Karen Cartagena, Mario Suárez, Norma Moreno, y Christian Pérez. Foto: Helda Martínez

Si: faltan 43 normalistas en México hace tres años. En América Latina faltan muchos jóvenes desaparecidos a lo largo de los siglos, incluyendo a México.

En homenaje a todos ellos, Espacio de Opinión, dedicó el programa radial para recordarlos: también a los anónimos, a los desconocidos, a los olvidados de América.

Por tanto, iniciamos el espacio con una vieja canción con autoría de la chilena Violeta Parra, interpretada por la argentina Mercedes Sosa: Que vivan los estudiantes.

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Una conmemoración desde Colombia, con tres invitados mexicanos: Christian Pérez, abogado, estudiante de sociología en la Universidad Autónoma de México (Unam) y estudiante en Colombia, en Cali, de una maestría en Derechos Humanos y cultura de paz.

Mario Suárez, quien realiza su tesis de sociología en la Unam y es coordinador de la red Existimos, que trabaja cuestiones étnicas en América Latina.

Norma Moreno, comunicóloga de la Unam, especialista en Comunicación Educativa, y coordinadora académica del Centro de Educación para el Desarrollo en Uniminuto. Con ellos, la muy colombiana estudiante de Comunicación y Periodismo en Uniminuto, quien hizo intercambio internacional en la la Unam en 2015, y autora del texto de Los Pedregales a Ayotzinapa.

En el diálogo sostenido recordamos que el revolucionario e intelectual José Vasconcelos, conocido como el Maestro de la Juventud de América, creador del ministerio de educación en ese país, lo fue también de las escuelas normalistas en la década de los años 20 del S.XX. Su objetivo fue propiciar el conocimiento de indígenas y campesinos con maestros que surgían de sus mismas poblaciones.

Por ende, desde la comprensión del conocimiento como fuerza que se rebela contra el establecimiento y la histórica cultural piramidal, los estudiantes normalistas se han considerado siempre un peligro. Motivo de miedo ante la posibilidad de la fuerza de su rebeldía. Lo que suma, sin duda al miedo que en toda América produce la fuerza de los estudiantes rebeldes. Por eso también la educación en general surte estrategias favorables a los mismos: a quienes detectan el poder.

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