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Así funciona un ‘acueducto comunitario’, un modelo que suministra agua a muy bajo costo y que el gobierno de Iván Duque excluye

Viajamos a un rincón de la Bogotá rural para conocer el funcionamiento de algo llamado 'acueducto comunitario', un modelo que garantiza el derecho al agua a decenas de familias sin la mediación de una empresa privada.

Muchas veces pensamos que el agua es un servicio siempre disponible, basta con abrir el grifo y esperar que el preciado líquido salga. Pero no en todos los lugares sucede así, el derecho el acceso al agua es uno de los retos de gobiernos desde hace mucho tiempo.

En este artículo les hablaremos del acueducto comunitario de la vereda El Destino, en la zona rural de la localidad quinta de Bogotá, en Usme. Para llegar allí hay que tomar un bus hasta Usme centro, o mejor conocido como Usme pueblo, hay algunas personas que trabajan con sus carros transportando la gente hasta las veredas. Antes de llegar a El Destino, debe pasar por una vereda llamada El Olarte, no hay pierde, la gente amable los guiará, pero antes le ofrecen una agua de panela con cuajada para el frío.

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Al estar en la vereda, se respira un aire limpio, se siente tranquilidad y hacia donde se mire, se aprecian cultivos de papa, hortalizas y fruta, alimentadas por el agua del acueducto comunitario que los habitantes cuidan y luchan para preservar.

Vereda El Destino – Foto: Stephany Garzón

Historia

En 1974 la señora Dilia Beltrán, una habitante de El Destino, propuso y gestionó el nacimiento del acueducto comunitario, pensando en la necesidad de agua que tenían los habitantes del lugar puesto que, para tenerla, les tocaba sacarla con canecas de una quebrada.

Tiempo después, en 1981, el acueducto empezó a funcionar nutriéndose de la quebrada Piedras Gordas. Según agricultores de la zona, era un nuevo “tesoro” que tenía las ‘3 b’ (bueno, bonito y barato). En aquel tiempo pagaban solo 150 pesos por el servicio. En 1994 hubo un incendio en la quebrada que puso en riesgo al acueducto. Con trabajo en equipo y la unión de fuerzas colectivas, se las arreglaron para ayudar a la quebrada y no quedarse sin agua.

Más tarde, en el año 2007, hubo un principio de equidad, entonces se implementaron contadores para medir el consumo. Hoy la persona que se encarga de hacer la lectura de los contadores, revisar lo daños del acueducto y entregar los recibos, entre tantas tareas, es el fontanero; una pieza clave en el proceso colectivo y que se esfuerza día a día para resolver las solicitudes de la comunidad.

¿Cómo funciona el modelo de acueducto comunitario?

El acueducto se nutre de la quebrada Piedras Gordas, una zona fría y protegida cerca del páramo Sumapaz, por eso hay variedad de flora y fauna en el lugar. El agua debe pasar por una rejilla que filtra hojas y piedras, luego pasa por el desarenador; donde quedan el resto de impurezas que lleva naturalmente. Por último pasa por una planta de tratamiento y desinfección, dejándola lista para ser distribuida por los hogares de los habitantes de la vereda.

Desde hace más de 15 años gracias al acueducto comunitario de esta vereda de Usme, se benefician alrededor de 180 familias que pagan una cantidad mínima mensual de 5.800 pesos, los cuales se dirigen para el cuidado y protección del mismo.

Norberto Riveros es el presidente de la junta administradora del acueducto veredal, y considera que “si no tuvieran un acueducto comunitario, no habría alimentos, no podrían subsistir sus animales, ni ellos mismos”. Para Norberto, los acueductos comunitarios son procesos en los que deben estar las comunidades, con cuotas de pagos que ayuden a subsistir al mismo, sin afectar la economía de los agricultores y vecinos.

Norberto Riveros en compañía de una habitante de la zona, en la planta de tratamiento. Foto: Alejandro Sepúlveda.
Desarenador- Foto: Stephany Garzón

¿Cómo resisten?

Los acueductos comunitarios son sinónimo de resistencia y lucha colectiva, porque los habitantes de la vereda se han encargado de mantener, cuidar, preservar y, sobre todo, considerar el agua y el acueducto como un bien común, por esa razón los agricultores y habitantes mencionan que el acueducto no se debe vender ni privatizar.

Precisamente, por no hacer parte de los modelos privados, el presidente Iván Duque no habría tenido en cuenta a estos modelos de acueducto en tiempos de pandemia, pese que sus beneficiarios son más del 40% de la población rural del país, según la Red Nacional de Acueductos Comunitarios.

El gobierno continúa privilegiando la lógica de la ganancia y la intermediación financiera, se ocupa en buscar estrategias para mantener la productividad y todo su empeño está orientado a garantizar la rentabilidad de las empresas y no en garantizar nuestros derechos. Y aunque aumentó subsidios y creó facultades excepcionales para hacer movimientos presupuestales en el erario, los y las campesinas, pobladores rurales, habitantes de barrios autoconstruidos y las organizaciones comunitarias seguimos siendo excluidas de sus prioridades“, dice un comunicado de ese colectivo.

Pese a las presiones de los gobiernos para que se configuren como un modelo de empresa o que entreguen su derecho a los privados, los habitantes de la vereda El Destino no ceden, porque si hay algo que hace que el acueducto funcione y sea sostenible después de tanto tiempo, es que el mismo es considerado como un compromiso en el que todos tienen parte, al fin de al cabo, esa es la esencia de acueducto comunitario.

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