Foto: Montaje UNIMINUTO Radio

Como en una película de Mcfly y Doc. Emmett Brown, desde hace unas semanas parece que volvimos en el tiempo, 2016 para ser exactos. La pelea vuelve a ser si estamos de acuerdo o no con los términos del proceso de paz que se llevó en La Habana, Cuba.

Quiero recordar que este es un acuerdo terminado (reconocido por Corte Constitucional) que, antes de llegar a su cierre, tuvo una negociación de varios años, como para que ahora algunos “malos jugadores de póker”, busquen cambiar las reglas. Y es que eso es lo que quieren, no importa si es uno, dos o seis “articulitos” (como lo manifiestan quienes apoyan la decisión del presidente Iván Duque), nuevamente buscan “echar a la basura” un consenso de varios sectores del país que se pusieron de acuerdo para terminar de forma inteligente el conflicto con la que fuera la guerrilla más antigua del mundo.

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Desde el actual gobierno nos quieren vender las objeciones de Iván Duque a Ley de Justicia Transicional como “necesarias” para crear justicia, pero muchos sabemos que bajo ese argumento está el Centro Democrático y su líder natural, el expresidente Álvaro Uribe quien, desde antes, estuvo en desacuerdo con la “manera” de terminación del conflicto con ese grupo al margen de la ley.

Pero vayamos más allá, ¿qué pretende el Centro Democrático abriendo esta discusión?

La historia política de los últimos 16 años, que empezó con Álvaro Uribe Vélez en la presidencia y terminó Juan Manuel Santos como sucesor, nos ha dejado un panorama claro sobre cuál fue y es el caballo de batalla para tomar el poder, la guerra.

Ese discurso bélico se llamó en su momento “seguridad democrática” (gobierno Uribe), una fuerza dialéctica y práctica que combatió con más violencia la guerra interna del país, eso se notó con el incremento del músculo financiero de las Fuerzas Militares y el desconocimiento a otros sectores.

Luego, Juan Manuel Santos nos habló de “la paz” como el camino para comenzar de nuevo. Entonces el discurso pasó a otra voz, pero tenía el mismo tinte, no se hablaba de guerra, sino de un fin de la misma. Entre debates y discursos, durante 8 años de Santos siempre la agenda política y mediática se basó en lo mismo, “la paz”.  

Esos dos gobiernos quedaron atrás, el tiempo y la distancia nos posibilitan ver con reposo y cuidado que durante 16 años siempre nos hablaron de lo mismo. Y cuando pensábamos que todo había llegado a su fin, que el país por fin tendría la oportunidad de priorizar la economía, la salud pública, el turismo o la educación, se abrió nuevamente el debate político: la paz o la guerra.

¿Será que el Centro Democrático no tiene otra bandera? Es importante analizar en qué momento ese partido encabezado por Uribe reanimó el discurso, recuerden, estamos en año de elecciones locales y regionales. De nuevo, en época electoral para alcaldías y gobernaciones, la bandera de la guerra y la paz (que Uribe y Santos tanto conocen) se ondea con más fuerza en la opinión pública.

Al parecer, el argumento que tanto lo ha llevado a poner sus fichas en altos puestos, es el único que conoce el expresidente Uribe para un debate político. Nuevamente, moviendo fibras con la violación de derechos humanos por la guerra, Uribe pretende ganar la mayor cantidad posible de gobernaciones o alcaldías en el país.

Apenas comenzamos el año electoral y los ánimos de votaciones aún son leves, pero ya el “uribismo” y todos sus candidatos se ondean bajo lemas como “Avancemos con seguridad”, “No a la impunidad” y “Queremos mejorar la JEP”. ¿Expresidente Uribe no tienen una mejor carta para jugar?

Pero Álvaro Uribe y el Centro Democrático no fueron los únicos. Tal parece que el gabinete que acompañó a Juan Manuel Santos encontró la “gallina de los huevos de oro” que tanto éxito le dio a su antecesor. La creación de un nuevo partido político llamado “Colombia Renaciente”, bajo el lema “ayudar a preservar la paz del país”, nos hace pensar que finalmente el Nobel no se aguantó las ganas de participar en política.

Un síntoma claro de que en Colombia los expresidentes prefieren seguir actuando como movilizadores de opinión, antes que el retiro.

¡Políticos, dejen de jugar con la gente y con un acuerdo que duró años para cerrarse! Los términos están claros, ahora es momento de construir un nuevo camino, no de devolvernos al pasado.

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Paz y guerra, la bandera de los partidos para hacer politiquería
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Paz y guerra, la bandera de los partidos para hacer politiquería
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¡Políticos, dejen de jugar con la gente y con un acuerdo que duró años para cerrarse!
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