Foto: Coccam Nariño

Por: Julián Ochoa y Alejandro Sepulveda

El paramilitarismo en Colombia se puede entender como un proceso de larga duración, pues sus inicios se registran desde mediados del siglo XX, cuando el mismo gobierno colombiano brindaba armas de fuego a los ciudadanos para que se auto protegieran del mal que los rodeaba, todo con el fin de crear una estrategia contrainsurgente.

AutopautaVamos a la FilBo 2019 con Rafael Pombo
Escucha aquí el programa

Con el paso del tiempo la misma población colombiana empezó a legitimar el accionar de estos pequeños ejércitos, ya que se construyó el imaginario de protección por parte de estos grupos, desencadenando la aprobación de la seguridad privada sobre la seguridad pública.  

Sin embargo, el paramilitarismo logró conformar un fuerte e influyente brazo armado en todo el país, a través de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Quienes en poco tiempo tomaron el control de diferentes zonas del país, por medio de terror y masacres.

Claro está, se pensó que con la firma de los acuerdos de paz firmados en San José de Ralito en el año 2003, estas estructuras darían fin a su accionar delictivo. Lastimosamente la realidad fue distinta, ya que durante y después del procesos de desmovilización, mantuvieron el accionar delictivo que los caracterizaba, heredando los liderazgos a mandos medios que nunca abandonaron esta práctica. Con respecto a este fenómeno sucesor del paramilitarismo la denominación que se dio por parte de estamentos gubernamentales fue la de Bandas Criminales (Bacrim) o combos, en una mirada un tanto despolitizada de su operación en todo el país.

Para una mejor comprensión de las mutaciones que ha tenido el paramilitarismo Voces en Movimiento invitó a Silvia Becerra autora del libro Organizaciones sucesoras del paramilitarismo: lecciones para aprender el eterno retorno a la guerra”, para conversar  sobre esta investigación liderada por la Comisión Colombiana de Juristas y que da cuenta de las nuevas formas del accionar de estos grupos que distinto a lo que viene planteando la información oficial, tiende a recrudecer y a instalarse de manera contundente en la vida cotidiana de los colombianos.

El libro da cuenta de tres énfasis de los hallazgos de la investigación que se refieren en primera instancia a un estado del arte de la forma como se ha planteado el fenómeno desde la academia, las organizaciones sociales y las instituciones del estado para describir el problema del Neo-paramilitarismo. Bacrim, grupos armados organizados (GAO) y Grupos delincuenciales Organizados (GDO).

De otro lado hace un acercamiento a las actuales relaciones con el estado local y nacional, las fuentes de financiación, los repertorios de violencia, la impunidad como forma de de garantizar su continuidad y los despojos, acumulaciones y cambios en el paisaje; partiendo de la premisa de la transformación del fenómeno del 2010 hasta la fecha.

Vale la pena leer este aporte en la medida que se hace urgente una reflexión sobre las formas de violencia como constantes históricas que recrudecen los escenarios de un eterno retorno que parece no superaremos con las fórmulas ya establecidas.

PublicidadVamos a la FilBo 2019 con Rafael Pombo