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–Catherine, ¿qué?, fue la pregunta que soltaron al unísono los participantes del comité editorial de la extinta Viernes Cultural de Periódicos Asociados.

–Ella es una joven actriz bogotana que comenzó su carrera artística como bailarina de ballet clásico y luego se le vio en obras como “Peter Pan”, “La Invencible Molly Brown”, “Sugar” y “La Jaula de las locas”. Además, ha participado en algunos comerciales de televisión.

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–¿Y usted cree que se merece una portada?

–Catherine tiene mucho talento y, de seguro, será una gran figura en los próximos años.

–¿Y con ese apellido triunfará?

–Estoy seguro. Es bueno también apoyar a los nuevos talentos. Ella tiene muchas posibilidades para conquistar al público.

A regañadientes aceptaron que se le diera una portada y páginas centrales. Viernes Cultural era una publicación de Periódicos Asociados y salía con El Colombiano, El País, Vanguardia Liberal, El Universal, El Nuevo Día y La Tarde, con un tiraje de más de 300 mil ejemplares cada semana. Y a decir verdad era un riesgo salir con una nueva figura sin saber qué pasaría después. Pero me gustaba jugármela como se hizo antes con Shakira, Marbelle, Los 50 de Joselito, Charlie Zaa, entre otros más.

Cecilia Rocca era la fotógrafa estrella de la publicación y en su estudio, en la calle 33 dos carreras abajo de la Avenida Caracas en Bogotá acudían los candidatos a portada para que les hiciera las tomas respectivas, mientras escuchaban los primeros toques salseros de sus hijos y unos amigos. Luego esa agrupación se conocería mundialmente como La 33.

En aquella época Catherine vivía en el barrio El Salitre de Bogotá y cuando acudimos a la entrevista doña Blanca Gaete nos atendió con café y galletas, mientras salía la estrella en mención. Llegó asustada, venía con los ojos más grandes que otros días. 

–¿Qué pasó?, le preguntamos.

–Miren, ¡llegó el recibo del teléfono por un millón de pesos!

No podía dar crédito a la factura. “Es que la niña habla horas y horas”, explicó doña Blanca. Habría que recordar que en esa época aún no existía el servicio de celular a Colombia. Le fascinaba a Catherine cambiar su voz cuando recibía llamadas y hacía bromas a las personas. 

Había dejado el ballet, donde se desempeñaba profesionalmente, su metro con 68 le servía para espigarse aún más y tenía un prolongado cuello que le ayudaba para los movimientos y expresiones, pero veía que esa carrera sería muy corta y de pocas presentaciones. Estuvo también en comedias musicales, pero luchó para llegar a la televisión. En “Sobrevivir” tuvo su primera actuación y luego fue llamada a “La sombra del deseo”, donde laboró al lado de la diva Amparo Grisales.

Eso era lo que le gustaba. Le fascinaba actuar.

En su casa no faltaban –además del café y las galletas– los boleros, aunque a Catherine también degustaba más de un tango. Era increíble: una mujer tan joven y sabía canciones de Pepito López. Entonaba con lujo de detalles “Prisma de ilusión”, del famoso vocalista puertorriqueño. 

Pero su bolero era “Inolvidable”, interpretado por el inmortal Pablo Tito Rodríguez Lozada y recordaba: “En la vida hay amores/ que nunca pueden olvidarse/ imborrables momentos/ que siempre guarda el corazón”.

Pero también se sabía “La cárcel de Sing Sing” y “La copa rota” conocidas en la voz de Alci Acosta.

Cantaba con estilo y afinación, pero lo suyo eran los papeles en la televisión.

Lo cierto es que don Alberto Siachoque, su papá, no quería que fuera actriz. Él deseaba que se dedicara a la Medicina, pero pudo más el apoyo de doña Blanca. “Mi empresario y jefe de prensa es Dios, pero mi madre es mi secretaria”, comentaba.

Contaba, en medio de sus tímidas sonrisas que no dormía con un muñeco de felpa sino con una bolsa de agua a la cual llamaba como “gordo”, se mordía las uñas y soñaba con ser una de las actrices de renombre de Colombia. Hincha furibunda de Santa Fe y conocedora del deporte.

–Vas a triunfar, le comenté.

–¿Seguro?, preguntó tímidamente.

–Si sólo haces papeles de mala, sí.

–Siempre lo tendré presente.

El 1 de marzo de 1996 salió la portada en mención. Tuvo bastante difusión y a los pocos meses aplaudieron esa determinación para esa primera portada.

Nos volvimos a encontrar en Cartagena. Recibía su primer premio India Catalina. Doña Blanca nos invitó a comer en uno de los restaurantes del corralito. Fue una noche inolvidable donde hablamos del hoy, del pasado, pero sobre todo del futuro. 

Había nacido una figura de la actuación y un personaje digno de homenajes de Colombia.

En julio del año siguiente se casó con Miguel Varoni, fue llamada por Telemundo para actuar en dramatizados como “Amantes del desierto”, “La Venganza”, “Te voy a enseñar a querer”, “Tierra de pasiones” y “Pecados ajenos”, entre otros.

Sigue triunfando, escalando y goza de la vida, porque todos sus sueños se le cumplieron.

Este 21 de enero cumple un año más de vida y de triunfos. 

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