, son dos de las muchas personas tras bambalinas en las editoriales independientes.

Sílaba Editores nació en 2009 en Medellín, y no era un proyecto consolidado. A Lucía le fue encomendada la edición de un libro que le generó preocupación por la poca circulación o entrada al mercado que tendría, y para evitar que se convirtiera en un “libro huérfano”, como ella lo llama, nació un proyecto editorial que lleva once años publicando a “los otros escritores”.

Paula Gutiérrez trabaja hace quince años como diseñadora con énfasis editorial y para ella “los libros siempre han sido y son un bien de primera mano”. Su misión y la razón de su trabajo son claras: “pongo todo mi amor y empeño en mi oficio para que desde el autor hasta el consumidor final sientan el gusto de tener un libro en sus manos”.

El aislamiento obligatorio por la pandemia tuvo incidencias en el estilo de trabajo de muchas personas, algunas positivas y otras no tanto. En el caso de Gutiérrez, su trabajo se ha duplicado en la cuarentena, pues la industria editorial se sigue moviendo “porque la gente busca un escape a la realidad que estamos viviendo”.

Desde su experiencia como trabajadora freelance no ha visto altibajos en su proceso creativo, aunque no niega que a veces le cuesta “aceptar esta incertidumbre”, pero a esta situación le ha “sacado partido y la he convertido en creatividad”, como ella lo menciona.

La experiencia del equipo de Sílaba ha sido similar, Lucía apunta, en primer lugar, que “el efecto más grande ha sido que no haya ferias del libro”. Desde el nacimiento de la editorial, no pensaron en tener oficinas, cada persona trabaja De los anaqueles y ferias, a las pantallas Existen lugares en los que el libro toma alas y se llena de magia: las librerías y ferias del libro. Pero con la pandemia, las experiencias de llegar a una librería y pasearse entre lomos y páginas o asistir a una feria del libro para escuchar a los escritores en presentaciones y conferencias, se han trasladado por completo al mundo digital. desde casa, las reuniones con editores y escritores se hacían en cafés antes de la pandemia: “El trabajo editorial es silencioso, de lectura y computador, por lo que todo se puede hacer virtual y no nos ha afectado tanto”.

Acerca de las ferias del libro, Donadío apunta: “Ha habido un intento de remplazarlas virtualmente y pienso que se ha logrado, pero frente a las ventas siento que se quedan cortas”. Otros efectos que la editora menciona son la necesidad de aplazar libros y retrasar proyectos debido a la caída de las ventas, aunque han implementado estrategias que antes no usaban como la venta directa vía WhatsApp, dinamizar las redes sociales y actualizar el catálogo digital de títulos, pues la filosofía de Lucía es que “los buenos libros son para siempre” y eso implica un catálogo que, a pesar de los años, esté vigente.

La editora asegura que “las ventas han sido buenas” y, entre los veinte y veinticinco libros que publicaban anualmente, han intentado mantener su ritmo de publicación en la pandemia con varios títulos: “hay gente que ha tenido más tiempo para leer, incluso algunos libreros me han dicho que han vendido más en esta época”.

Los deseos son muchos y altas las expectativas. Tanto Paula como Lucía esperan disfrutar de los espacios presenciales de socialización entre escritores, libros y lectores. Gutiérrez lo expresa así: “Espero que la industria editorial siga creciendo, que los libros sean asequibles, que las bibliotecas tengan más y mejores contenidos, sobre todo las rurales, y que los colombianos tengan el hábito de la lectura, digital o impresa, pero que las letras formen parte de su cotidianidad”.

De los anaqueles y ferias, a las pantallas

 Existen lugares en los que el libro toma alas y se llena de magia: las librerías y ferias del libro. Pero con la pandemia, las experiencias de llegar a una librería y pasearse entre lomos y páginas o asistir a una feria del libro para escuchar a los escritores en presentaciones y conferencias, se han trasladado por completo al mundo digital.

Insspíre es una de las librerías que sufrió los cambios comerciales y rutinarios del coronavirus. Las ferias del libro de Manizales y Bucaramanga son dos de los eventos literarios y editoriales que ya pasaron la prueba de desarrollo por medio de las pantallas.

Anyela Gómez es la gerente general de Insspíre, una librería independiente de Manizales, en donde los libros se abren a los lectores entre otros artículos curiosos que se convierten en una inspiración para la vida. Un emprendimiento que nació en 2017 con la intención de “compartir con otros el deseo por los objetos inspiradores, principalmente los libros”.

Una de las características innovadoras de la librería es “estar en centros comerciales donde en ocasiones no se llega buscando un libro”. Pero el cierre de estos lugares al inicio de la emergencia sanitaria representó disminución en las ventas de la librería, especialmente porque “los clientes han tenido que priorizar sus gastos”, comenta Gómez. En cifras concretas, según la gerente, la concurrencia de clientes en la tienda física pasó de 2.500 a solo 500 personas por mes.

Ante la imposibilidad de operar a toda marcha de manera presencial, Gómez explica que la librería y su equipo de trabajo decidieron hacer eco de su filosofía de inspiración: “A lo largo de la pandemia creamos espacios virtuales para enseñar sobre cómo pintar mandalas, estilos de lectores, adecuación de espacios de lectura y tipología de libros”.

Los resultados de la experiencia virtual fueron reveladores: “Al finalizar la cuarentena se ha evidenciado que las personas quieren de nuevo tener contacto con lo físico”, comenta. Menciona que antes de la pandemia había hecho adelantos en espacios digitales de venta de libros y actualmente cuentan con una página web, ventas por WhatsApp y redes sociales.

Los coordinadores de las ferias del libro también apuntan un balance positivo de sus experiencias virtuales durante 2020. Es el caso de la Feria del Libro de Manizales, organizada desde la Universidad de Caldas y coordinada por Luis Miguel Gallego, y la Feria del Libro de Bucaramanga (ULibro) organizada y liderada por la Universidad Autónoma de Bucaramanga y bajo la dirección de Erika Juliana Suárez.

En su versión número once, la Feria del Libro de Manizales se realizó una vez más con la inversión de dineros públicos por parte del Ministerio de Cultura, el Programa Nacional de Concertación Cultural, la Gobernación de Caldas, Alcaldía de Manizales, Universidad de Caldas y varias empresas privadas. A esta cooperación, Gallego le llama “una suma de esfuerzos y voluntades sin necesidad de cheques cruzados”.

Con relación al montaje de la feria virtual, su coordinador menciona que “se llega a públicos que usualmente no tenían la oportunidad de asistir a la feria”. En términos de cifras aclara que en esta versión la Feria del Libro de Manizales tuvo alrededor de cincuenta invitados regionales, nacionales e internacionales y aclara que “el tráfico de un evento virtual y uno presencial, son muy diferentes”, sin embargo, se calculó un promedio de visualización de streaming de 120 personas y Facebook arrojó visitas diarias a todos los eventos de entre siete y ocho mil personas.

La ULibro de Bucaramanga lleva dieciocho años siendo financiada con “respaldo económico de entidades públicas y privadas y apoyo de entidades culturales”, aclara Erika Juliana Suárez. En cuanto a la ayuda de la CCL, desde la Red de Ferias del Libro de Colombia creada en 2016, menciona que “apoya con la difusión y promoción de la programación”, así como en la “realización de actividades que complementan y enriquecen el certamen”.

La versión 2020 de la feria “fue un reto”, en palabras de Suárez, por ser la primera vez que se realizaba completamente digital. Sin embargo, las cifras muestran resultados bastante satisfactorios: “Durante los siete días de feria (24 al 30 de agosto) se realizaron 180 eventos, se contó con la participación de nueve invitados internacionales y 290 nacionales y regionales. Los canales de streaming registraron 162.607 usuarios durante toda la semana y la muestra editorial estuvo conformada por 35 librerías y editoriales de todo el país”. Aunque de Bucaramanga a Manizales hay una considerable distancia física, las ferias del libro estuvieron unidas y fortalecidas desde la virtualidad, pues, como acota Luis Miguel Gallego, “cada feria tiene sus particularidades, pero en el fondo todos nos encontramos”.

Paliativos gubernamentales

Las medidas tomadas desde el Gobierno Nacional, el Ministerio de Cultura y entidades como la CCL, han hecho eco de posibilidades de financiación, pago de nóminas e incluso de compra de productos nacionales en diferentes sectores económicos, incluidas las editoriales y librerías independientes.

Enseñanzas de la pandemia

Un punto de convergencia para todos los actores de la cadena del libro es que el Covid-19 pasará y el libro, como lo ha hecho tantas veces, se quedará y seguirá vigente.

Sandra Cubillos analiza este momento de la historia y concluye: “El mundo va en evolución y esto no demerita los centros de conocimiento o bibliotecas en el almacenamiento de la sabiduría”. Lucía Donadío concluye: “Siempre tengo esperanza como filosofía de vida, pienso que lectores siembre habrá, no creo que el libro impreso se vaya a acabar. Tal vez el libro electrónico tome más auge como ha pasado en la pandemia”.

Respecto a las ferias del Libro, Luis Miguel Gallego menciona que “la presencialidad es necesaria para la cultura”. Y agrega: “Las ferias del libro ayudan a democratizar el encuentro con el conocimiento y la lectura”. Desde el diseño editorial, Paula Gutiérrez tiene claras sus expectativas: “La pandemia nos ha dejado muchas enseñanzas, la vida puede cambiar de un momento a otro y no debemos dar nada por sentado, por eso siento la necesidad de seguir explorando para encontrar soluciones relacionadas con la creación y venta de libros”

Y de regreso al origen de todo, los escritores, no son imprecisas las declaraciones de Paul Brito: “Al fin y al cabo, cada vez somos otros en el tiempo”, aunque pase el virus y se queden las palabras.

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